23|11|2021

El socialismo, huérfano y sin opciones adentro

10 de mayo de 2021

10 de mayo de 2021

El exgobernador conducía y tutelaba. El PS queda sin figuras de primera línea. Javkin y Jatón, los herederos del progresismo santafesino. 

Ya contagiado de coronavirus, Miguel Lifschitz se convirtió el 18 de abril en el único jefe del socialismo nacional. Ganó las elecciones su candidata, Mónica Fein, y él se ganó el derecho de dirigir el futuro del PS. Un día después de la victoria, fue internado hasta fallecer este domingo. Su muerte deja huérfano al partido que gobernó Santa Fe durante 12 años y lo tenía como candidato seguro en 2023.

 

Primero Hermes Binner, luego Antonio Bonfatti y finalmente Lifschitz. La tríada que llevó al socialismo al primer plano de la política por primera vez en la historia. Fallecido el primero y casi retirado el segundo, Lifschitz era el garante de la continuidad. Por debajo de él es difuso el recambio, quién tome la posta.

 

Lifschitz era el dirigente de mejor imagen en la provincia, con números superiores al 60 por ciento. A la vez, si bien no lo había decidido, arrancaba con ventaja en las encuestas por la competencia a la senaduría nacional. El plan del socialismo, el progresismo aliado y, por qué no, todo el no peronismo, era Lifschitz gobernador en 2023.

 

Ahora, el vacío llena el mapa de incertidumbre. A Bonfatti y Fein les tocará conducir el proceso desde la experiencia y la trayectoria, pero la posta les tocará a figuras más jóvenes. En ese punto, asoman primero dirigentes no socialistas dentro de las filas del Frente Progresista.

 

Los intendentes de Rosario y Santa Fe, Pablo Javkin y Emilio Jatón, son los herederos naturales, pero no son PS. El primero armó una fuerza llamada CREO y mantuvo una relación de tensión permanente con Lifschitz y el socialismo. El segundo es más dócil, aunque siempre aclara que no proviene del PS. Por las dudas, también tiene su partido distrital, Santa Fe Puede Más.

 

El diputado nacional Enrique Estévez, la concejala de Rosario Verónica Irizar, los diputados provinciales Joaquín Blanco y Pablo Farías y la diputada provincial Clara García. Ese es el quinteto en el que Lifschitz depositaba mayor confianza. El primero fue concejal y ahora único legislador nacional del PS, la segunda perdió la interna progresista con Javkin y tiene que renovar su banca este año. Los restantes dos son sus alfiles en la Cámara baja provincial. Farías es santafesino, de tenor dialoguista y perfil bajo. Blanco es rosarino y cultor del off the record y viene levantando el perfil desde el año pasado. García era su pareja y vocera en temas estratégicos.

 

Pero a ellos y a ellas les falta conocimiento y, está claro, no son líderes excluyentes. Tendrán, entonces, la difícil tarea de renovar las filas del socialismo, partido que construyó desde la universidad, pero sobre todo desde la gestión, primero en la Municipalidad de Rosario y luego en el gobierno provincial. La figura de Lifschitz conducía y tutelaba.

 

Las elecciones internas emprolijaron la interna en Santa Fe. Para vencer, Lifschitz hizo la paz con Bonfatti y sumó al sector Fuerza del Territorio, de fuerte presencia al lado de Jatón. Ahora, entre todos y todas, deberán arrancar con el legado.