MARTÍN DI BELLA

El hermético Dr. No

El número dos de Batakis llegó a Hacienda aferrado a una premisa: pararse arriba de la caja. Bajo perfil, bilardismo económico y amor por la botonera.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Martín Di Bella anheló toda su vida llegar a la Secretaría de Hacienda de la Nación. Sueña con ese cargo desde que ingresó a la función pública con una pasantía rentada en la provincia de Buenos Aires como estudiante avanzado de Ciencias Económicas, a finales de la década del ‘80. En ese sillón que ocupa desde la semana pasada se juntan dos cosas que lo apasionan: tener el control de los gastos, manejar la botonera de las cuentas, y hacerlo con el perfil más bajo posible, sin llamar la atención, volando debajo del radar. 

 

En Hacienda y como número dos de Silvina Batakis en Economía, Di Bella volverá a ponerse el traje de “Dr. No”, el apodo que le pusieron sus compañeros durante su largo paso por la administración pública bonaerense. “Lo que más le gusta es decir no. Se para arriba de la caja y tiene el sí muy, muy difícil”, describe a Letra P un funcionario que trabajó muchos años a su lado en la gestión de Daniel Scioli, donde Di Bella jugó de todo, desde subsecretario de Hacienda hasta director de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA).

 

Desde que recibió el llamado de Batakis, quien en medio de la crisis provocada por la renuncia de Martín Guzmán lo convocó para que la ayude a cumplir las metas de reducción del déficit acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Di Bella está “feliz”, dicen los que lo trataron estos días.

 

Después de una carrera de 30 años en las finanzas de la provincia y de la Nación, se había incorporado el año pasado al Senado bonaerense, convocado por Verónica Magario. Se veía casi fuera del juego, pensando en un futuro sin mayores sobresaltos, pero la convocatoria de la nueva ministra lo puso de nuevo en medio de un juego que conoce bien y para el que cree haberse formado toda su vida.

 

La Secretaría de Hacienda es un cargo con mucho poder de decisión, en el que va a administrar los ingresos y gastos de todo el sector público y donde va a sacar a la cancha el nuevo paradigma presupuestario de Batakis: la cuenta única con la que Economía controlará los flujos de cajas de todos los ministerios y organismos del Estado.

 

“La cuenta única de Nación es el sueño de Di Bella. Estar arriba de la botonera es lo suyo. Si se lo hubiesen diseñado a medida, no sería tan perfecto”, dice una funcionaria que trabajó a su lado. 

 

Pero, además, el nuevo rol tiene un aliciente adicional: él no está al frente, sino en un discreto segundo plano, detrás de Batakis. No tener exposición también es algo que le interesa mucho a Di Bella, un amante del perfil bajo, que cuando estuvo al frente de ARBA, el sillón con más atención mediática, dio pocas entrevistas y habló lo justo y necesario. 

 

“Es muy reservado, parco, casi hosco”, lo describen cerca. Ese rasgo no sólo se despliega en lo laboral, sino también en cuestiones personales, como el lugar que elige para irse de vacaciones: siempre a la soledad de la montaña, nunca al ruido y el amontonamiento de la playa. 

 

Espejos

Llegar a la Secretaría de Hacienda de la Nación significó para Di Bella, además, alcanzar el sillón que ya ocuparon dos de sus referentes: Juan Carlos Pezoa y Carlos Mosse. El Negro Pezoa manejó Hacienda durante la presidencia de Néstor Kirchner y la primera de Cristina Fernández, siempre en un segundo plano, pero con un rol fundamental: era quien actualizaba día a día, muchas veces frente a la mirada escrutadora de Kirchner, el cuadro de ingresos y egresos de cada provincia. “Es el espejo donde se mira Di Bella, igual que Carlitos Mosse”, que ocupó el cargo antes que El Negro Pezoa, describen cerca del nuevo funcionario.

 

Con esas figuras se empezó a codear cuando entró por primera vez al Estado bonaerense, en 1992, durante la gestión de Eduardo Duhalde. Egresado de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) con un posgrado en Teoría Económica en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), Di Bella ocupó su primer cargo en la Subsecretaría de Finanzas del Ministerio de Economía. Era la época dorada de los economistas duhaldistas: Jorge Sarghini, Mosse, Jorge Remes Lenicov, Miguel Busso… De esa época, dicen, le quedó su ADN político. 

 

Después, llegó el salto a la Nación. Entre el ‘93 y el ‘97 trabajó en la unidad de coordinación fiscal con las provincias, en el quinto piso del Palacio de Hacienda, bajo la gestión de Roque Fernández. Durante la gobernación de Carlos Ruckauf volvió a la provincia para trabajar en proyectos de reformas tributarias y continuó en la gestión de Felipe Solá, ya en el equipo de asesores de Economía. 

 

El salto grande llegó con Daniel Scioli en la gobernación de Buenos Aires. En 2009, con Alejandro Arlía como ministro, ocupó la Subsecretario de Hacienda. Fue en esos años cuando forjó el perfil de “Doctor No”. Cuentan que su rigor con las cuentas llegaba a tal punto de bajarle el pulgar a gastos sensibles, lo que le generaba cruces con otros funcionarios. En ese entonces se conoció con Batakis, quien tenía un perfil similar.

 

Después, llegó su paso por ARBA, con una gestión de perfil bajo y mucho control de las cuentas. El momento de mayor tensión fue en 2012, cuando Scioli, presionado por el gobierno nacional, encaró un revalúo inmobiliario que lo enfrentó a la dirigencia rural. Desde el organismo recaudador, Di Bella fue uno de los que puso la cara para el cachetazo de los hombres de campo. 

 

ADN pincharrata

Di Bella se crio en el Barrio Hipódromo de La Plata, donde se hizo los amigos que todavía conserva y donde forjó su fanatismo por Estudiantes de La Plata, el club de sus amores, por el que tuvo un paso como directivo, encargado de las finanzas.

 

Técnicamente, quizás no sea el más dotado de los economistas. Pero, como derivación de su ADN pincharrata, aplicó un principio bilardista: esfuerzo, perseverancia y trabajo. “Es resolutivo y ejecutivo y conoce como pocos el funcionamiento del Estado, desde lo administrativo hasta el aspecto psicológico que tiene la administración pública”, cuentan.

 

Entre 2014 y 2017, durante el primer mandato de Juan Sebastián Verón como presidente de Estudiantes, Di Bella aceptó la oferta y se sumó al club como secretario de Finanzas. Allí también mostró lo que mejor sabe hacer: cuidar la caja y decir no. 

 

De esos años, se recuerdan sus chispazos con Agustín Alayes, quien era encargado del fútbol profesional, y los constantes cruces con los responsables de los otros deportes, muchos de ellos amateurs, a los que les vigilaba los gastos y les recortaba presupuesto, si era necesario. “Le decían Pinocho porque no tenía corazón”, recuerda un viejo dirigente del club, entre risas.

 

Acostumbrado a rodearse de un pequeño grupo de colaboradores, en esta nueva etapa de su carrera también sumó a dos históricos, que lo acompañan de sus tiempos de ARBA: Luciana García y Hernán García Zúñiga estarán a su lado en la Secretaría de Hacienda; Agustín Sastre asumió como subsecretario de finanzas públicas. Junto a ellos, ya trabaja en la tarea para la que dice estar mejor preparado que nadie: bajar el gasto, cuidar la caja. Decir no.

 

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