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No se va más

Aconseja al Presidente y cuela fieles en el Gobierno. Sintonía con CFK, la teoría de los usureros y la obsesión por los precios. Habla el cacique eterno que le sube la edad jubilatoria a la política.
Por 25/02/2020 11:26

Regresó, volvió mejor o, quizás, nunca se fue. Pero Eduardo Duhalde está otra vez sentado en las inmediaciones del poder. Con el carnet del peronismo algo amarillento, la experiencia de haber apagado su propio incendio y la emergencia como coartada, el expresidente tiene las puertas abiertas de la Casa Rosada. Ya no lo emparentan con el padrino ni lo señalan como la amenaza omnipresente que opera en las sombras. Ahora es un aliado que cotiza alto para el nuevo oficialismo: le sugiere opiniones a Alberto Fernández, pone hombres de su confianza en los casilleros del Estado y es capaz de defender al gobierno con una convicción que no sobra.

La semana pasada, el exgobernador bonaerense entró por segunda vez en poco más de dos meses a Balcarce 50 para verse con el Presidente. Salió contando de sus planes para bajar el precio de los alimentos y de su viaje -esta semana- a Francia y España para estudiar el modelo de venta a granel. A los 78 años, aunque diga que nunca dejó de trabajar, parece más activo que nunca.

Duhalde y Fernández se conocen desde hace tres décadas, cuando el primero gobernaba la provincia de Buenos Aires y el segundo trabajaba en el Grupo Bapro. Su mayor punto de acercamiento se dio cuando Alberto fue primero su tesorero de campaña, en 1999, y después, el puente privilegiado que lo unía con Néstor Kirchner. Hoy la comunicación es permanente. “Habitualmente le hablo, le whatsappeo o lo veo. Por lo menos escucha. Si podemos hacer las cosas después, no sé”, le dice Duhalde a Letra P.

 

 

PACIENCIA, USUREROS. El último jefe autóctono del PJ bonaerense, que perdió su fortaleza en la batalla de 2005 con los Kirchner, cuenta que está tratando de ayudar a Fernández en lo que puede. “Voy a seguir haciéndolo porque es mi obligación moral, como expresidente. Lo intenté hacer con Macri durante meses. Imagínense con un gobierno que es nuestro”, grafica.

-¿Cómo juzga el documento del Fondo sobre la deuda argentina?                               

-Los usureros saben que les vamos a pagar y saben que hoy no podemos. Entonces, tironean, aprietan y al final se arregla eso, no tengas dudas.

-¿Cree que se va a llegar a buen puerto?

-Siempre. Por eso no entiendo la preocupación tan grande de sectores de la Argentina. A mí me pasó también, ponían el grito en el cielo algunos economistas, algunos colegas de ustedes, pero la historia de las últimas décadas muestra que siempre se arregla. Esto ya sabemos cómo termina: alargando los plazos y haciendo alguna quita.

-La pregunta es de qué magnitud es esa quita.

-Eso es lo que habrá que ver. Tenemos que preocuparnos más en cómo se crece que en lo que debemos. En la época mía estábamos en default, no era que íbamos a estar. A mí me vinieron a ver (el entonces jefe del FMI) Anoop Singh y su gente y les dije que no vinieran más, que no les íbamos a pagar en ese momento y que después sí.

"El mercado no tiene que hacer esfuerzos, el Estado es el que tiene que imponer condiciones. No se le puede vender a la gente los productos al precio que se le vende."

-Pero ahora parece que el Fondo se pone por primera vez del lado del deudor y dice que la deuda es insostenible.

-Dice la verdad y tiene cola de paja.

-¿Por qué?

-Ha prestado de una forma discutible, más de las posibilidades que reglamentariamente tenía.

-¿Coincide con Cristina en que debería haber una quita también en la deuda con el Fondo?

-Absolutamente. Es un tema que está en debate, pero el préstamo ha sido extraordinario en un país que no cumplía, en ese momento, con las garantías que el Fondo siempre exige.

-Algunos dicen que Fernández está en una posición de debilidad mayor a la de 2003.

-No hay dos crisis iguales. Esta crisis es más grave en muchos aspectos. En ese momento, era el martillazo del “que se vayan todos”. Ahora hay que ayudar, hay que ponerse las pilas en temas como el de la inseguridad creciente, el precio de los medicamentos y el precio de los alimentos.

-¿Los empresarios tienen que hacer también un esfuerzo?

-No, el mercado no tiene que hacer esfuerzos, el Estado es el que tiene que imponer condiciones. No se le puede vender a la gente los productos al precio que se le vende, los remedios no pueden valer lo que vale.

 

Asesor permanente. Duhalde visita al Presidente y le manda consejos por WhastApp para bajar la inflación.

 

MUNDO DUHALDE. Entre las opiniones que Duhalde le acerca a Fernández, está su propia receta para combatir la inflación. El exsenador se prepara para viajar a Europa para interiorizarse sobre el sistema de venta a granel y por peso. “Lo han hecho por zonas. Se dieron cuenta de que, descontándole al producto el packaging y la publicidad, el precio se va muy abajo”, dice.

Duhalde volará junto a su esposa, Hilda “Chiche” González, también de regreso a los primeros planos -después de años de broncas con el cristinismo- por su colaboración con el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. Junto a ella, el aliado de Fernández pasa gran parte de sus horas y se dedica a criar a sus nueve nietos. El mundo Duhalde en pleno está embarcado en el proyecto del Frente de Todos. Al Gobierno se sumaron el designado embajador en Portugal Alfredo Atanasof y el nuevo director del BICE Carlos “Tato” Brown.

A Duhalde le gusta moverse solo, con su histórico secretario Carlos Mao o con alguno de sus jefes de prensa. En la política, el que lo representa es el incondicional Daniel “Chicho” Basile. Su rutina incluye un circuito que une su casa de Banfield con el tradicional San Juan Tennis y la sede del Movimiento Productivo en la calle Carlos Calvo. El espacio que Duhalde armó en 2001 se mantuvo incólume, como foro de almas dolidas de un PJ minoritario pero irreducible, durante los largos años del kirchnerismo. Allí lo acompañan, además de Brown, como tesorero Luciano Jauregui y como director el empresario Miguel Scozzari. Movimiento amplio, las ideas productivistas no le impidieron abrirles la puerta a barones de la ortodoxia como Carlos Melconian y Orlando Ferreres.

 

 

HASTA QUE DUELA. El espanto que generó Macri, el respaldo explícito a un presidente que busca conducir una coalición heterogénea y el paso irremediable de los años le dieron a Duhalde la oportunidad de reescribir su propio pasado. Responsable inicial y decisivo del ciclo que se abrió con Kirchner, su nombre había sido mancillado por la fábrica del relato. Enojado, resentido y apartado del poder rápido por un delfín que se reveló como verdugo, había quedado arrumbado a un costado de la historia oficial. El triunfo de Fernández lo impulsó a querer ser parte y lo llevó a reparar lo que había terminado mal. Hoy encara un retorno sanador. “Cuando me enteré que asumía, le escribí para decirle que lo imaginaba como el presidente peronista que pusiera en el centro el tema de la producción”, afirma.

Después vinieron las reuniones con Cristina, las sonrisas con Axel Kicillof y el giro por el espinel de la ancha alianza oficialista. Sus amigos dicen que pone por delante el país y quiere aportar ideas, pero él mismo admite que se cansó de pelear. La emergencia, que se lo llevó puesto después de los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ahora lo trae de regreso.

Igual que hace 20 o 30 años, cuando llamó a Raúl Alfonsín para iniciar un lazo que lo marcaría para siempre, Duhalde insiste hoy en que “los partidos políticos están agonizando” y dice que, sin mayoría parlamentaria, no se puede gobernar. “Tenemos que estar juntos los argentinos, por eso no estoy peleando con ningún dirigente argentino”, asegura con ánimo papal.

 

De ex a gobernador. Duhalde visitó y respaldó a Kicillof en plena batalla por la ley Impositiva bonaerense.

 

-¿Sigue pensando que Argentina tiene una dirigencia de mierda?

-Lo dije en el año 2000. Si, cada vez estamos peor. Por eso, hay que reaccionar. Ha avanzado espectacularmente el tema de la droga en nuestros países. Europa ya lo resolvió. La guerra de Estados Unidos que considera un delincuente al adicto llena las cárceles y cada vez está peor. Es el país que más consume. Empeoraron las cosas.

"Yo era muy peleador de joven. Toda mi carrera la hice peleándome con Herminio Iglesias y con otros con los que después terminé amigo. No hay que pelearse, es una gran estupidez."

-¿Seguimos condenados al éxito?

-No hay duda.

-¿Por qué?

-Por la potencialidad de nuestro país. Alguna vez vendrá el dirigente que sepa cómo se debe gobernar. Nosotros creemos que el tiempo ínfimo que vivimos es la historia del país. Es un suspiro nuestra generación. Tengo mucha confianza en los chicos nuevos.

-¿Aprendió algo de los enfrentamientos con el kirchnerismo?

-Sí, claro, uno aprende. Yo era muy peleador de joven. Toda mi carrera la hice peleándome con Herminio Iglesias y con otros con los que después terminé amigo. Lo primero que aprendí es que no hay que pelearse, es una gran estupidez. La gente espera que le resolvamos los problemas y nos ve como tontos. No debemos permitirlo.