11|1|2022

Vidal, la casta y el ADN PRO, tan Milei

08 de noviembre de 2021

08 de noviembre de 2021

La exbonaerense reniega de la política tras dos décadas de política. El péndulo de Mariu, entre la genética de diseño y la necesidad, que tiene cara de ultra.

Vengo a proponerles un juego, diría un expresidente: ¿Quién dijo “a la casta política se la combate con la acción”? Vot 1: Javier Milei. Vot 2: María Eugenia Vidal. No, no fue Milei. ¿Shockeados?

 

La frase no debería sorprender en boca de la Leona que puede ser paloma y también halcona según la necesidad y la urgencia. La antipolítica, aunque se trate solo de un relato fríamente calculado en un laboratorio de marketing y bigdata, está impregnada en el ácido desoxirribonucleico de Propuesta Republicana (PRO), la maquinaria que aupó a Vidal, esa chica común, hasta la cresta del poder y a su sitial de figura estelar del partido opositor que creció por oposición a la mística militante del kirchnerismo. La política como mala palabra, como práctica sucia, como herramienta para el enriquecimiento ilícito fue el combustible que impulsó al colectivo amarillo desde el principio de sus tiempos y cebó -con buenos resultados electorales y trágicas consecuencias económicas y sociales- la frustración nacional.

 

Ahora, el problema del macrismo en general y de Vidal en particular es que apareció Milei, un forajido que se robó ese discurso y se quedó con una porción nada despreciable de la rabia argentina -porteña, en rigor- que excitó el nervio halcón que Mariu había sabido adormecer después de la derrota que la sacó rápidamente de la gobernación bonaerense y en su regreso a la fajina electoral en su Buenos Aires querido. La paloma duró poco. La halcona tuvo que volver a mostrar las garras.

 

El problema de los dichos es siempre el trecho que los separa de los hechos. La acción, en palabras de Vidal. La praxis política, con el debido pedido de disculpas a las audiencias liberales de este portal. Un simple vistazo a Wikipedia habilita a pensar que, si el desprecio por la política fuera más que estrategia, la candidata a diputada por la Ciudad acumularía dos décadas de náuseas.

 

-“Estudió Ciencias Políticas (¡puaj!) en la Universidad Católica Argentina”.

 

-“En sus inicios, coordinó el área social del think tank Grupo Sophia y participó en la Fundación Creer y Crecer”, la usina de la doctrina amarilla.

 

-“Trabajó en la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), en los ministerios de Desarrollo Social de la Nación y Relaciones Exteriores y Culto y en el PAMI”.

 

-“En diciembre de 2003 asumió como directora de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires”. ​

 

-“Fue elegida legisladora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2007”.

 

-“Renunció para ocupar el cargo de ministra de Desarrollo Social en el primer período de Mauricio Macri como jefe de Gobierno.

 

“En 2011 fue elegida por Macri como compañera de fórmula para su reelección (la de Macri) al frente del gobierno porteño y asumió como vicejefa el 9 de diciembre de 2011”. ​

 

-“En 2013 comenzó a recorrer la provincia de Buenos Aires en busca de posicionarse como la candidata a gobernadora por el PRO”.

 

-"El 25 de octubre de 2015 fue elegida para el cargo con el 39,42 % de los votos”.

 

“El 10 de julio de 2021 oficializó su precandidatura para diputada por la Ciudad de Buenos Aires”.

 

Podría suponerse que Vidal hizo todo esto que hizo movilizada por cierto morbo, por una curiosa atracción por lo fétido y lo monstruoso, como quien gusta de esas películas de terror que salpican la pantalla de sangre y tripas, pero incluso su acción no pública desmiente esta pose de desprecio.

 

Como reveló Letra P el 6 de abril de este año, cuando informó sobre los contactos regulares que Vidal mantenía con el diputado peronista de apellido maldito Máximo K(piiii), con quien, precisó en ese entonces la periodista Gabriela Pepe, mantenía conversaciones para llegar a acuerdos sobre cuestiones troncales y otras más coyunturales, como en ese entonces era la postergación de las elecciones en plena segunda ola de coronavirus. En definitiva, Vidal desplegaba, en ese accionar tan ecuménico, nada menos que el arte de la política.

 

Eso sí, lo hacía en secreto, con cuidado de no herir la sensibilidad de sus audiencias antiperonistas más rabiosas, el corazón de esa porción ardiente de electorado que pide prender fuego bancos centrales y sacar a patadas en el culo a esa casta de ladrones.

 

Que la halcona no se vista más de paloma, es la consigna de esta hora en el laboratorio PRO. Que quede halcona, al menos por esta semana.