23|6|2022

Los barones papales del conurbano

23 de abril de 2020

23 de abril de 2020

Retrato y vínculos políticos de los 12 obispos/apóstoles de Francisco en la región caliente de la pandemia y la crisis eterna. Militancia territorial, peronismo de sotana y roces con el poder.  

La preocupación por la situación en las villas del conurbano llevó a obispos de la región a reclamarle al presidente Alberto Fernández consensos para afrontar el complejo escenario social de la pos pandemia en esta zona caliente de la provincia de Buenos Aires. Es un grupo de prelados que pondera que el primer mandatario invoque al papa Francisco en sus discursos, pero que también considera que debería “primerear” -en palabras del pontífice- y ser quien convocase a un gran acuerdo estratégico para la salida de la crisis por el coronavirus.

 

Fernández y Jorge Lugones. El obispo de Lomas de Zamora es tío del exintendente de La Plata Pablo Bruera. 

 

 

No es el reclamo de un par de referentes eclesiásticos del montón, sino el planteo del bloque compacto, aunque heterogéneo, de los “barones papales” del conurbano bonaerense.

 

La mayoría de esta docena de prelados fue promovida por el hoy papa. Son antiguos colaboradores u hombres de la más estrecha confianza de Jorge Bergoglio, de impronta social marcada y posiciones firmes.

 

 

 

Son los obispos que se plantaron por igual frente a los exgobernadores Daniel Scioli y María Eugenia Vidal, en los momentos de mayor tensión social en una y otra gestión. Con el referente kirchnerista mantuvieron reuniones frecuentes, mientras que con la “dama fuerte” de Cambiemos los encuentros fueron más esporádicos. Con Axel Kicillof, no hubo ni tiempo: la pandemia puso todo en cuarentena.

 

También son los hombres de Iglesia que conviven a diario con la dispar afiliación partidaria de los jefes comunales de los principales y efervescentes distritos del conurbano bonaerense.

 

El manager de este bloque episcopal es Víctor Manuel Fernández, arzobispo de La Plata y encargado de monitorear los movimientos de sus pares desde afuera. “Tucho”, como se lo conoce, es el “hombre de Bergoglio” por estos lares y quien mejor interpreta el pensamiento social de Francisco.

 

 

 

El “equipo bergogliano” del conurbano tiene como director técnico a Oscar Ojea, de la diócesis de San Isidro, que comprende cuatro partidos que van desde Vicente López a Tigre, distritos caracterizados por los grandes contrastes sociales. Actual presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, insiste en denunciar la hipoteca social de la pobreza y auspicia las instancias de diálogo político en procura de consensos.

 

Jorge Lugones, Carlos Tissera y Eduardo García integran el tridente de ataque en territorios diocesanos constituidos por varias comunas complejas del conurbano: Lomas de Zamora (Almirante Brown, Esteban Echeverría, Ezeiza, Lanús, Lomas de Zamora, Presidente Perón y San Vicente), Quilmes (Berazategui, Florencio Varela y Quilmes) y San Justo (La Matanza y Cañuelas).

 

 

 

Lugones, jesuita como el papa, es el referente de la línea más dura del episcopado. En 2017, su llegada a la presidencia de la Comisión Episcopal de Pastoral Social hizo temblar hasta el terreno propio.

 

Mauricio Macri padeció las críticas de Lugones por la política económica y la decisión de recurrir al FMI. A Alberto Fernández lo recibió como presidente electo junto a los movimientos populares, todo un signo de los tiempos. Recientemente, abogó por una “visión de conjunto” ante el agravamiento de la situación económica por la cuarentena y apuntó contra los banqueros por demorar la ayuda crediticia a las empresas en dificultades.

 

En el ámbito distrital, Lugones mantiene canales de diálogo más aceitados con los intendentes Mariano Cascallares (Almirante Brown) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), mientras que en la propia manzana lomense tiene línea con el jefe de Gabinete de Martín Insaurralde, Guillermo Viñuales.

 

 

Delivery de Dios. Tissera, obispo de Quilmes y titular de Cáritas.

 

 

Al frente de Cáritas Argentina, Tissera tiene la difícil misión de encabezar la lucha contra la pobreza estructural y creciente, una realidad que obligó a la organización de la Iglesia -según confirmó- a incrementar en un 50% la asistencia alimentaria en el marco del aislamiento preventivo. Ahora, sumó a esa entidad a la campaña #Seamosuno promovida por los jesuitas para llevar comida y elementos de higiene a las sectores más afectados con el confinamiento.

 

El prelado quilmeño desautorizó a Macri cuando el entonces presidente se jactó de la lucha contra el narcotráfico durante su gestión. “Hay más droga en los barrios que hace cuatro años”, le replicó. Tissera también se vio envuelto en una polémica, tanto hacia dentro como hacia afuera de la Iglesia, por su presencia en el acto de lanzamiento del programa “Argentina sin Hambre”, promovido por Fernández como presidente electo.

 

 

Cordero peronista del papa peronista. Eduardo García, obispo de La Matanza.

 

 

García, antiguo colaborador de Bergoglio en Buenos Aires, maneja el populoso distrito matancero y tiene línea directa con Francisco. Es de esos obispos “en salida” que quiere el papa. No se queda quieto, patea las villas y predica las enseñanzas de su promotor episcopal: “Tierra, techo y trabajo no son privilegios sino derechos”.

 

El obispo también ha reivindicado públicamente la doctrina peronista, en particular al presidir misas en memoria de Juan Domingo Perón. También, participó de la toma de posesión del intendente Fernando Espinoza, a quien le dijo que se “haga cargo del pueblo” matancero delante de la vicepresidenta Cristina Fernández y la vicegobernadora Verónica Magario.

 

 

El manager. Tucho Fernández, bergoglista puro, conduce desde La Plata.

 

 

Una segunda línea del team papal del conurbano es integrada por los obispos Jorge Vázquez (Móron), Fernando Maletti (Merlo-Moreno) y Gabriel Barba (Gregorio de Laferrere), además de Damián Nannini, recién llegado a la diócesis de San Miguel.

 

Rubén Frassia (Avellaneda-Lanús) es el más veterano del grupo y, aunque no fue designado por Francisco, es un viejo conocido del pontífice a raíz de su paso como rector del santuario de San Cayetano de Liniers.

 

Los “barones papales” del conurbano han sufrido una baja sensible recientemente con la muerte de Miguel Ángel D’ Annibale, a quien el papa trajo a San Martín tras un arduo trabajo en la diócesis de Río Gallegos, jurisdicción eclesiástica que integra las provincias de Tierra de Fuego y Santa Cruz, el principal bastión kirchnerista en los años del macrismo.