TRANSPORTE & LOGÍSTICA

El paro de transportistas de granos dejó otra vez en offside al Gobierno

La reacción oficial volvió a llegar tarde y de manera descoordinada. Compromiso de YPF para suministrar más gasoil, ajuste en los fletes y pérdida de dólares.

Tras cuatro días de inactividad que golpearon al sector agropecuario y a las terminales portuarias, el levantamiento del paro de transportistas de granos dejó como resultado tres hechos relevantes que afectan al Gobierno. En primer lugar, volvió a ratificar un rasgo característico de la administración de Alberto Fernández: que siempre llega tarde y resuelve contrarreloj los problemas que conoce con antelación. En segundo lugar, que no apareció una solución de fondo para normalizar el abastecimiento de gasoil y, por último, que además de las pérdidas por las exportaciones que no pudieron concretarse se terminó convalidado un incremento del 20% en los fletes cerealeros que deberán afrontar los productores rurales.

 

Impulsado inicialmente por pequeños y medianos empresas propietarias de camiones que integran la Federación de Transportadores Argentinos (Fetra), el paro que había arrancado el lunes fue adquiriendo un mayor volumen a medida que se sumaron unas 10 asociaciones de distintas zonas y ciudades de Santa Fe y Córdoba.

 

Jaqueados por el encarecimiento de sus costos operativos y las entregas restringidas de combustibles, los transportistas de granos habían advertido a principios de abril que iban a concretar un paro a partir del lunes 11 en reclamo de soluciones.

 

El planteo, que en los despachos oficiales nacionales no supieron calibrar a tiempo, se focalizó en el pedido de medidas concretas para resolver tres cuestiones salientes: la marcada disparidad de precios registrada en los surtidores, el expendio limitado que obliga a recorrer varias estaciones de servicio para poder cargar gasoil en los tanques y la desactualización de las tarifas oficiales de referencia que rigen para el traslado de granos, cereales y oleaginosas.

 

Cinco días antes de la fecha fijada para el inicio del paro, el Gobierno buscó calmar las aguas con una movida que puso en evidencia la falta de coordinación entre las distintas áreas involucradas en el tema.

 

La mesa de negociación en Transporte logró una salida transitoria hasta fin de mayo

Sin la presencia de representantes de las empresas transportistas ni del ministerio de Transporte que comanda el massista Alexis Guerrera; la Jefatura de Gabinete decidió armar una suerte de “mesa de trabajo para paliar la escasez de gasoil”. Para la creación de ese espacio destinado a “monitorear la situación y garantizar la provisión de combustible al mercado interno”; el vicejefe de Gabinete, Jorge Neme, convocó al titular de Energía, Darío Martínez, y a YPF, las petroleras privadas, entidades agropecuarias, productoras de biocombustibles, exportadores y operadoras  portuarias.

 

Pese a la declaración de Neme acerca de que resulta “fundamental garantizar que haya combustible en el mercado interno porque de eso se sirve toda la cadena productiva”, la “mesa del gasoil” no aportó ninguna solución específica y práctica.

 

Luego del segundo día de la protesta, con los camiones estacionados en las banquinas de las rutas y los puertos del Litoral paralizados, la que entró en escena fue la cartera de Guerrera. Con demora, pero con algo más de lógica y sentido común, convocó a representantes de los transportistas, acopiadores y productores agropecuarios a una nueva “Mesa de Negociación Participativa”.

 

Tras una primera reunión donde no hubo acuerdo, se llegó a un segundo encuentro donde apareció una salida precaria y transitoria que permitió destrabar el paro y normalizar este viernes el movimiento de los camiones.

 

Compromiso de YPF y barcos demorados

Los transportistas levantaron la protesta tras obtener el compromiso de YPF y del Gobierno de normalizar la provisión de gasoil en un plazo de 10 días y una actualización del 20% para las tarifas de los fletes. El valor acordado en febrero de $ 2047 por tonelada para un trayecto de 150 kilómetros trepará ahora a casi $2.500 por tonelada hasta fines de mayo, cuando se volverán a juntar las partes para analizar la evolución de los costos y los precios de los combustibles.

 

Como parte del acuerdo alcanzado, YPF –la petrolera controlada por el Estado que pilotea el exsenador nacional de Santa Cruz, Pablo González – confirmó la importación de 250.000 metros cúbicos de gasoil. Según los directivos de la empresa que tiene el 60% del mercado del diesel, los embarques en camino permitirán sumar 150 millones de litros a los surtidores a partir del 20 de abril y otros 100 millones de litros en la primera quincena de mayo.

 

Más allá de las entregas de gasoil prometidas por YPF, a los transportistas de granos les sigue preocupando el racionamiento que aplican las estaciones blancas y de las restantes petroleras y la notoria diferencia de precios que subsisten a nivel provincial e incluso entre ciudades cercanas. Ante los funcionarios de Transporte mostraron comprobantes de pago con valores de gasoil que iban desde $120 hasta $ 190 por litro de estaciones de servicio localizadas en una misma provincia.

 

Si bien ningún funcionario lo dio por confirmado, los transportistas se fueron de la mesa negociadora con la sensación de que se viene un aumento de precios después de Semana Santa que podría llevar el gasoil en las provincias a un valor más uniforme de $150 por litro.

 

En tanto, para las aceiteras y las terminales portuarias, la medida de protesta de los camiones no resultó inocua.  Según el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, las plantas productoras se vieron impedidas de procesar un promedio de 200.000 toneladas de soja y maíz diarias. Por el lado de la exportación, los embarques frenados representaron US$ 100 millones diarios menos de ingresos de divisas. Si bien esos despachos se tratarán de recuperar en las próximas semanas, no podrán evitar el pago de los sobrecostos navieros y portuarios de los 50 barcos cerealeros que prolongaron sus estadías en la hidrovía a la espera del levantamiento del paro.

 

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