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La cloaca de la Patria Macrista

El río de podredumbre que corría bajo la AFI de Arribas y Majdalani. Narcos-bomba, espiados propios y ajenos y la jefa PRO bajo sospecha. Comodoro Py, ¿out?

Por 04/06/2020 17:38

Pesada y pestilente es la herencia que Mauricio Macri dejó en materia de espías. A la denuncia de Cristina Caamaño se le suma el debate en el Senado por las escuchas judiciales que elexpresidente le dio por decreto a la Corte Suprema y derivó en un festival de filtraciones a los medios amigos. Sin embargo, los especialistas piensan que la punta del iceberg apareció en Lomas de Zamora. Bajo secreto de sumario, la causa judicial que lleva adelante el juez federal Federico Villena muestra una red de espionaje ilegal que se dedicaba a seguir, filmar, fotografiar y hasta infiltrar a la dirigencia política. No sólo Cristina Fernández de Kirchner o a Eduardo Duhalde, sino, también, a emblemas de la Iglesia de Francisco como el obispo Jorge Lugones, intendentes como Martín Insaurralde y Jorge Ferraresi y políticos del gobierno de los ceos como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, Cristian Ritondo, María Eugenia Vidal y Nicolás Massot

A partir de personajes que el macrismo puro y sus satélites buscan devaluar a la categoría de intrascendentes, crece un expediente de voltaje en el que se conectan los oficios de espías, narcotraficantes y miembros del servicio penitenciario. Todos tenian su terminal más arriba. El broker Gustavo Arribas, la exdirigente del PJ porteño Silvia Majdalani y, también, la exministra Patricia Bullrich aparecen ligados a los involucrados en la causa. 

 


TODO SERVICIO. Sergio “Verdura” Rodríguez era un narcotraficante de la zona sur capaz de abastecer a Esteban Echeverría y Almirante Brown: reportaba directamente a la Agencia Federal de Inteligencia y tenía contactos tan aceitados con lo alto del poder como para escapar tres veces de  operativos en los que iba a ser detenido. Tenía también en su poder el armamento suficiente -ametralladoras, granadas- como para enfrentar a los tiros a la Policía bonaerense en al menos dos oportunidades. Fue detenido en Ingeniero Budge el 20 de febrero pasado y, según testigos del hecho, lo primero que se preocupó por decir fueron tres palabras: “No soy sicario”. De eso se ve que lo acusaban. En su poder se encontraron ocho de kilos de cocaína, armas, 24 autos y luces azules propias de la fuerzas de seguridad. Pero, además de pruebas de la persecución a políticos y periodistas, cinco fotos del propio juez Villena y una del explosivo que estalló en julio de 2018 en Callao y Arenales, en la casa del exfuncionario radical José Luis Vila, tal vez el episodio más preocupante de una saga tenebrosa. 

 

El Verdura. El narcoespía Sergio Rodríguez manejaba un arsenal de armas y relaciones con el poder. 

 

Con Rodríguez operaba una banda que controlaba territorio y tenía relación con las fuerzas de seguridad. El abogado Facundo Melo, que trabajó entre 2016 y 2019 en la AFI y fue denunciado ahora por Caamaño, apareció en C5N para contar que había sido contratado por el director de Operaciones Especiales de la ex SIDE Alan Ruiz para direccionar la declaración de su cliente, el barrabrava de Independiente Damian Lagarone, contra Pablo y Hugo Moyano.

Ruiz es un policía que se dio de baja de la Metropolitana el 10 de diciembre de 2015 y pasó a reportar al ministerio de Bullrich primero como coordinador de Asuntos Legales de la Subsecretaría de Seguridad y después como coordinador del Programa de Búsqueda de Prófugos de la Dirección Nacional de Operaciones de las Fuerzas Policiales y de Seguridad dentro del Ministerio de Seguridad. En 2018, pasó a ejercer funciones desde la calle 25 de mayo. Según algunas fuentes judiciales, Ruiz era la cabeza de la organización. ¿Dirá la candidata Bullrich que Ruiz era “un loco” como Marcelo D’Alessio?

Junto a él, trabajaba otra pieza clave del espionaje amarillo, conocido como el Horacio “Turco” Sáez, un empleado del Servicio Penitenciario que reportaba a la AFI y se dedicaba a la inteligencia penitenciaria, un área de lo más densa desde la cual -dicen- se puede interactuar con delincuentes profesionales. Saez tenía lo que a su superior en la AFI, Diego Dalmau Pereyra, le faltaba: calle. Quienes conocen los movimientos de los espías bajo Macri afirman que, cuando Dalmau Pereyra fue derivado a Chile por un conflicto con Majdalani, Sáez pasó a reportar a Ruiz. ¿Qué servicios podían prestarle a la SIDE del expresidente los prófugos que buscaba Ruiz y los pesados con los que interactuaba Sáez?


 

 

CAMBIAMOS. La causa que lleva adelante el juez Villena en Lomas de Zamora se entrecruza con el atentado contra el exfuncionario Vila, un especialista de larga historia que fue militar y pasó después a las filas del radicalismo. Trabajaba a las órdenes del exministro de Defensa Oscar Aguad, pero su trayectoria se remonta al alfonsinismo, donde su vínculo más estrecho era con Enrique Nosiglia. También Néstor Kirchner lo había tenido como funcionario de confianza y Cristina lo había conservado como aliado en el radar del ex Frente para la Victoria. El ataque con explosivos en su contra no recibió ninguna atención por parte del gobierno de Macri y contadas excepciones en el periodismo se hicieron eco de su caso hasta que fue a declarar en la Bicameral de Inteligencia del Congreso. 

El juez de Lomas encontró en poder de Rodríguez una foto del explosivo y hasta un documento titulado “Sustoooo.doc”. El narcotraficante relató que había contratado los servicios del abogado Melo con el objetivo de extender su red de venta de drogas a Lanús y que este le sugirió que hasta podía otorgarle una credencial de la AFI para que se moviera “con libertad”: a cambio sólo le pedía entregar el paquete bomba en la casa del radical Vila.

 

 

Con esa información, ahora Villena planteó una inhibitoria para tomar cartas en la causa que el juez federal Sebastián Ramos mantuvo sin mayores avances en los últimos dos años y entró en la fricción con Comodoro Py. El intachable fiscal Guillermo Marijuan ahora quiere retener el expediente. De fondo, empieza a contornearse un movimiento que los especialistas en distinguir el cruce de la política y la justicia detectan con claridad. Lo contó Gabriel Morini en Ámbito Financiero: las dos causas más importantes sobre el espionaje y la política están hoy fuera de los tribunales de Retiro. Una es la que lleva adelante el juez de Dolores Alejo Ramos Padilla y la otra es la de Villena, que se mantiene en el más estricto hermetismo.

Sin embargo, hay una diferencia: mientras D’Alessio y la mafia parapolicial que lo escoltaba en la extorsión tenían la cobertura de policías de la AFI como Ricardo Bogoliuk, la trama de la que se ocupa el juez de Lomas de Zamora muestra el acción ilegal y directo de funcionarios de la SIDE macrista. Tanto una causa como la otra exhiben la conversión de la agencia que manejaban Arribas y Majdalani en un organismo que pasó a darle cobertura a delincuentes de distinto tipo a cambio de distintos servicios. “La plata no les hace falta porque ellos ya la generan; necesitan credenciales”, le dijo a Letra P un exfuncionario nacional. Justo eso fue lo que le ofreció el abogado Melo al narco “Verdura” Rodríguez y lo que le dieron también a D’Alessio. 

 

 

Hay un dato más que llama mucho la atención de los investigadores en medio de una trama de lo más intrincada, donde no es sencillo separar lo principal de lo accesorio. En la lista de espiados que presentó Caamaño ante la Justicia aparecen comisarías y policías bonaerenses. ¿Por qué lo hacían? Es la innovación del gobierno de los ceos en una historia larga donde todos los presidentes apostaron a la alianza con la SIDE para espiar opositores. Salvo la CFK del final, nadie rompió con ellos.

Por último, si Villena avanza en los próximos días como presumen algunos, el juzgado de Lomas de Zamora puede capturar la atención de lo más alto de la política y el poder. ¿Cristina, por ejemplo, estaría dispuesta a presentarse como querellante en la causa en la que era víctima del espionaje macrista? ¿Qué piensan los socios espiados de Cambiemos, entre los que se menciona a Larreta, Vidal, Santilli y Ritondo? ¿Cómo pueden convivir las distintas facciones de Juntos por el Cambio si el expediente del espionaje sigue creciendo?