28|1|2021

La imagen de Fernández, Larreta y Kicillof trabajando juntos en plena crisis sanitaria ya es historia. La grieta sin fin y las elecciones de 2021.

Aquellas imágenes de la primera mitad del año que mostraban a Alberto Fernández junto Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof gestionando juntos la crisis sanitaria despertaron expectativas positivas sobre lo que algunos interpretaron como “madurez política”, expectativas ligadas a la idea o el deseo de la superación de la “grieta”. Sin embargo, al mismo tiempo, el ala dura del macrismo, fogoneaba las marchas “anticuarentena” y en contra la intervención y expropiación de Vicentín, mostraron que esa idea era aún muy lejana.

 

Después de las últimas semanas, aquel deseo ha quedado definitivamente frustrado: el fracaso de la gestión conjunta del operativo de seguridad para el funeral de Diego Armando Maradona y la media sanción del proyecto que recorta el financiamiento nacional a la Ciudad de Buenos Aires ya no dejan dudas.
 
Volvamos a la gestión de la crisis sanitaria para ver que aquella idea de “madurez” y fin de grieta nunca tuvo mucho sustento. Mientras el gobierno nacional asumió el costo de la profundización de la crisis económica producto de la crisis sanitaria, el gobierno de la Ciudad apostó por construir una imagen de gestión responsable, moderna y sensible a las necesidades de los vecinos de la Ciudad. Con la habilitación temprana de los “runners”, de la ampliación de veredas, y de las habilitaciones comerciales, junto con un fuerte planteo a favor de la vuelta de la presencialidad en las escuelas, Horacio Rodríguez Larreta se mostró permeable a las demandas de los vecinos que entraban en tensión directa con la planificación de la gestión de la crisis sanitaria del gobierno nacional. 

 

Pero, por otro lado, la responsabilidad del sostenimiento financiero del IFE, de los ATP y los bonos a jubilados y AUH estuvieron a cargo de la Casa Rosada. Al mismo tiempo, la oposición bloqueaba, con distinto éxito, los intentos de oficiales por fortalecer la recaudación nacional (contribución extraordinaria de las grandes fortunas) y de recomponer la capacidad de intervención del Estado en el importantísimo mercado de exportación de granos (Vicentín). Las distancias políticas que se desarrollaron durante todo el año, y las necesidades financieras, explican la decisión de la Nación de avanzar sobre la porción de coparticipación que había otorgado Mauricio Macri al gobierno porteño.

 

De cara al proceso electoral del año próximo, estas distancias se van a intensificar. El discurso de Máximo Kirchner sobre la actuación de los jefes de Gobierno de la Ciudad que llegaron al cargo de presidente (Fernando De la Rúa y Mauricio Macri) y sus políticas de ajuste y endeudamiento expresa, en términos tácticos, la búsqueda de identificar y de esa manera condicionar a Horacio Rodríguez Larreta con la saliente gestión presidencial de Macri. Esta táctica busca suplir el volumen político que se le ha erosionado al gobierno nacional.
 
En ese contexto, la no continuidad de los IFE y los ATP luego de la emergencia sanitaria, así como la modificación del cálculo de las jubilaciones desvinculándolas de la inflación, son apuestas de la Casa Rosada confiando en que el fin de la crisis sanitaria implicará si no el fin, por lo menos una importante morigeración de la crisis económica. La campaña de vacunación va a ser central para el gobierno de cara al proceso electoral porque vastos sectores de la sociedad comparten ese horizonte de expectativas: esperan que al salir de la crisis del Covid-19 la situación mejorará. 

 

Es lógico que Alberto Fernández ponga en juego ese conjunto de expectativas que amplios sectores sociales aún comparten con él en un año electoral. Mientras tanto, la agenda “federalista” de defensa de la financiación de la Ciudad le deja poco rédito a la oposición por fuera del ámbito metropolitano, por lo que es esperable que busque adhesión electoral en otras expectativas sociales, aquellas que no se identifiquen con el diagnóstico oficial o lo contradigan. Por más deseos de concordia esgrimidos, la “grieta” está más viva que nunca.