07|8|2022

Ni tranquiliza ni controla: el Gobierno sufre con la inflación al pie de las urnas

08 de noviembre de 2021

08 de noviembre de 2021

Difunden octubre: daría 3%. Fin de año caliente y 2022 ídem. ¿Guzmán reincidirá en el error? ¿Corregirá o habrá relevo? Temor de fuego amigo.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dará a conocer este jueves el dato de inflación de octubre. Así, todo indica que el gobierno de Alberto Fernández llegará a la cita electoral del domingo –otra vez– con un número difícil de defender: desde las consultoras privadas hasta el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, prevén que supere el 3% y que la interanual siga volando en torno del 50%. Así, le será complejo al oficialismo hacer escuchar su promesa repetida de que pondrá pronto fin a una saga fatal de cuatro años de caída del poder de compra de los salarios y las jubilaciones, algo que el fuego amigo cristinista le ha disparado sin piedad en la cara a Martín Guzmán: la palabra maldita, "ajuste".

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Claudio Caprarulo, director de Analytica, dijo ante una consulta de Letra P que "para octubre estimamos una inflación del 3,2%, nuevamente por la fuerte alza de precios estacionales como frutas y verduras. El dato clave será ver qué pasó con los precios al productor para estimar si la suba de la brecha se trasladará en noviembre a los precios minoristas".

 

¿Y el congelamiento alla Feletti? ¿Funciona solo en el corto plazo o ni siquiera puede esperarse eso? "El rubro Alimentos y bebidas tiene una incidencia del 25% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y dentro de cada bien se miden muchos precios, según variedades. El congelamiento no pega en las estadísticas, pero sí en el bolsillo de los compradores. Por eso, no es una medida antiinflacionaria, solo de contención", añadió el economista. Será mejor que así sea para Todos: la suba de la comida erosiona su base electoral como ninguna otra.

 

La proyección de Analytica coincide con la que quedó plasmada en la edición del mes pasado del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), en la que el Banco Central recopila los pronósticos de los principales analistas privados. Según ellos, la inflación de octubre sería, precisamente, del 3,2%, algo que sugirió el propio Feletti el viernes último en Radio 10 al advertir que "el índice general no creo que esté debajo del 3%. Hasta la tercera semana de octubre tuvimos dispersión de precios".

 

"No es posible resolver la inflación solo desde el control de precios; eso es un dato. Pero sí sabemos que hay una oferta monopólica y en ese contexto hay que regular los consumos esenciales", defendió, aunque en modo cauto, su propia estrategia. ¿Al final la inflación es, como repite todo el mundo –incluso Guzmán–, un problema macro?

 

Con el índice de septiembre –3,5%– la acumulada en el año trepó al 37% y la interanual, al 52,5%; con lo que viene, es imposible prever un alivio cercano para los bolsillos. Es más, el consenso del REM apunta a un 48,9% el año próximo, demasiado alejado del 33% que establece el proyecto de Presupuesto 2022.

 

Con esa proyección, Guzmán solo repitió el dato que esperaba y quedó lejos de cumplir en el ejercicio actual, dado que el del 29% contemplaba una dispersión de cuatro puntos. Si el problema, como explican el propio ministro y la portavoz de Presidencia, Gabriela Cerruti, pasa hoy por las expectativas, el futuro no luce halagüeño.

 

"La presión sobre los precios está frenada porque el Gobierno pisó las tarifas y el dólar. Si esa corrección pendiente no se hace bien, el año que viene podemos volver a cerrar por arriba del 50%, igual que en 2019. El piso hoy es de 42%", estimó Caprarulo en diálogo con este medio.

 

El problema, con todo, se ramifica. Por un lado, porque dichas anclas no han sido demasiado eficaces para impedir que la inflación volara de regreso, tras el Gran Confinamiento de 2020, al más de 50% que había dejado Mauricio Macri.

 

Una digresión pertinente: el expresidente fantasea o, en su defecto, cree que los descensos se producen hacia arriba. Según acaba de decir, su gobierno venía bajando la inflación –el cerca de 25% hipercontrolado y camuflado de Cristina Kirchner mutó entre 2016 y 2019 en 40%, 24,7%, 47,6% y 53,8%, respectivamente– y la administración actual debería imitarlo. Si no lo hiciera, debería poner en práctica sencillamente lo que le diga el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al final era fácil.

 

Retomando el hilo, a lo ineficaz y peligroso de mantener las actuales anclas cambiaria y tarifaria se suma lo inviable: al Gobierno le urge refinanciar la deuda con el FMI antes de marzo, pero el organismo exige achicar una brecha cambiaria insostenible del 100% –algo que se espera alcanzable, de un modo más o menos amigable, levantando el pie sobre el dólar oficial– y el "sinceramiento" gradual de las tarifas. Ambas anclas, todo lo indica, no dan para mucho más. Con todo, tampoco puede seguir siendo una el salario real –un verdadero collar de melones para el consumo, motor de la economía nacional y vector de la dignidad de la población– tras cuatro años de caída inmisericorde y transpartidaria. ¿Entonces?

 

Entonces, lo que está en juego es la pelea por el rumbo futuro del Gobierno, esbozada violentamente tras las PASO del 12 de septiembre, pero pendiente de resolución a partir del próximo domingo a la noche, cuando se conozcan los resultados de las legislativas. ¿Será otra vez a cielo abierto o con sordina?

 

Con los precios volando al 50% anual es imposible pensar seriamente en una recomposición sostenida de los ingresos populares, tal como lo prueba el fracaso que obtuvo Guzmán al alinear este año las paritarias con la inflación que había soñado, presupuesto mediante, en un 29%. Por otro lado, bajar aquel techo impondría respuestas políticas difíciles de conciliar en el corto plazo con una orientación popular y distributiva como es la del Frente de Todos. ¿Será, acaso, que el país se encamina hacia una nueva etapa de conflicto político y social, cuya expresión sería una vuelta de tuerca de la indexación multidimensional, y lo que hasta hoy es percibido como techo o meseta amenaza en, realidad, con devenir en un nuevo piso?

 

La política tendrá la palabra, tanto la que hace el Gobierno –producto de la danza a veces ininteligible de sus diferentes facciones– como la de una oposición impenitente en sus errores.

 

En lo que al Gobierno respecta, mucho comenzará a dirimirse el lunes que viene, cuando se conozcan el resultado electoral, el nuevo balance del poder y cómo queda conformada la grilla de partida para 2023. ¿Primarán las cabezas frías o las calientes? ¿Seguirá Guzmán, como él pretende, o Cristina Kirchner romperá el aguante que se juramenta el albertismo y logrará encumbrar a figuras más de su gusto, como el propio Feletti o el ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires Augusto Costa?

 

Falta poco para poder intuir mejor el futuro.