Con las reservas en niveles de 2017, vuelve el dilema: ¿qué hay que hacer con el dólar?
Los controles cambiarios se refuerzan, pero el goteo de divisas persiste. La manta corta: ¿ancla para la inflación o competitividad? Deseos y realidad.
Suman a la cuenta también los dólares que se destinan a importaciones y la reducción del stock de depósitos en esa moneda en el sistema financiero, de alrededor de 1.000 millones más en un mes. Llama la atención, asimismo, que la curva vaya hacia abajo en momentos en que, se supone, la provisión de sojadólares debería ser máxima.
Si particulares y empresas se mostraron dispuestos días atrás a pagar más de 130 pesos por billete verde en los diferentes mercados paralelos es porque existe la percepción de un atraso del tipo de cambio oficial. Ante eso, el Central reforzó los controles para desalentar las operaciones cambiarias en bolsa –a diferencia del blue, legales–, que consistieron en ponerle un piso del 26,6% a lo que pagan los plazos fijos –una tasa aún muy negativa en relación con la inflación– y en impedir que accedan a los créditos subsidiados al 24% a los productores de soja o trigo que retengan del 5% de su producción, es decir prácticamente todos. Por ahora, al menos logró con eso ponerle un techo a la divisa.
Lucía Pezzarini, analista de Ecolatina, aportó en diálogo con Letra P una mirada técnica. “El tipo de cambio real multilateral está cerca del promedio de 2012, cuando comenzaron a endurecerse las trabas cambiarias que habían empezado en octubre del año anterior. El endurecimiento del cepo evidenciaba en ese momento que había un problema de flujos de dólares. Esa es una comparación interesante que se puede hacer”, dijo.
Por otro lado, frente a Brasil, el principal socio comercial del país, “se perdió casi un 30% de tipo de cambio real bilateral desde fines de diciembre del año pasado. El punto es que el real se está depreciando muy rápidamente por el modo en que el Gobierno (de Jair Bolsonaro) está llevando el problema del coronavirus y por la inestabilidad política que se instaló allí”, agregó.
En este punto de la exposición de Pezzarini queda en evidencia el carácter de manta corta de la política cambiaria. “Seguirle el paso a Brasil tendría severas consecuencias inflacionarias para la Argentina y no llevaría a exportar más, así que no es posible. Por lo pronto, hay que esperar a ver cómo resuelven ellos este tema y si el real sigue en estos niveles o se aprecia un poco más”, indicó.
Si bien desde lo técnico puede hablarse de tensiones, pero no aún de un atraso significativo, “una apreciación cambiaria a largo plazo esto siempre es un problema”, advirtió la economista de Ecolatina.
El margen de acción de Miguel Ángel Pesce es, como se dijo, limitado. “Desde marzo, el Banco Central está devaluando el peso (oficial) un poco más rápidamente, incluso por encima de la inflación. Sin embargo, se da un goteo diario de reservas por lo que se compra en el oficial, por más que sea poco, y porque todavía falta que entren dólares de la cosecha. Obviamente es un tema a monitorear porque, si bien quedan unos 10 mil millones de dólares de reservas netas, esa pérdida va a continuar si no se despeja la incertidumbre en el frente externo”, advirtió Pezzarini. Habla, claro, del modo en que se resuelva el canje de la deuda, el que, es de esperar, resulte favorable y permita recomponer de a poco las reservas.
Gabriel Zelpo, socio de la consultora Seido, señaló ante la consulta de Letra P que “no creo que el tipo de cambio esté tan atrasado”. Sin embargo, ubicó como centro de la presión cambiaria lo que definió como “descontrol de emisión monetaria”. “Son demasiados pesos para la Argentina” los que el Central está volcando al mercado, dijo.
En tanto, el segundo anticipó a través del Informe de Política Monetaria, difundido también el martes, que “a medida que se levanten las restricciones a la movilidad de las personas (por la cuarentena) y se reactive la economía, la expansión monetaria se irá absorbiendo. El BCRA actuará con todos sus instrumentos disponibles para absorber los excesos de liquidez y mantener la inflación acotada”.
Fuente: BCRA.
Para Zelpo, “la solución no es devaluar, sino cerrar la canilla de pesos y avanzar en alguna medida que restaure la confianza a futuro. Un acuerdo de reestructuración de la deuda iría en ese camino”.
“Ya es tarde para sacar (del mercado) esa montaña de pesos, lo que me hace pensar que el camino más probable que se siga sea el de la licuación vía inflación y devaluación. En otro caso, se va a seguir produciendo un drenaje de reservas del Banco Central”, cerró.