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La tropa del ministro de Defensa mantiene una relación fría con el gobernador Perotti. Demandas de una mayor conducción y un gabinete más "creativo".

Por 13/06/2020 17:13

El gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, y el ministro de Defensa, Agustín Rossi, hablaron contadas veces en los últimos días. Los movilizó y preocupó Vicentín. Dialogaron tanto como cuando empezaron a diseñar el armado del peronismo santafesino, la “unidad en la diversidad” que los llevó al triunfo en 2019. El Chivo ofició de vocero kichnerista en aquellos tiempos para cerrar con el rafaelino. Con el tiempo, el vínculo político entre el perottismo y el rossismo se resintió. El sector que rodea al funcionario nacional le aporta su estirpe militante al oficialismo provincial, pero señala que a la gestión le falta “picante”.

El jefe del bloque en Diputados, Leandro Busatto; el ministro de Trabajo, Roberto Sukerman; el diputado nacional Germán Martínez y la concejala rosarina Norma López son los referentes santafesinos de la tribu que responde directamente a Rossi. Fue de los primeros sectores internos en entender que el camino era la unidad y no había lugar para divisiones. Por eso, cerraron con Perotti. Si bien Cristina Fernández tuvo la última palaba, Rossi tenía un vínculo más estrecho con el exsenador nacional que con la contrincante interna, María Eugenia Bielsa.

 

 

A seis meses del arranque de la gestión Perotti, para el rossismo la exitosa coalición electoral no funciona como coalición de gobierno. A este sector, que pondera el “poner el cuerpo” y la condición militante, le parece que la relación fructífera del año pasado se transformó en “fría” y “esquiva”. Si bien Perotti habla con el ministro nacional, el vínculo político perdió intensidad.

La Corriente de la Militancia esperaba que la relación tuviera otra apertura. Confiaba en una mayor participación en el gabinete y una interlocución mayor para el diseño de políticas públicas. En ese sentido, los rossistas ven a Perotti recluido sobre una mesa híperchica y “carente de apertura”. “Nos frizaron”, se sincera uno de los integrantes del grupo.

 

 

Sukerman es el único ministro del sector. El rosarino estuvo a 1,5 punto de ser intendente y pegó buena relación personal con Perotti, que lo condecoró como titular de la cartera de Trabajo y Empleo. Con un nivel de exposición mayor que sus compañeros rossistas, el funcionario mira de reojo el camino de la sucesión a sabiendas de que el rafaelino no tendrá reelección.

Más allá de las diferencias para la conducción de gobierno, los laderos y las laderas del Chivo no dejan de leer el momento de la política, la nacional y la vernácula. Y así como entienden y defienden ciertos modos del presidente Alberto Fernández, también se permiten comprender a Perotti. “No le pidamos a Perotti que sea un dirigente de Unidad Ciudadana, él expresa otro matiz del peronismo”, rescata un rossista, en diálogo con Letra P.

 

 

Pese a haber depositado otra expectativa mayor, la Corriente tiene en Busatto al proyector de la agenda legislativa del oficialismo. No la tiene sencilla, el diputado, porque debe convivir con la mayoría del Frente Progresista, pero elige el rol de espadero oficialista. Sobre todo, de las causas que más lo movilizan, como la reforma de seguridad que promueve el ministro Marcelo Saín. Fue el primer dirigente del PJ santafesino que se permitió criticar en público al gobierno. 

A la espera de que Perotti cambie el tono, el rossismo nunca dejará de ofrecer su carácter “intenso” a la hora de ejercer política. El sector le seguirá demandando al gobernador que ponga sobre la mesa su jefatura política y que le imprima más “creatividad” a la gestión que lidera. En el mientras tanto, demandará “liderazgo” y no quedarse solo en el día a día. El ruido interno no hace perderles de vista el objetivo central. “El peronismo tiene un solo camino, juntos”, repiten a coro en el rossismo.