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Otro misterio de la Iglesia: ¿Quién es Mario Poli? 

Heredero de Bergoglio, juega fuerte pero en voz baja. Anduvo en bici con Macri, repatrió a CFK y torea a Larreta. Tropiezo episcopal y renunciamiento. ¿Roma?

Heredero de Bergoglio, juega fuerte pero en voz baja. Anduvo en bici con Macri, repatrió a CFK y torea a Larreta. Tropiezo episcopal y renunciamiento. ¿Roma?

Por 30/07/2020 12:11

“Hay tres cosas que ni Dios sabe: cuántas congregaciones femeninas hay en el mundo, de dónde sacan el dinero los salesianos y qué piensa un jesuita”. El dicho popular, entre sarcástico e irónico, grafica algunos de los grandes misterios de la Iglesia; enigmas insondables de la vida eclesiástica a los que se suma otro más cercano y actual: ¿Quién es Mario Poli, el sucesor de Jorge Bergoglio en la arquidiócesis de Buenos Aires?

A siete años de haberse instalado en la sede arzobispal, a metros de la Casa Rosada, muchos se formulan este y otros interrogantes sobre quien eligió el papa en marzo de 2013, en rápido trámite, para darle continuidad a su legado pastoral y entregarle en febrero de 2014 el birrete cardenalicio de primado argentino.

 

BIO. Porteño. 72 años. Teólogo e historiador formado en servicio social en la UBA. Capellán de los scouts católicos. Ordenado sacerdote en 1978, fue cura en San Cayetano. Desde 2002, obispo auxiliar de Bergoglio, diocesano en Santa Rosa y promovido a arzobispo en 2013 por Francisco. Un año después, cardenal.

Heredero. Elegido por Bergoglio como sucesor en Buenos Aires, el cardenal tiene juego propio. 

 

Francisco optó por su antiguo colaborador -un hombre de bajo perfil, parco, de gesto adusto y voz pública casi inaudible- para retener el control político de la curia porteña. Aquella especulación inicial se hizo realidad a medias. Poli le imprimió su sello personal, aunque no el esperado por propios y extraños.

El cardenal Poli le rehuye a la prensa, no tiene vocero ni redes sociales y se queja -revelan sus colaboradores- de que los periodistas interpreten todo lo que diga o haga en clave política.

El cardenal Poli le rehuye a la prensa, no tiene vocero ni redes sociales y se queja -revelan sus colaboradores- de que los periodistas interpreten todo lo que diga o haga en clave política.

Prefiere hablar con sus homilías, enriquecidas con referencias históricas por ser profesor de la materia y elegir las tribunas donde hacerlo: el tedeum del 25 de Mayo, las patronales en el santuario de San Cayetano de Liniers, las peregrinaciones juveniles de octubre a Luján y algún que otro encuentro de la Pastoral Social porteña.

En una de las pocas entrevistas que ha concedido, el arzobispo de Buenos Aires reconoció que le “cuesta escuchar” y le resulta “difícil tolerar” lo que no le gusta. Hasta en la cita bíblica de su lema episcopal subyace una confesión de parte, con un ruego a Dios, en ese sentido: “Concédeme, Señor, un corazón que escuche”.

Lejos de esta carga personal, el purpurado porteño ha expresado su convencimiento de que en la Argentina urge un “diálogo en serio” para buscar consensos sobre políticas públicas y de que es necesario un clima de concordia para superar grietas y divisiones, a fin de aunar esfuerzos para saldar la “gran deuda social”. Más aún en lo que se viene: la pospandemia. También ha exhortado a un "gran pacto nacional sin intereses sectoriales" y a la "reconciliación de los argentinos".

 

 

Poli se autodefine pastor y no político, aunque sus últimos pronunciamientos sobre las restricciones a las misas con fieles durante el confinamiento por la pandemia y contra el protocolo del aborto arrinconaron al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, e hicieron ruido en la escena nacional.

Sin el carisma ni la cintura política de su predecesor en Buenos Aires, Poli ha conseguido algunos logros en estas lides. Uno de ellos, hacer que en 2014 la entonces presidenta Cristina Fernández volviera a los tedeum en la catedral porteña tras años en los que ella y Néstor Kirchner esquivaron las homilías de Bergoglio y llevaron la acción de gracia por la patria a otros destinos que consideraban menos hostiles para el Gobierno.

Poli se autodefine pastor y no político, aunque sus últimos pronunciamientos sobre las restricciones a las misas con fieles durante el confinamiento por la pandemia y contra el protocolo del aborto arrinconaron a Rodríguez Larreta e hicieron ruido en la escena nacional.

Mauricio Macri participó de los tedeum presididos por él y hasta compartió con el expresidente un paseo en bicicleta por las calles de Roma en vísperas de la audiencia del entonces mandatario con el papa en 2016, aquella de los 22 minutos y la no sonrisa del pontífice.

Poli también supo plantarse frente a iniciativas político partidarias que estimó no acordes a preceptos eclesiásticos, entre ellas, rechazar el pedido de la CGT, clamor popular mediante, para abrir un proceso canónico a fin de evaluar si Eva Duarte de Perón, “jefa espiritual de la Nación”, podía ser proclamada santa. Debió intervenir porque la causa de beatificación debe iniciarse en la jurisdicción eclesiástica donde murió la persona propuesta.

Puertas adentro de la Iglesia. el cardenal Poli también se “mantiene en sus trece” (expresión que tiene su origen en la tozudez del papa Benedicto XIII) y evita un protagonismo excesivo. Tampoco se jacta de haber sido la mano derecha de Bergoglio, entre 2002 y 2008. cuando era obispo auxiliar porteño.

El purpurado trabaja silenciosamente en Buenos Aires, donde sigue la línea bergogliana y sus claves: acompañamiento de jóvenes de las villas que cayeron en las adicciones, diálogo interreligioso, renovado proceso evangelizador y promoción de la piedad popular. También encabeza el Sínodo Arquidiocesano, con el objetivo de salir al encuentro de los más necesitados material y espiritualmente mediante una tarea misionera permanente.

 

 

En el Episcopado, Poli tiene peso propio y un número importante de obispos lo apoya por ser el cardenal primado. No ha querido o no ha podido alcanzar la presidencia del cuerpo, con lo que habría ostentado la totalidad del poder eclesiástico vernáculo.

En 2017, siendo vicepresidente primero, era el sucesor “natural” de José María Arancedo para el cargo, pero su candidatura fue objetada por un sector interno que le atribuyó haberse “cortado solo” en la idea de avanzar en un camino hacia la “reconciliación” de los argentinos, punto por el cual, según trascendió entonces, Poli también tuvo “chisporroteos” con el papa.

 

 

Para las elecciones episcopales del año próximo, Poli aparece nuevamente entre los presidenciables, aunque ha expresado su voluntad de no querer ser nominado. Oscar Ojea (San Isidro), en tanto, conseguiría la reelección para un nuevo trienio.

Mientras tanto, crecen las versiones en cuanto a que el papa se llevaría al cardenal Poli a Roma, muy probablemente para ocupe un lugar de responsabilidad en la Biblioteca Vaticana. De confirmarse, en pasillos eclesiásticos también se rumorea que Víctor Manuel Fernández dejaría la arquidiócesis de La Plata para mudarse a Buenos Aires. En tanto, el obispo marplatense Gabriel Mestre sería promovido a la sede platense.

Más allá de las especulaciones, la última y única palabra para esta movida la tiene Francisco.