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Pese al avance del covid-19, la actividad tiende a reiniciarse. Emerge la recesión previa a la pandemia. Desplomes, dudas y perspectivas. ¿Pensar en marzo?

Por 07/09/2020 12:00

Con excepción de la actividad gastronómica, la mayor parte del comercio minorista operó, aunque sometido a protocolos sanitarios, en casi todo el país el mes pasado, lo que no evitó un derrumbe promedio de las ventas del 17,8% interanual. La tendencia refleja no solo las limitaciones que persisten debido a la pandemia de covid-19 sino, sobre todo, las de una economía que vuelve a exhibir sus problemas previos de recesión, bajo consumo e ingresos populares devaluados.

Así lo reveló un informe dado a conocer por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), hecho en base a datos brindados por 1.100 comercios de todo el país entre el lunes 31/8 y el sábado 5/9.

De acuerdo con el mismo, “las ventas minoristas cayeron 17,8% anual en agosto, medidas en cantidades”, tanto en la modalidad online como en locales físicos. Como buena parte del interior estuvo en agosto más desahogado que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) en términos de restricciones sanitarias, en el primero la retracción fue del 9,4%, mientras que en el segundo alcanzó al 33%.

 

 

Con el retroceso promedio del 17,8%, las ventas acumulan “en lo que va del año una caída anual de 30,5% que se explica por las fuertes bajas registradas en marzo, abril, mayo, junio y julio”, explicó CAME.

“Si bien muchas ciudades del interior normalizaron su actividad, el cumplimiento de los protocolos, los menores ingresos de las familias, los altos niveles de endeudamiento y la menor circulación de gente en las calles siguen afectando el consumo”, dijo.

Pese a su mejor situación relativa, el comercio minorista del interior del país permanece con un nivel de ventas inferior al de por sí recesivo 2019.

“Más difícil es la situación en la región AMBA, donde el aislamiento social, preventivo y obligatorio es más estricto”, añadió el trabajo.

En el área metropolitana, la mayor restricción en agosto la siguieron experimentando los sectores de turismo y gastronomía, con ese último restringido a realizar ventas bajo la modalidad take away.

En tanto, por caso, los comercios de indumentaria reabrieron, pero debieron limitar la cantidad de clientes permitida dentro del os locales, además de impedir que se probaran las prendas. En calzado, rigió la limitación de número de personas en los comercios, aunque no la de probarse los talles. Con todo, los calzados usados de ese modo debían ser desinfectados y salir de exposición por un día para evitar contagios, de acuerdo con los protocolos pactados. Las limitaciones siguen siendo muchas.

En medio de la pandemia, los productos que mejor resisten son los vinculados a consumos de primera necesidad, como los de farmacia y alimentos y bebidas. Los que peores registros exhibieron el mes pasado, en tanto, fueron los de relojería, joyería y bijouterie, con una baja del 38,1%, e indumentaria (-32%).

 

 

“Influyen la falta de poder adquisitivo de las familias, las menores necesidades de esos productos debido a las estadías largas en el hogar y el cumplimiento de los protocolos que limitan la cantidad de gente que puede entrar al mismo tiempo al local. En algunos negocios se realizaron largas colas para ingresar”, explicó CAME.

La situación es incierta para el comercio minorista en todo el país. El avance de los contagios y el regreso a fases más estrictas de aislamiento de numerosas provincias y localidades hace que no se descarte que los próximos meses traigan estadísticas peores que las de agosto. Asimismo, la incertidumbre sobre el futuro sanitario y económico persiste en el AMBA.

En ese sentido, en la CAME le dijeron a Letra P que la percepción de la mayoría de sus afiliados es que cabe esperar una mejora real de la situación recién para marzo o abril del año que viene, cuando, se espera, la disponibilidad de vacunas permita la normalización de la actividad económica.

Llegaría, en ese momento, la hora de lidiar con la realidad de una economía que, antes del drama sanitario, ya venía en caída desde 2016, excepción hecha del rebote de 2017.