04|1|2022

38 a 38, el escrutinio que quebró las leyes de la matemática

04 de diciembre de 2020

04 de diciembre de 2020

Hace cinco años, la AFA escribía su página más desopilante. Alberto Fernández, Massa, Lammens, Tapia, Angelici, Tinelli y otros ilustres, en el mismo lodo.

Este jueves 3 de diciembre se cumplieron cinco años de uno de los grandes bochornos del fútbol argentino, el empate 38-38 en las elecciones presidenciales de la AFA. Ese día, se votaba para elegir al sucesor de Julio Humberto Grondona, fallecido un año atrás luego de la final del Mundial de Brasil. De un lado estaba Marcelo Tinelli y del otro, Luis Segura con el armado de Alberto Fernandez. Había 75 electores, pero la suma de votos dio 76. 

 

El 30 de julio de 2014, en el Sanatorio Mitre de la Ciudad de Buenos Aires, Grondona murió por una afección cardíaca producto de la rotura de la arteria aorta abdominal. De acuerdo a lo que informó su entonces vocero, Ernesto Cherquis Bialo, los médicos intentaron revertir esa situación y hasta analizaron la posibilidad de una intervención, pero no hubo tiempo.

 

Inmediatamente, el Comité Ejecutivo de AFA votó por unanimidad que Segura, presidente de Argentinos Juniors y vicepresidente primero de la entidad, cumpliera el mandato del caudillo de Sarandí hasta el 25 de octubre de 2015, aunque luego la movieron a diciembre. La fecha original coincidía con las elecciones presidenciales a nivel nacional, una movida que Grondona solía hacer: atar sus reelecciones a una o dos semanas previas al cambio del Ejecutivo nacional. Los tres principales aspirantes a la Casa Rosada tenían puentes con la pelota: Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa.

 

De nalgas

Tinelli empezó a trabajar en su propia candidatura, envalentonado por el presente de San Lorenzo, que había ganado un torneo y la Copa Libertadores, y las cuentas del club comenzaban a enderezarse. Pero había un problema que se llamaba inciso 5 del artículo 50 del reglamento general, que especificaba que cualquiera que quisiera postularse para dirigir la AFA debía tener, como mínimo, cuatro años de antigüedad en un cargo de un club. Tinelli iba a llegar con tres años y medio. Empezó, entonces, a presionar para que le validaran el año al frente de una comisión de marketing de San Lorenzo, de la que había participado entre 2008 y 2009 bajo la gestión de Rafael Savino.

 

El conductor contrató a tres exministros de Justicia, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Vanossi y Rodolfo Barra -este último, además, fue juez de la Corte Suprema de Justicia-, que firmaron un dictamen privado para avalar su postulación. Lo que destrabó el problema fue que en el texto había un punto y coma, descubierto por un abogado cercano a uno de los tres letrados, que permitía una reinterpretación del artículo.

 

 

Para evitar un conflicto público, el Comité Ejecutivo decidió habilitar a Tinelli, que una semana antes había organizado una reunión en el hotel Panamericano con muchos dirigentes de Primera y el ascenso para presionar. Ese mismo día, en Viamonte, Segura se reunió con su hijo, con Daniel Ferreiro, de Nuevo Chicago, y con Fabián Lovato, de San Telmo, entre otros, y un hombre que por esos días tomaría relieve nacional: Claudio Tapia. Ese día nació Ascenso Unido, la base de sustentación que Chiqui tendría a futuro. 

 

En aquel tiempo, el yerno de Hugo Moyano dejó de ser solo eso y cobró dimensión nacional cuando, a la salida de esa reunión del Ascenso Unido, le marcó la cancha a Tinelli, que amagaba con reunirse con ese colectivo: “Me parece una falta de respeto a los dirigentes del fútbol argentino que esté diciendo que hoy viene, que mañana viene. Los dirigentes quieren escucharlo. Cuando él quiera venir, que venga y exponga lo que tenga que exponer. Yo quiero un presiente serio, no un presidente que se pinte los labios ni que esté haciendo esas cositas que le gusta hacer a él. Yo quiero un presidente serio. Puedo ser gordito o puedo ir a cuidarle el nene a él o a Jimena Barón, pero quiero un presidente serio, que represente los intereses del fútbol argentino en general”. Una semana después, en el mismo lugar, Tapia y Matías Lammens oficiaron de cancilleres, firmaron la paz y encaminaron las elecciones.

 

Alberto Fútbol Club

Segura representaba lo que, se decía, era el grondonismo residual, aunque la realidad es que todos lo eran y hasta el propio Tinelli tenía una relación con la familia de Don Julio desde su época de periodista deportivo. Sin embargo, la carta fuerte del presidente del Bicho se llamaba Alberto Fernandez, amigo al que conoció en el club y cuyo rol de jefe de campaña se conoció años después. Dirigentes que trabajaron en la candidatura de Tinelli recuerdan los discusiones y las negociaciones con el exjefe de Gabinete de los Kirchner, que supo coordinar un frente donde, además, revistaban Daniel Angelici, Hugo Moyano y Victor Blanco, presidentes de tres de los cinco clubes grandes. River y San Lorenzo paraban en la vereda del tinellismo.

 

Alejado del kirchnerismo desde la época de la rebelión agraria de 2008, el ahora presidente de la Nación se había acercado a Massa y en 2015 comandó la campaña presidencial del jefe del Frente Renovador, que no llegó a entrar al ballotage en el que Macri derrotó a Scioli. Los tres candidatos estuvieron en el primer programa de Showmatch, en mayo de ese año, y, además de prestarse al esacarnio de los imitadores del programa, se encargaron de dejarle en claro a Tinelli que querían que comandara la AFA. El día previo al inicio de la veda electoral, Scioli tuvo la bendición de “cerrar” su campaña en un programa que promedió 20.6 de rating durante ese año. Ese gesto no sería olvidado por Macri, que tenía en Angelici a su hombre en el fútbol. En septiembre, antes de definirse por Segura, "El Tano" dijo que "los socios de Boca no quieren a Tinelli en la AFA, no lo vamos a apoyar".

 

Maldito escrutinio

El día de la elección llovía, la humedad brotaba desde el piso y el gimnasio de futsal del predio de Ezeiza se había convertido en un gran centro de computos con dos cuartos oscuros, 75 electores y rosca, mucha rosca. En el mismo escenario donde un año atrás habían velado el cuerpo de Grondona, se jugaba la sucesión de uno de los actores políticos más importantes desde la vuelta de la democracia.

 

Siete personas se encargaron del recuento: Alfredo Dagna, de Olimpo de Bahía Blanca, por el lado de Segura; Pascual Caiella, de Estudiantes de La Plata, y Rodrigo Escribano, de Talleres, por el bando de Tinelli; tres funcionarios de la Inspección General de Justicia (IGJ) y Alejandro Amor, defensor del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y entonces vocal de Racing. En vez de anunciar los votos cuando los sacaban de la urna, decidieron armar dos pilas y, si bien en el medio detectaron dos veces votos pegados, en una fallaron y ahí comenzó el papelón. Desde la tribuna lateral, donde estaba la prensa, pudo verse el instante en el todo se rompió: fue cuando Dagna se desplomó en su silla y exclamó a viva voz: “Pero la puta madre, no te puedo creer”. Ese gesto hizo pensar que Segura había perdido, pero luego alguien se acercó a Tinelli y esta vez el sorprendido fue él.

 

El dirigente bahiense tomó el micrófono, anunció el empate 38 a 38 y que había que votar de nuevo. Ya se habían retirado los presidentes de Excursionistas, porque su casa había sido vandalizada por la barra del club, y el de Crucero del Norte, que tenía que tomarse un avión a Misiones. En el medio, Mario Giammaría, de la Asociación Rosarina, denunció que lo habían apretado en un baño. Todos apoyaban al conductor de Showmatch y, consciente de eso, Angelici propuso que se votara a mano alzada, pero la moción no prosperó.

 

Hace cinco años, Chiqui Tapia era el yerno de Moyano. Moyano apoyaba a Macri. Macri quería dominar la AFA con Angelici; Angelici tenía poder, Lammens no se había lanzado a la política, Tinelli parecía imbatible y Alberto Fernandez armaba las campañas de Segura y Massa. Como una suerte de homenaje al padre de la criatura, pasó de todo.