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Con las reservas en niveles de 2017, vuelve el dilema: ¿qué hay que hacer con el dólar?

Los controles cambiarios se refuerzan, pero el goteo de divisas persiste. La manta corta: ¿ancla para la inflación o competitividad? Deseos y realidad.

Por 20/05/2020 13:25

El ADN programático del gobierno de Alberto Fernández, sin que en ello haya diferencias entre sus alas kirchnerista y peronista moderada, está hecho de una convicción en materia cambiaria: el tipo de cambio debe ser lo suficientemente alto como para alentar las exportaciones y proteger a la industria nacional de la competencia extranjera. Sin embargo, la necesidad de utilizarlo en el corto plazo para anclar la inflación y el imperativo de volcar al mercado grandes cantidades de pesos para solventar la emergencia sanitaria y sus consecuencias sociales dejan archivado, por ahora, ese objetivo y el mercado del dólar vuelve a ser objeto de tensiones. Tanto es así, que incluso con la vigencia de un cepo ultrarrígido, que limita las compras de dólares a 200 por persona y por mes, operaciones a las que, además, se les adosa un impuesto del 30%, las reservas del Banco Central (BCRA) no dejan de experimentar un persistente goteo. Al cierre de la rueda del martes, estas cayeron a 42.981 millones de dólares, su menor nivel desde enero de 2017. Son, además, 754 millones menores que las existentes el 22 de abril, el día en que el Gobierno decidió no pagar vencimientos de intereses de deuda por 500 millones de dólares y apostar a todo o nada: acuerdo con los acreedores o default en treinta días.

Suman a la cuenta también los dólares que se destinan a importaciones y la reducción del stock de depósitos en esa moneda en el sistema financiero, de alrededor de 1.000 millones más en un mes. Llama la atención, asimismo, que la curva vaya hacia abajo en momentos en que, se supone, la provisión de sojadólares debería ser máxima.

Si particulares y empresas se mostraron dispuestos días atrás a pagar más de 130 pesos por billete verde en los diferentes mercados paralelos es porque existe la percepción de un atraso del tipo de cambio oficial. Ante eso, el Central reforzó los controles para desalentar las operaciones cambiarias en bolsa –a diferencia del blue, legales–, que consistieron en ponerle un piso del 26,6% a lo que pagan los plazos fijos –una tasa aún muy negativa en relación con la inflación– y en impedir que accedan a los créditos subsidiados al 24% a los productores de soja o trigo que retengan del 5% de su producción, es decir prácticamente todos. Por ahora, al menos logró con eso ponerle un techo a la divisa.

 

Fuente: Rava Bursátil.

 

¿Qué pasa con el dólar? ¿Está realmente atrasado?

Lucía Pezzarini, analista de Ecolatina, aportó en diálogo con Letra P una mirada técnica. “El tipo de cambio real multilateral está cerca del promedio de 2012, cuando comenzaron a endurecerse las trabas cambiarias que habían empezado en octubre del año anterior. El endurecimiento del cepo evidenciaba en ese momento que había un problema de flujos de dólares. Esa es una comparación interesante que se puede hacer”, dijo.

Por otro lado, frente a Brasil, el principal socio comercial del país, “se perdió casi un 30% de tipo de cambio real bilateral desde fines de diciembre del año pasado. El punto es que el real se está depreciando muy rápidamente por el modo en que el Gobierno (de Jair Bolsonaro) está llevando el problema del coronavirus y por la inestabilidad política que se instaló allí”, agregó.

En este punto de la exposición de Pezzarini queda en evidencia el carácter de manta corta de la política cambiaria. “Seguirle el paso a Brasil tendría severas consecuencias inflacionarias para la Argentina y no llevaría a exportar más, así que no es posible. Por lo pronto, hay que esperar a ver cómo resuelven ellos este tema y si el real sigue en estos niveles o se aprecia un poco más”, indicó.

Si bien desde lo técnico puede hablarse de tensiones, pero no aún de un atraso significativo, “una apreciación cambiaria a largo plazo esto siempre es un problema”, advirtió la economista de Ecolatina.

El margen de acción de Miguel Ángel Pesce es, como se dijo, limitado. “Desde marzo, el Banco Central está devaluando el peso (oficial) un poco más rápidamente, incluso por encima de la inflación. Sin embargo, se da un goteo diario de reservas por lo que se compra en el oficial, por más que sea poco, y porque todavía falta que entren dólares de la cosecha. Obviamente es un tema a monitorear porque, si bien quedan unos 10 mil millones de dólares de reservas netas, esa pérdida va a continuar si no se despeja la incertidumbre en el frente externo”, advirtió Pezzarini. Habla, claro, del modo en que se resuelva el canje de la deuda, el que, es de esperar, resulte favorable y permita recomponer de a poco las reservas.

Gabriel Zelpo, socio de la consultora Seido, señaló ante la consulta de Letra P que “no creo que el tipo de cambio esté tan atrasado”. Sin embargo, ubicó como centro de la presión cambiaria lo que definió como “descontrol de emisión monetaria”. “Son demasiados pesos para la Argentina” los que el Central está volcando al mercado, dijo.

 

 

Tanto el ministro de Economía, Martín Guzmán, como el propio Pesce parecen reconocer, al menos en parte, ese diagnóstico.

Durante una videoconferencia organizada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham), el primero señaló el martes que “el superávit fiscal es una variable crucial (…) para que el plan de la deuda sea sustentable”. Sin déficit, el financiamiento del Central al Tesoro vía emisión resultaría innecesario.

En tanto, el segundo anticipó a través del Informe de Política Monetaria, difundido también el martes, que “a medida que se levanten las restricciones a la movilidad de las personas (por la cuarentena) y se reactive la economía, la expansión monetaria se irá absorbiendo. El BCRA actuará con todos sus instrumentos disponibles para absorber los excesos de liquidez y mantener la inflación acotada”.

 

Fuente: BCRA.

 

Para Zelpo, “la solución no es devaluar, sino cerrar la canilla de pesos y avanzar en alguna medida que restaure la confianza a futuro. Un acuerdo de reestructuración de la deuda iría en ese camino”.

Sin embargo, el optimismo del hombre de Seido no es demasiado dados los desafíos de la coyuntura

“Ya es tarde para sacar (del mercado) esa montaña de pesos, lo que me hace pensar que el camino más probable que se siga sea el de la licuación vía inflación y devaluación. En otro caso, se va a seguir produciendo un drenaje de reservas del Banco Central”, cerró.