22|11|2021

El grito de los corazones sangrando

07 de octubre de 2021

07 de octubre de 2021

Felipe Solá se sumó a Nicolás Trotta en la saga del despecho que podría seguir con otras víctimas del recambio forzoso del gabinete. Daños sin control.

En términos de administración de la crisis, la coalición de gobierno hizo todo mal después de perder las primarias del 12 de septiembre. No pudo blindar el proceso lógico de reproches y pases de facturas y ventiló sus miserias en un escenario grotesco de fractura expuesta que tuvo como principal efecto un fuerte debilitamiento de la figura presidencial y la consagración de la sensación de caos en un gobierno parcelado en el que parece mandar la doctrina Al Don Pirulero. Por debajo de esos daños de primer orden, la detonación del gabinete activada por las malas por la vicepresidenta Cristina Fernández dejó un tendal de víctimas que de a poco van saliendo del closet del despecho exhibiendo sus corazones partíos.

 

El primero que decidió salar públicamente las heridas del Frente de Todos -una coalición que es más de sectores internos de una misma fuerza política que de partidos, más allá de que algún socio tenga un sello propio, como el que lidera Sergio Massa- fue el desplazado ministro de Educación, Nicolás Trotta. Ahora fue el turno del excanciller Felipe Solá, que expuso sus penas tres semanas después de ser despedido en un episodio que Analía Argento contó con lujo de detalles en una nota trepidante publicada por este portal.

 

El exgobernador bonaerense fue notificado de que se quedaba sin trabajo en tránsito hacia México, a donde viajaba en misión oficial, por Santiago Cafiero, el funcionario que era corrido de la Jefatura de Gabinete y se disponía a quedarse con su despacho en el Palacio San Martín.  Argento lo contaba así:

 

"Está todo muy difícil, esto es un desastre. El Presidente me pide que mandes la renuncia", intentó explicar Santiago Cafiero a Felipe Solá, que acababa de aterrizar en El Salvador. "¿Y para quién es mi lugar?", inquirió el canciller. "Para mí", respondió el jefe de Gabinete saliente, que fue el encargado de pedirles las renuncias a Nicolás Trotta, Luis Basterra y Roberto Salvarezza. "¿Y vos mismo me llamás?", manifestó su sorpresa el ministro, que había partido sin ninguna sospecha sobre su continuidad, no sólo porque iba a representar al Presidente en México sino porque no se sentía bajo amenaza: no figuraba en las listas de los funcionarios que no funcionan cuyo despido reclamaba Cristina Fernández.

 

Más allá de blanquear públicamente que se siente -todavía, evidentemente- dolido por ese maltrato que, de mínima, revela un asombroso nivel de torpeza pero, también, acaso, a un presidente abrumado y desbordado, Solá coincidió con Trotta en el descubrimiento de problemas de comunicación entre Alberto Fernández y su gabinete.

 

El exministro de Educación contó que no hablaba con su jefe desde agosto, cuando discrepó por una maestra de La Matanza apasionada por el debate de ideas. El excanciller, por su parte, dijo este jueves que "a veces" le costaba hablar con el Presidente de los temas de su competencia y auguró que quizá a Cafiero pueda irle mejor en ese sentido por "la cercanía" que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores tiene con el mandatario.

 

 

¿Los de Trotta y Solá eran casos aislados? ¿Había más ministros o ministras que no hablaban con el Presidente o lo hacían menos de lo que hubieran preferido? ¿Saldrán también Basterra (ex de Agricultura), Sabina Frederic (ex de Seguridad) y Salvarezza (ex de Ciencia) a mostrar sus corazones que siguen sangrando mientras los socios del Frente de Todos parecen todavía atendiendo cada uno su juego? En el fragor de una guerra total como la que desató en el Frente de Todos la derrota de las PASO, ¿hay manera de evitar este tipo de daños colaterales con alguna clase de diplomacia silenciosa? Como Cafiero tuvo su salida elegante, ¿podría haber habido algún plan de contención para los demás fusibles que saltaron por los aires en vez de dejarlos caer sin red en el llano del olvido?

 

Mientras arrecian las preguntas y gritan los corazones sangrando, la oposición se apega al consejo de Napoleón, que dicen que dijo: "Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error".