03|10|2021

La herencia económica más pesada de la pandemia

21 de abril de 2020

21 de abril de 2020

Esta vez, Fernández se la dejará a sí mismo. El gasto inevitable para sostener la estructura productiva. Déficit fiscal, emisión… ¿e inflación? Las dificultades de recoger un barrilete pesado.

Así como vienen las cosas en todo el mundo, con caídas en picada de los niveles de actividad, cierres de empresas y pérdidas masivas de puestos de trabajo, la peor herencia de la pandemia de COVID-19 podrían ser los propios tejidos productivos de los diversos países, algo que llevaría muchos años reconstruir. Esa es la razón por lo que el credo liberal, que retira a los Estados todo lo que sea posible, y el del equilibrio presupuestario quedan en suspenso sine die. El problema para la Argentina es que, con los mercados cerrados para tomar nueva deuda y con una renegociación en terapia intensiva, el esfuerzo fiscal para evitar ese extremo descansa casi exclusivamente en la emisión de dinero. Si la herencia de la perforación, aquí y allá, de la estructura productiva finalmente fuera eludida, sería esa otra, la del exceso de liquidez y la del peligro de una espiralización de la inflación, la herencia endiablada e inevitable que el presidente Alberto Fernández se dejaría a sí mismo.

 

El esfuerzo para que sigan existiendo empresas y empleados en la Argentina cuando termine la pesadilla llevó al Gobierno a lanzar medidas de gasto sucesivas que el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, calculó en $850.900 millones, 2,9% del producto bruto interno (PBI). Esos números, claro, son provisorios y su evolución dependerá de la extensión de las medidas de aislamiento social y, consecuentemente, de freno económico.

 

En esa cifra se destacan $470.000 millones en créditos a empresas, monotributistas y trabajadores autónomos; $100.000 millones volcados a obra pública y, acaso la novedad más audaz del Decreto de Necesidad y Urgencia 376/20, el pago con fondos de la ANSES del 50% de los salarios de los trabajadores, que, sumado a otras medidas, suma $107.000 millones más.
 

 

Así las cosas, y con una caída de más de 18 puntos porcentuales de los ingresos fiscales totales provocada por la recesión, no sorprende que el déficit del Sector Público Nacional se haya disparado en marzo un 856,7% interanual hasta $124.727 millones, según cifras oficiales difundidas el lunes por el Ministerio de Economía. El pago de la mitad de los salarios de los trabajadores se cargará a la cuenta de abril.

 

 

 

“Lo comprometido hasta ahora, aproximadamente un 3% del PBI, se encuentra muy lejos de lo hecho por otros países, pero resulta un gran esfuerzo para nuestra economía, que ingresó a la crisis con déficit fiscal, alta inflación y baja demanda de dinero”, le dijo a Letra P el director de la consultora Mecronomic Gustavo Reija.

 

Así las cosas, el peso de estas políticas contracíclicas descansa en la vieja “maquinita”, es decir la capacidad del Banco Central de emitir moneda, procedimiento que el mes pasado implicó nada menos que $600.000 millones.

 

El déficit causado por la emergencia alarma, pero ninguna de las medidas de ayuda de la coyuntura tiene por qué mantenerse pasada la pandemia.

“Esa emisión, realizada a través de adelantos transitorios del Banco Central (al Tesoro) significó que, desde el inicio de la cuarentena, la base monetaria se haya expandido aproximadamente un 40%”, señaló Reija.

 

El déficit causado por la emergencia alarma a muchos analistas, sobre todo cuando el país compromete una tendencia al superávit fiscal, aunque que lenta y módica, a los tenedores de bonos de deuda para destrabar esa negociación clave. Sin embargo, ninguna de las medidas de ayuda de la coyuntura tiene por qué mantenerse pasada la pandemia. Cuando la marea cambie, al menos en teoría, esos fondos no deberían seguir abultando el rojo presupuestario y el país podría retomar la política de consolidación fiscal. Sin embargo, ¿qué pasará con los pesos que quedarán circulando en la economía, los que podrían acelerar la inflación por encima de su ya preocupante nivel actual?

 

“No todo ese dinero (emitido) llegó ya a las empresas y al público sino que, dada la ineficiencia de los canales de crédito de nuestra economía, una parte sustancial todavía se encuentra en poder del Banco Central como colocación del sistema financiero”, dijo el hombre de Mecronomic. “Durante la crisis no hay alternativa: se requiere expansión fiscal financiada a través de la emisión”, opinó.

 

El peligro es inflacionario. El índice rebotó al alza el mes pasado, respondiendo al ADN de todos los marzos a pesar del freno brusco de la economía, y, tras una posible meseta en el bimestre siguiente, podría volver a empinarse en junio, dicen especialistas.

 

Según Reija, “pasada la fase crítica, sin dudas va a hacer falta sintonía fina del Banco Central con manejo de encajes, tasas e instrumentos de absorción monetaria”. Justo lo contrario que Fernández prometía en la campaña, y llegó a cumplir en el inicio de su administración, que implicaba un plan ambicioso basado en una reducción fuerte de las tasas de interés. El impacto de la pandemia y la cuarentena llegan al punto de desnaturalizar de modo duradero el plan económico del gobierno del Frente de Todos.

 

 

"Mantener con vida a las empresas es crucial para mitigar las consecuencias que, en materia inflacionaria, sobrevendrán en la poscuarentena", dijo Gustavo Reija.

 

 

Reija, sin embargo, incorpora un matiz clave al análisis: mantener en pie lo más que sea posible el aparato productivo es fundamental incluso en términos de inflación futura. 

 

“En la fase de la crisis en la que estamos, es importante señalar que la expansión monetaria que vaya dirigida a sostener la oferta, es decir a mantener con vida a las empresas, es crucial para mitigar las consecuencias que, en materia inflacionaria, sobrevendrán en la poscuarentena. Este es un hecho poco considerado en los análisis y creo que es clave para que podamos visualizar una economía de salida con una oferta que pueda compensar los efectos de la actual emisión y que permita evitar un derrumbe adicional en la demanda de dinero con graves consecuencias inflacionarias”, afirmó.

 

Será una carrera contra reloj. ¿Llegarán a tiempo las medidas monetarias, suba de tasas incluida, y la normalización de la oferta de bienes y servicios para poner en caja la emisión de la crisis? ¿O el barrilete que se remonta en estos días de urgencias será demasiado pesado para la menguada fuerza con la que la economía encarará el día después?