13|9|2021

Casi 40% de las pymes no puede capitalizar el rebote de la demanda

29 de diciembre de 2020

29 de diciembre de 2020

Debido al proceso de destrucción de riqueza que impuso la pandemia, muchas no dan abasto con los pedidos. Techo para la reactivación y dilema del Gobierno.

La familia pensó que, dada la imprevisible situación sanitaria, era mejor pasar este verano en casa y aprovechar el pequeño fondo propio que agolparse con extraños en una playa. Así, aprovechó una buena oferta online y encargó un par de reposeras de plástico que el proveedor prometía entregar en 20 días hábiles. Buen plan. Solo que pasaron noviembre y diciembre, se fue la Navidad y el descanso aún no apareció.

 

En otro hogar, un pedido de pescado para preparar una mesa navideña diferente no apareció ni el 22 ni el 23 de diciembre, como estaba estipulado, sino el mismo 24 al mediodía, al filo del reglamento. Otros clientes de esa empresa tuvieron menos suerte, dejaron por escrito sus quejas en la página de esta en Instagram y tuvieron que cambiar sus planes por un asado clásico.

 

¿Casos aislados? Para nada.

 

De acuerdo con el Informe Coyuntural PyME correspondiente al tercer trimestre que elabora la Fundación Observatorio PyME, el 38% de las pequeñas y medianas empresas de la Argentina quedó tan golpeado por la recesión causada por la pandemia que no está en condiciones de satisfacer la demanda, aun una menguada en tiempos de crisis, en lo inmediato.

 

La causa, según el trabajo, es “la reactivación observada durante el tercer trimestre, con la duplicación de las órdenes de pedidos con respecto al segundo trimestre”. Así las cosas, “esta situación advierte sobre el deterioro del capital físico, la dificultad para reactivar a todo el personal y la insuficiencia del capital de trabajo de estas empresas”, añadió.

 

En un hecho que suma inconvenientes para ese segmento, que logró sobrevivir a la crisis sanitaria y económica de 2020 a costa de un achicamiento impactante, “el faltante de productos para la venta observado durante el último trimestre no obedece solamente a la incertidumbre sobre el precio futuro de reposición sino también, y más simplemente, a la insuficiente capacidad productiva”.

 

Como dice el lugar común, crisis es oportunidad, pero solo para algunos, habría que aclarar. El auge del teletrabajo y las políticas públicas de fomento hicieron que las pymes de software y servicios informáticos salieran indemnes de la pandemia, incrementando su facturación en un 14% interanual incluso en el peor momento de la cuarentena. El tercer trimestre de reactivación no modificó ese desempeño, detalló la Fundación Observatorio PyME.

 

Como conclusión, el estudio estima que “el 70% de las pymes (con algunas diferencias por sector y tamaño) retornará al nivel de actividad de la prepandemia durante el primer semestre de 2021 y el restante 30% se distribuye entre el segundo semestre y 2022”. A tono con el consenso de los economistas recogido por el Banco Central en su mensual Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la salida será gradual.

 

“Se espera un 2021 mediocre, con niveles de rentabilidad e inversión similares a los actuales, insuficientes para generar un cambio significativo en el mercado de trabajo y con grandes diferencias de desempeño entre empresas mediana-grandes y medianas, por un lado, y microempresas y pequeñas, por el otro”, concluyó el Observatorio Pyme.

 

Letra P advirtió varias veces en los últimos meses sobre ese costado poco analizado de la crisis de 2020: la destrucción de capital y riqueza.

 

El encogimiento de las empresas –sobre todo las pymes, que dan cuenta de casi el 70% del empleo en el país– le pondrá un techo en el corto plazo al consumo, variable que, a su vez, explica dos tercios de la economía nacional. Por esa razón, diversos analistas han hablado del inicio de una etapa de “bajo consumo” –consumo LED–.

 

En ese contexto, la consultora CERX predijo que, dada la desinversión reciente, el país saldrá de este año con un stock de capital parecido al de 2005.

 

Otro caso es el de empresas que han logrado mantener su capacidad de producción, pero quedaron con un elevado porcentaje ocioso tras la crisis. Estas, que sí tienen chances de atender una demanda en recuperación moderada, son la esperanza del ministro de Economía, Martín Guzmán, de que el rebote no resulte demasiado inflacionario.

 

En ese contexto se inscribe parte de las tensiones que cruzan al Frente de Todos, con la vicepresidenta Cristina Kirchner insistiendo en la necesidad de que la evolución de los precios y las tarifas no se desmarque de la de los salarios y las jubilaciones, algo que, aunque compartido por Guzmán y el presidente Alberto Fernández, puede presentar efectos secundarios en el costado fiscal, uno que el Fondo Monetario Internacional (FMI) inspecciona con particular atención en las negociaciones en curso.