13|9|2022

La sinapsis regional de la rabia organizada

05 de diciembre de 2021

05 de diciembre de 2021

La derrota del pinochetismo en Chile golpea pero, a la vez, reafirma a la derecha dura en expansión. En esta nota del 5/12, el mapa latinoamericano ultra.

El 12 de septiembre, el candidato presidencial de la derecha chilena, José Antonio Kast, felicitó a Javier Milei por su muy buen desempeño en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de la Ciudad de Buenos Aires. Como retribución, el 22 de noviembre, el minarquista argentino se congratuló por el triunfo del pinochetista en la primera vuelta del día previo. De ida y de vuelta, el eslogan "¡Viva la libertad, carajo!" cruzó los Andes y puso de relieve algo que ya es más que una afinidad personal e ideológica: la "nueva derecha", una que por momentos se parece asombrosamente a la vieja, hace causa común en América Latina, una suerte de sinapsis neuronal que desparrama los impulsos nerviosos de la rabia organizada.

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En tanto, una y otra y otra vez, Eduardo Bolsonaro, el hijo diputado del presidente de Brasil, mostró en esa red social su afinidad con el abanderado de La Libertad Avanza.

 

Por si eso fuera poco, ya antes de las PASO, ambos se cruzaron en una videollamada en la que ratificaron su deseo común de promover la libertad –sea lo que fuere que eso signifique para ellos– y el brasileño fundamentó esa sintonía y la entente entre el bolsonarismo, el trumpismo y la ultraderecha española de Vox, con copia al gurú argentino de esa nueva derecha, Agustín Laje, en una entrevista con el canal Todo Noticias en la que cabeceó con destreza una lluvia de centros que caía desde la derecha. La internacional de la furia toma forma.

 

Ausentes en su presentación en octubre de 2020, Milei, José Luis Espert y el excompañero de fórmula de este último en las presidenciales de 2019, el periodista Luis Rosales, se sumaron a mediados de año como signatarios de la Carta de Madrid, promovida por Vox, otro foco de organización de la ultraderecha internacional.

 

Eduardo Bolsonaro no es solo un extremista que dice en las redes y en entrevistas lo poco que su padre debe callar. En enero de 2019, Steve Bannon, el exestratega de Donald Trump –hoy acusado por la Justicia de Estados Unidos de haber promovido el asalto al Capitolio del último 6 de enero–, lo designó representante en América del Sur de The Movement (El Movimiento), otro conato de nucleamiento de la ultraderecha populista en todo el mundo.

 

El video de Bolsonaro y Milei colgado más arriba en esta nota entrega las claves de esa afinidad ideológica: la obra del ideólogo Murray Rothbard, quien articuló los principios libertarios con los del viejo conservadurismo en una nueva alquimia de tipo populista, esto es, con un discurso y una práctica de choque. Según narra con precisión Pablo Stefanoni en su libro ¿La rebeldía se volvió de derecha?, aquel unió los valores de los primeros con los de la vieja derecha a través del rescate de las instituciones tradicionales que protegen a los individuos del poder dictatorial del Estado: "La familia, las iglesias y las empresas".

 

Sin embargo, ese nuevo paleolibertarismo no come vidrio: su antiestatismo se detiene ante la evaluación de los efectos de sus propuestas extremas de libre mercado, hechas de desguace del Estado, despido masivo de trabajadores, radical flexibilización laboral, desregulación extrema e imperio de la ley de la selva en una suerte de fascismo del siglo XXI. No existe para ellos rechazo alguno al ejercicio de la violencia del Estado a través de las fuerzas de seguridad, a las que apoyan sin fisuras y a las que piden que conviertan en un "queso gruyere" a quienes tengan pinta de delincuentes.

 

En este marco, es interesante volver a Kast, quien disputará la presidencia en la segunda vuelta del domingo 19 próximo, para examinar, del modo más actual posible, la plataforma de la nueva derecha regional. Según consta en la página oficial del Servicio Electoral de Chile (Servel), su programa de gobierno constituye una oda a la mano dura y a la creación de una unidad latinoamericana para la represión de las disidencias, algo que se asemeja mucho más a la mencionada sinapsis de los ultras que al avance de cualquier noción de libertad.

 

Pinochetista asumido, Kast ha sido, en principio, un derechista tradicional. La última dictadura chilena –que reivindica de cabo a rabo y que, incluso, no considera tal, a diferencia del chavismo– anticipó, como todas las revoluciones conservadoras de los 70 y los 80, la confluencia de valores tradicionales y antiestatismo económico, aunque, claro, con la dosis de mano dura de las policías y hasta de los ejércitos necesaria para que las cuentas cuadraran. Lo que faltaba era discurso populista, de choque y con aspiración de llegada a las masas, algo que Kast decidió incorporar.

 

Su programa de 204 páginas coincide con cualquiera de la "nueva derecha", concepto que enarbola en la página seis y define como "una opción política determinada a retomar la batalla cultural, ideológica y programática para retomar el camino de la verdadera dignidad humana y el desarrollo". La reiteración de la palabra "retomar" no es solo una tara de estilo, sino que resume el carácter reaccionario de un pasado servido en copa nueva.

 

"Nos coordinaremos con otros Gobiernos latinoamericanos para identificar, detener y juzgar (a) agitadores radicalizados", postula en lo que solo la diferencia de contextos evita vincular con el Plan Cóndor de la era de las tiranías militares.

 

Carabineros es mencionado 20 veces en el programa, que promete a esa policía militarizada un respaldo "incondicional". Las violaciones de los derechos humanos perpetradas de modo sistemático por dicho cuerpo durante las protestas sociales de 2019 –que dejaron, entre otros males, heridas en los ojos a "aproximadamente 350" atacadas alevosamente con disparos de perdigones, según un informe de la ONU– no son, para Kast, un motivo de preocupación.

 

Asimismo, promete una militarización continua de la Araucanía contra el "falso pretexto de la causa indigenista", reforzar el lucro en la educación y la salud, fomentar la familia, penalizar todos los abortos –incluso los que son producto de embarazos por violación– y terminar con la promoción de los "mal llamados ‘enfoques de género’".

 

En lo económico, el programa neopinochetista promete una radical flexibilización laboral y un drástico ajuste del gasto público, en particular el político, algo que conviviría, presuntamente, con una desgravación amplia a las grandes empresas. Así es la libertad champán.

 

Sin embargo, si de la internacional ultra se habla, no todos los caminos conducen a Chile. En la Argentina, Milei, que tartamudea cuando debe decir si defiende la democracia pero ha reinvindicado claramente su afinidad con Trump y Jair Bolsonaro, ha sido activo en cultivar lazos con quienes comparten en la región su vocación por dar la "batalla cultural" contra "los zurdos".

 

En esos encuentros, el diputado electo coincidió con Chinda Brandolino, una extremista de derecha argentina, médica antivacunas y definida por Laje como "una patriota". Esa mujer es verdaderamente peculiar: no se sabe si es más grave que haya negado la existencia de la pandemia, asegurado que las vacunas contra el covid-19 se elaboran con fetos abortados y provocan autismo, que haya sido entrevistada con el debido respeto por Viviana Canosa o que haya respaldado vivamente a Alejandro Biondini. Lo suyo es solo pop, pop para divertirse.

 

Alejandro Biondini, uno de los nombres más conocidos de la ultraderecha argentina.

Mientras se aclara el verdadero vínculo de Milei con Brandolino, si se trata de los lazos internacionales de la nueva derecha no se puede pasar por alto que esta compartió cartel en 2015, en el Primer Congreso Identitario, con David Duke, viejo referente del Ku Klux Klan –quien respaldó a Trump en la campaña de 2016– y que se refirió allí a Adolf Hitler como "el fürer". Dicho encuentro se realizó "en homenaje a Don Salvador Borrego", un ultraderechista mexicano negacionista del Holocausto y apologista del Tercer Reich.

 

Javier Milei, quien el 14N sacó más de 310 mil votos y 17% en el que presume de ser el electorado más sofisticado y mejor informado del país, seguramente no está al tanto de semejantes antecedentes. Sin embargo, va al frente y no permite que nada se interponga en su plan de tejer lazos locales e internacionales.

 

En la Argentina, tierra feraz, se filma el próximo éxito de taquilla: Los liberales más locos del mundo. Próximamente en su cine favorito.