15|6|2022

Posse busca una banca en el Congreso para pelear la gobernación en 2023

23 de abril de 2021

23 de abril de 2021

El intendente de San Isidro quiere ser diputado y desafía a los socios de JxC a una PASO. Disputa con Abad y reunificación de bloques. Vidal y la unidad.

El intendente Gustavo Posse (San Isidro) quiere ser el próximo gobernador de Buenos Aires, un objetivo con el que soñaba en 2015 pero que ahora reactiva ante la horizontalidad de la mesa de conducción de Juntos por el Cambio (JxC) y la imposibilidad de competir por un nuevo mandato en su distrito. Lo entusiasma el fogoneo al que se sometió en la interna radical que perdió por un puñado de votos frente a Maximiliano Abad y el respaldo de una estructura bonaerense que, aunque limitada, tiene predominio en algunos distritos de peso. En la previa a la pelea de fondo para la que ya se anotan varios, este año buscará una banca en la Cámara de Diputados de la Nación que le sirva de trampolín para 2023. En su equipo piden Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y aseguran que la exgobernadora María Eugenia Vidal no garantiza la unidad.

 

Protagonismo Radical, el sello con el que impulsó su postulación a la presidencia del Comité Provincia del partido, será nuevamente el espacio con el que pedirá internas a nivel nacional, provincial y en algunos distritos. “La elección radical ordenó mucho y demostró que el que gana por un voto no se puede llevar todo por delante y que no hay más lugar para los liderazgos a dedo”, dijo una fuente de extrema confianza del jefe comunal, en un mensaje político tanto a sus adversarios boinablancas como al PRO y a la Coalición Cívica, socios en la alianza. Por eso, por un lado, no sólo buscan una boleta que lleve a Posse como primer candidato sino, también, disputar otros lugares de poder más allá del cuarto oscuro, como las sillas de autoridades en la Legislatura bonaerense y los lugares que hoy ocupa el radicalismo en la alianza. 

 

“Nos estamos preparando para las PASO y eso requiere de un armado importante, pero también esperamos que se reconozca nuestro peso político: queremos el 50% de lo que le corresponde a la UCR”, apuntan en el entorno del sanisidrense. Esta condición es la que, en parte, limita la reunificación de los bloques opositores en la Cámara baja bonaerense, en el que están, por un lado, los 38 legisladores y legisladoras de Juntos por el Cambio y, por el otro, los cuatro diputados y una diputada que responden a Posse, al senador nacional Martín Lousteau y al dirigente de extracción peronista Emilio Monzó. Otro impedimento es el veto tácito que impone el intendente Jorge Macri (Vicente López) y parte del Grupo Dorrego, quienes ven en el dúo Posse/Monzó a los responsables directos de la fractura legislativa días después de la derrota de 2019. 

 

Tal como dio cuenta Letra P, a mediados de noviembre de 2020 comenzó una rosca superestructural para reunificar los espacios, algo que con el correr de los meses decantó en las bases. El sector de Posse lamenta que el ganador de la interna no haya convocado a una unidad amplia y a discutir espacios de representación. “No tenemos problema en empezar a charlar”, dicen. El resto de los integrantes de la bancada de los fugados va más allá y cree que hay que acelerar las negociaciones. “El objetivo de fondo tiene que ser ganarle al kirchnerismo”, repiten. Para eso, pretenden regresar y constituir nuevamente un espacio de 43 bancas que, al menos por este año, equilibre el poder que tiene el Frente de Todos con sus 45 representantes. 

 

“Hay que volver sin condiciones; así, no le damos excusas a Jorge (Macri) para que nos critique. Una vez adentro, debemos sentarnos todos en una mesa y debatir qué tipo de frente queremos para volver a ser gobierno”, razonó una fuente legislativa en Cambio Federal, y dijo que cuatro de los cinco integrantes están dispuestos a dar el salto bajo esta idea.

 

La batalla interna, y frentista, entre amarillos, morados y peronistas inorgánicos avanza también en buena parte de las ocho secciones electorales. Es que, si bien Abad se alzó con el triunfo y arrasó en casi todo el interior de la provincia de Buenos Aires, Posse logró imponerse con comodidad en la Primera y en la Tercera, tal como anticipaban los cálculos preliminares, por lo que las tensiones estarán marcadas por el desglose de los resultados distrito por distrito, en un marco en el que el PRO retrocedió al perder intendencias en 2019. De esta forma, por ejemplo, distintas fuentes del radicalismo están convencidas de que tienen que hacer valer el impulso que ganaron con la elección del 21 de marzo y evitar vetos de los demás socios. 

 

Según pudo saber este medio, un caso paradigmático sucedió en los comicios de medio término de 2017, en pleno auge de Cambiemos, en el que el sur del conurbano era dominado por los intendentes amarillos y parte del radicalismo miraba con la ñata contra el vidrio. En aquella ocasión, la UCR pidió el tercer lugar en la boleta para el quilmeño Fernando Pérez, detrás del PRO y la Coalición Cívica, pero un veto del por entonces jefe comunal de Quilmes, Martiniano Molina, lo relegó al quinto lugar. Finalmente entraron seis: Adrián Urreli, uno de las espadas del intendentismo en la Legislatura; Maricel Etchecoin Moro, cercana a Elisa Carrió; Guillermo Sánchez Sterli, por entonces en representación de Molina; Gabriela Besana, parte del equipo del exjefe de Gabinete Federico Salvai; Pérez, que fue en el quinto lugar, y detrás de él María Elena Torresi, que junto a su esposo, el fallecido Osvaldo Mércuri, aportó la pata peronista.

 

Casi cuatro años después parece reeditarse la misma pelea, aunque en un contexto de derrota electoral generalizada y con el claro predominio de Néstor Grindetti en la Tercera sección electoral. La UCR busca un lugar competitivo en la lista, en la que Pérez no puede renovar su banca. La maquinaria loustosista bonaerense ya avisó que respaldará a Posse en el caso que se defina abiertamente a competir en esta elección. En tanto, en el partido amarillo se anotaron todos nuevamente: Urreli, Sánchez Sterli y Besana.