23|9|2022

Teléfono celestial para Batakis: “No te olvides de los pobres”

15 de julio de 2022

15 de julio de 2022

Los obispos bendicen bajo cuerda el salario universal que la ministra ve inviable. La doctrina social en los despachos del poder. Grabois, con la bandera papal.

No hablan explícitamente sobre el Salario Básico Universal (SBU) que la ministra Silvina Batakis considera inviable en la actual coyuntura económica y que no aparece en su plan de urgencias y prioridades. Tampoco acompañan a las organizaciones piqueteras y sindicales que salen a las calles para exigir su instrumentación; pero las máximas autoridades de la Iglesia católica sí apelan a los encuentros informales con funcionarios gubernamentales, para sugerirles leer y releer la doctrina bergoglista sobre los modelos de contención social en tiempos de crisis.

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“Tal vez a la ministra Batakis le sirva el consejo que un arzobispo brasileño (NdeR: Claudio Hummes, recientemente fallecido) le dio a Bergoglio apenas fue proclamado papa: ‘no te olvides de los pobres’”, dijo a Letra P una fuente eclesiástica consultada sobre la conveniencia o no de que el Gobierno disponga presupuesto para implementar el SBU, una prestación mensual no contributiva equivalente a la canasta básica de una persona adulta, estimada en unos 14.000 pesos y que según sus promotores impactaría en 7,5 millones de personas en situación de vulnerabilidad social.

 

Los tedeum por el 9 de Julio fueron la excusa para que los obispos –desmuteados por primera vez en meses- transformaran en prédica su preocupación por la situación del país, a la que blanquearon definiéndola como una “verdadera” crisis política y no solo económica, y al cuestionar las peleas en el Frente de Todos (FdT) que provocaron la salida de los ministros Matías Kulfas y Martín Guzmán, al que Jorge Bergoglio blindó en varias ocasiones desde el Vaticano, sobre todo cuando debió negociar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) contraída por la administración de Mauricio Macri.

 

Los sermones patrios de los prelados, bajada de línea mediante desde la sede episcopal del barrio porteño de Retiro, fueron coincidentes en las quejas por las pujas de poder y la falta de diálogo en la clase política con las consiguientes trabas para atender las urgencias de un pueblo –advirtieron- hambriento, empobrecido y golpeado por una “maldita inflación” que no estará lejos de los tres dígitos anuales.

 

La ministra de Economía sigue sosteniendo, como lo hizo en su primer discurso como funcionaria de Alberto Fernández, que "no es momento" de discutir el SBU; una determinación que tiene el respaldo político de la vicepresidenta Cristina Fernández y de La Cámpora, mientras en otras estructuras del FdT ya se evalúan opciones para llevarlo a la práctica en forma escalonada o por etapas ante la emergencia social.

 

Los representantes eclesiásticos evitan chocar con Batakis, pero en los despachos gubernamentales a los que tienen acceso abogan por la reconfiguración de los planes sociales y no ven otra salida coyuntural que el SBU. Uno de los interlocutores más receptivos a esa prédica es el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, quien prometió –confirmaron a Letra P fuentes eclesiásticas y gubernamentales- acercarle a la titular del Palacio de Hacienda las sugerencias en este sentido que hace el papa Francisco.

 

Muy distinta es la sintonía que los obispos tienen con Juan Grabois, el dirigente del Frente Patria Grande y del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) cuyos métodos y forma discursiva no son bien vistos, pese a considerarlo “un protegido” de Bergoglio, y que se desmarca de sus aliados en la coalición gobernante –entre ellos CFK– para coordinar con las organizaciones piqueteras más duras y la CTA Autónoma un plan de lucha en las calles en procura de un salario básico universal de 15 mil pesos para quienes trabajan en la informalidad.

 

Grabois, quien recientemente chicaneó a la vocera presidencial Gabriela Cerruti y toma distancia del FdT para abrir una vertiente interna que lo posicione como opción de cara a las elecciones de 2023, esgrime un discurso en defensa de los sectores oprimidos sobre la base de la doctrina bergogliana; esa que ve a los movimientos sociales como una alternativa y que reclama –como lo hizo hace menos de un año– la implementación de un ingreso básico o salario universal y considera “justa” la lucha por una distribución humana de los recursos.

 

La propuesta doctrinaria del pontífice argentino no es de uso exclusivo del abogado devenido en dirigente piquetero, sino que libros y documentos de Bergoglio también son de consumo habitual en despachos gubernamentales. Uno, a modo de ejemplo, es Soñemos Juntos, en el que el papa estima que el Ingreso Básico Universal “le daría a la gente la seguridad básica que necesita, eliminando el estigma del asistencialismo”; otro es Diálogos Fraternos, una publicación editada por la Secretaría de Culto a cargo de Guillermo OIiveri y con reflexiones de pensadores de distintas áreas sobre la base de la encíclica Fratelli tutti, en cuyo prólogo el papa aboga por un mundo sin descarte en el que no falten ni la tierra, ni el techo, ni el pan, ni el trabajo.