29|11|2021

Ni Alberto ni Cristina: la CGT reventó la calle en apoyo a la CGT

18 de octubre de 2021

18 de octubre de 2021

Los sindicatos coparon el centro y el bajo porteños. Demostración de fuerza y unidad, un mensaje hacia la interna y hacia Todos. Un 17 de octubre continuo. 

Unidos y organizados. Así marcharon los sindicatos enrolados en la CGT que inundaron el centro y el Bajo porteños para celebrar un nuevo Día de la Lealtad peronista. La marcha fue una reafirmación de la capacidad de movilización de la central obrera y una señal de fortaleza a dos bandas que tributó básicamente a su propio beneficio. Por un lado, porque escenificó el proceso de unificación previsto para el 11 de noviembre, cuando renovará sus autoridades con todos los sectores representados dentro del Consejo Directivo. Por el otro, hacia la interna del Frente de Todos, donde la CGT no encuentra un lugar claro luego de dos años de gobierno y donde el impacto de la demostración de fuerza callejera puede multiplicarse en su favor, ante la situación de crisis que vive la coalición panperonista tras la derrota en las PASO. 

 

Desde el mediodía y durante varias horas, las columnas de trabajadores y trabajadoras circularon este lunes portando banderas, pancartas y estandartes donde el destacado principal era el nombre propio de la conducción del sindicato. Si hubo gente suelta, no se notó. Las referencias al presidente Alberto Fernández, tampoco. La imagen de la vicepresidenta Cristina Kirchner apareció solo muy esporádicamente, en algún micro o bandera de algún sindicato de la Corriente Federal. La marcha peronista, los cánticos para reivindicar al gremio y alguna cumbia ejecutada por las bandas de bombo, platillo, redoblante y vientos fueron la banda de sonido de una marcha donde no hubo referencias a la agenda política ni a la interna oficial. Fueron cuadras y cuadras de personas que parecían marchar desde hace décadas, en un 17 de octubre continuo, por consignas imperecederas como el desarrollo, la producción y el trabajo que se han transformado en una deuda social cada día más pesada. Apenas los afiches de La Bancaria que denunciaban "Están contra nuestros derechos" eran una referencia silenciosa y elíptica de rechazo al proyecto de remplazar la indemnización por despido a cambio de un seguro que impulsó el alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

 

Los micros que se amontonaban en la avenida Belgrano en cuádruple fila desde Chacabuco hasta el Bajo y también formaban fila estacionados más allá de la avenida Madero daban cuenta del gran despliegue cegetista para garantizar el éxito de la movida. Desfilaron La Fraternidad, los gremios de taxistas, panaderos, fleteros, el sindicato del papel y judiciales, entre muchos otros. Las columnas se dirigían pasado el mediodía por la avenida Independencia hacia Paseo Colón, desde más allá de la 9 de julio, entre selifs y dedos en V, indiferentes a la aglomeración que se producía cerca del Monumento al Trabajo, punto de encuentro donde los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer y Carlos Acuña, junto al camionero Hugo Moyano y un puñado de la dirigencia de la central obrera, mostraban la foto de armonía que sintetizó la jornada para los medios; una foto impensada hace un año, cuando la pandemia encontró al moyanismo en las calles con una caravana motorizada y a la cúpula cegetista encerrada en Azopardo masticando la bronca de una movilización digital que fue un fiasco.

 

Por la avenida Independencia, el verde de las columnas del sindicato de mecánicos de SMATA y de Camioneros se mezclaba con el azul de la tropa estatal de UPCN. Grupos numerosos de Utedyc, Luz y Fuerza, la UOM, Dragado y balizamiento, Comercio y el gremio de Recibidores de granos (Urgara) continuaban avanzando mientras la lectura del documento difundido por la CGT se demoraba en el Monumento al Trabajo, para estirar la presencia de la movilización. Las banderas flúo de la UOCRA ondeaban al ritmo de la batucada y un colectivo con muñecos que reproducían las figuras de Juan Perón y Eva Perón en el techo se movía por Paseo Colón hacia el norte, rodeado de banderas del Suterh.

 

El grueso de los grupos que colmaron la avenida en todo su ancho y también en las veredas era predominantemente masculino, más mixturado en términos de género en las columnas de estatales, docentes y comercio. Tal vez por esa razón y por el inveterado privilegio masculino de desaguar de manera vertical e impune, la organización no contempló la instalación de baños químicos. Con el correr de la tarde soleada, el ambiente por momentos volvía indisimulable esa falta organizativa, acrecentada por la distribución masiva de agua mineral, gaseosas y cervezas testimoniada por los cientos de envases vacíos desparramados en el piso. 

 

La composición de los grupos cambiaba drásticamente al llegar a la avenida 9 de julio, donde concentraron los movimientos sociales que se sumaron a la celebración del 17 de octubre. Mayoría de mujeres del Movimiento Evita y Barrios de Pie, algunas con niños, niñas y carritos para bebés, alteraban la monotonía masculina de la marcha, de la que participó también el Frente Popular Darío Santillán. La confluencia de quienes tienen trabajo registrado con quienes sobreviven en la economía informal es un botón de muestra de una historia que tiene aún un futuro abierto. 

 

Las columnas que se dirigían de oeste a este por Independencia giraban a la izquierda al llegar a Paseo Colón, rumbo a la avenida Belgrano. Una voz por altoparlantes sugería a la multitud que siguiera caminando para permitir la llegada de quienes marchaban detrás. Algunos gremios encaraban directamente en plan de retirada luego de pasar por el epicentro de la movilización. Uno de los pioneros en desconcentrar fue el líder del Suterh, Víctor Santa María, que, luego de la foto que mostró la unidad sindical a las 14.15, se dirigía a la sede del sindicato, en la calle Venezuela.

 

Cerca de las 16, la mayoría de los gremios empezaba a desconcentrar luego de haber copado literalmente el centro porteño al punto de inmovilizar el Metrobus, ese fetiche del oficialismo capitalino. Sobre la avenida Belgrano, quedaban algunos pocos micros a la espera de sus ocupantes para emprender el regreso. Por las calles paralelas avanzaban lentamente las columnas en una retirada morosa. Ajenas al apuro por volver, siete mujeres con remeras del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) copaban la mesa doble que ocupa la vereda del Café Martínez que es casi una sucursal de la sede del PRO, en Balcarce casi esquina Belgrano. Adentro, el bar estaba casi vacío. Se entiende: el edificio donde funciona el partido amarillo estaba cerrado a cal y canto, con las persianas bajas.