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La empresa creció sobre esos dos pueblos santafesinos separados por cinco kilómetros. Un intendente festejó a Fernández, el otro convocó a la rebelión.

Por 11/06/2020 13:09

Apenas 5 kilómetros separan a las localidades de Reconquista y Avellaneda, pero ambas están conectadas social y económicamente por Vicentin. Allí nació el imperio y tejió sus negocios durante 90 años. Por eso, gran parte de la ciudadanía sintió en carne propia el anuncio del presidente Alberto Fernández de intervención y avance de estatización de la empresa y decidió manifestarse con rabia. La rebelión no escapó de la grieta, al contrario, la misma es bien gráfica. De un lado de la ruta, el intendente de Reconquista, Enrique Amadeo Vallejos, del Frente de Todos, que se entusiasmó de arranque y terminó haciendo de nexo cuando el modelo empezó a naufragar el miércoles. Del otro, el intendente de Avellaneda, Dionisio Scarpin, radical, que fue por el camino inverso y convocó la resistencia para defender a la gigante cerealera de las manos del Estado.

El médico, exconcejal y actual intendente de Reconquista, vio en el anuncio oficial una posibilidad de impulsar su segunda gestión en la ciudad, que venía golpeada, primero con el estruendoso default de la empresa motorizante de la economía local, y, luego, con los efectos de la pandemia. Si bien tiene capital político al arrasar en las urnas con el 60% de los votos, sabe que la situación es compleja en la ciudad. En soledad, hasta habrá pensado una visita del presidente, sonriendo a su lado, un respaldo del gobernador Omar Perotti, y Reconquista siendo la cuna de un nuevo simbolismo político de un gobierno peronista. El lunes se fue a descansar y a esperar el arranque del por entonces encaminado proceso, con la visita de la comitiva oficial.

Pero del otro lado, se posiciona Scarpin, radical del Frente Progresista en las elecciones de Avellaneda, pero fiel representante del “Sí se puede” en las nacionales. Allí, Mauricio Macri sacó el 55%. Con un tercer mandato al hombro, se sumó rápidamente al humor social crítico que, ni bien terminado el anuncio presidencial, empezó a generarse entre los 25.000 ciudadanos de Avellaneda. Rápidamente se convocó por redes y WhatsApp a un cacerolazo con la consigna “Defendamos lo nuestro”. La resistencia se cocinaba a fuego fuerte y Scarpin no le corrió el cuerpo, al contrario, posteó en Instagram el flyer.

 

 

 

“Es la peor de las estrategias la expropiación. Quitarle el capital de un plumazo a una empresa familiar del interior que durante 90 años construyó tanto con tanto esfuerzo, no nos parece correcto”, sostuvo el miércoles, un poco más medido que el martes de la movilización cuando hasta llegó a deslizar que la decisión del gobierno era un robo.

Fue una noche efervescente la del martes, sobre todo en Reconquista, cuando el grueso de la manifestación fue a buscar al hotel donde paraba el equipo técnico nacional que arribó a la localidad para presentarse en el domicilio de la empresa. Al subinterventor, Luciano Zarich, lo tuvieron que cubrir con escudos un grupo de policías, tal como hacen con los jugadores de fútbol ante la hinchada rival, para sacarlo del hotel.

 

 

 

 

Scarpin tiene el respaldo de hace años del senador departamental, el radical Orfilio Marcon, que hace tres períodos ocupa ese cargo. Este también se paró de un lado de la grieta y hasta habló como si fuese parte del directorio de la firma: “Vicentin va a honrar desde la primera hasta la última deuda que tiene. Si tiene que entregar más patrimonio lo seguirá entregando. Pero no se está de acuerdo que lo privado pase a manos del Estado. Aquí los directores han puesto parte de su patrimonio para salvaguardar sus compromisos contraídos”.

EL DÍA DESPUES. El segundo mojón de la historia fue el día miércoles cuando las aguas habían bajado un poco tras el desahogo popular. Allí el papel del intendente de Reconquista fue el de acercar justamente a Nación con los dueños de la cerealera, puntualmente Sergio Nardelli, para encontrar una solución pacífica y esquivar el costo político. “Me ofrecí como mediador para lograr un diálogo constructivo entre las partes, convocando a directivos de la empresa, que se acercaron y mantuvieron una reunión con el equipo de Nación”. 

Ambos intendentes tienen desafíos para posicionarse. El peronista, Amadeo Vallejos como articulador de la paz social que requiere no sólo en su municipio sino en la provincia el gobernador Perotti. Por el lado de Scarpin como dirigente a futuro en el armado que empieza a gestarse desde el, confuso aún, núcleo radical santafesino. 

Por ahora, se descomprimió algo la situación tras la exploración de alternativas oficiales, pero igualmente nadie se fía. El senador departamental Marcon describió el punto en que se está de la novela en el “pueblo Vicentin”: “Los ciudadanos están listos para ir a defender la empresa de 90 años de trayectoria y un compromiso altísimo con la comunidad. Esto recién empieza”.