01|12|2021

El modelo cordobesista mide al peronismo y divide aguas en JxC

25 de julio de 2021

25 de julio de 2021

La lista de Schiaretti volvió a marcar las fronteras de la disputa electoral. Territorios, personalismos e internas expuestas. El PRO, un huevo en cada canasta.

Por Magdalena Da Porta y César Pucheta

 

El camino hacia las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se celebrarán en septiembre próximo diagramó una nueva cartografía política para la provincia de Córdoba, en la que el concepto de “isla” se refuerza, delimitando las fronteras de la puja electoral. 

 

Nuevamente la provincia enfrenta a una elección nacional con las lógicas propias, que responden a una geografía demarcada por la arquitectura de su construcción política provincial: el termómetro peronista tironeado por los oficialismos nacional y provincial, y una oposición que, pese a ser la favorita en las encuestas, divide su oferta en un maratónico cierre de listas que terminó de concretarse minutos antes de la medianoche del sábado, en medio de un clima de alta tensión. 

 

Schiaretti, el cacique del cordobesismo

Como lo había hecho en elecciones anteriores, el gobernador Juan Schiaretti ostentó su poder en el armado de las listas, con una estrategia que no dejó heridas abiertas de relevancia ya que incluyó guiños para todos los gustos. En una nueva cruzada por saltarse la discusión de la grieta, el gobernador alineó a toda la tropa y salió a jugarle un mano a mano territorial a su oponente real en esta contienda, el Frente de Todos (FdT).

 

El mandatario cordobés construyó una lista que contempla armados territoriales de las principales ciudades de la provincia, al tiempo que sostuvo expresiones locales de fuerzas nacionales que integran otro tipo de alianzas a nivel país (el socialismo, el GEN, el Movimiento Evita), sumó siete nuevos sellos partidarios y buscó fidelizar a los sectores productivos con la inclusión de los ministros de Agricultura y de Industria, Sergio Busso y Eduardo Accastello, en la nómina de precandidatos.

 

Pese a ello, la elección de Accastello suma otra lógica táctica, disputar el territorio cuerpo a cuerpo con Martín Gill, el hombre fuerte de la propuesta oficialista. De hecho, su nombre no sonó con fuerza para acompañar a Alejandra Vigo en la boleta para el Senado, hasta que el secretario de Obras Públicas de la Nación comenzó a ser una opción del Frente de Todos. Ambos fueron dos veces intendentes de Villa María, la cabecera del departamento General San Martín y una de las ciudades más pujantes de la provincia. Las candidaturas se confirmaron casi en paralelo.

 

Además, que las listas sean encabezadas por dos mujeres y que la Ministra de la Mujeres forme parte del armado electoral, tampoco es un dato que debiera soslayarse. Se trata de la primera vez en la historia del PJ cordobés, que las ofertas electorales son lideradas por dos mujeres. 

 

El Frente de Todos y el desafío de conquistar nuevos territorios

La apuesta que encabezarán Carlos Caserio y Martín Gill trajo aparejada una estrategia que peronizó el armado del Frente de Todos. El camino elegido busca ampliar la base histórica que el espacio sostuvo en Córdoba, lo que no resultó del todo grato para algunos sectores que se sintieron perjudicados por el armado final. Algunos, incluso, se retiraron de la discusión en los momentos decisivos, previos a la oficialización.

 

Cuando aceptó ser candidato, Gill puso como condición la posibilidad de encarar una campaña que le permitiese al Frente de Todos disputar el voto peronista con chances ciertas de vencer al schiarettismo en las urnas. Allí se explica la irrupción de Olga Riutort, una dirigente histórica del peronismo capitalino que eleva la expectativa del oficialismo nacional para pisar fuerte en la Ciudad de Córdoba, lugar que siempre le fue esquivo.

 

Con Ilda Bustos conteniendo una buena parte del sindicalismo mediterráneo y con cuatro intendentes en la nómina de candidatos, la lista gana en territorialidad y en representación sectorial. Así, se suma la base histórica del kirchnerismo que se garantiza con la presencia de figuras de peso como Pablo Carro y Gabriela Estévez. Toda la lista terminó de definirse con la venia de la estructura nacional, siempre determinante a la hora de definir los armados locales.

 

Reconociendo los límites que lo alejaron del peronismo cordobés y que siempre se presentaron como un obstáculo para el kirchnerismo mediterráneo, el desafío de la elección servirá para analizar los pasos a seguir en la relación entre el oficialismo nacional y el cordobesismo. Ninguno de los dos sectores plantea públicamente un enfrentamiento con tonalidades altas, pero la lógica de la campaña y el seguro mano a mano por el segundo lugar en noviembre, terminará imponiendo el verdadero calibre de las municiones discursivas que cada espacio resguarda en el fondo de sus propuestas.

 

Juntos por el Cambio dispersa sus fuerzas

Apostando a capitalizar una segura victoria que lo propulse hacia las elecciones ejecutivas de 2023, Juntos por el Cambio se dejó comer por un debate interno en el que parecieron primar los intereses individuales o sectoriales por sobre el beneficio de la alianza. 

 

El radicalismo no pudo unificar los criterios y se resquebrajó en cuatro espacios en los que tejió circunstanciales alianzas con el PRO, que repartió candidatos en las dos opciones principales y, de este modo, se asegurará mantener la banca en el Senado y las dos en diputados que pondrá en juego en el mes de noviembre.

 

Juntos por el Cambio Córdoba 2021

El tándem bendecido por Mauricio Macri con Luis Juez Gustavo Santos quedó desecho antes de llegar a la meta de las precandidaturas para las primarias. La pelea de fondo estará dada, entonces, por la candidatura a la Cámara alta. Todas las encuestas indican que Mario Negri y Luis Juez son los aspirantes que mejor miden. Uno de ellos quedará afuera de la discusión en noviembre. Ello implica que quien cargue con la mochila de la derrota, posiblemente, será quien deba dar un paso al costado en la carrera por la sucesión de Schiaretti, que ya no tiene reelección. Tanto para Negri como para Juez, ese tren podría no volver a pasar. 

 

En este contexto, Juntos por el Cambio patea hacia adelante el debate por la unidad del espacio, tras la interna feroz que se dirimió en los últimos días y que dejó expuestas las divisiones internas de la coalición. ¿Podrá garantizarse luego de esta antesala marcada por desencuentros y acusaciones cruzadas? La respuesta comenzará dilucidarse después de la primera quincena de septiembre. 

 

El peronismo cordobés vuelve a frotarse las manos y, pese a su división explícita, empieza a observar con mejores ojos el horizonte que marca el rumbo hacia 2023.