Javier Milei en la encerrona de una inflación que no cede y una economía estancada
El dato de inflación de marzo del 3,4% abrió una discusión más profunda sobre el programa económico libertario. Con diez meses consecutivos de subas y una inflación núcleo que no cede, Javier Milei se debate entre profundizar el enfriamiento de la economía o enfrentar una encerrona en la que cada decisión tiene efectos colaterales.
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Analistas ponen el foco en la necesidad de recalcular el programa económico luego de una nueva escalada del Índice de precios al Consumidor (IPC). Para Max Capital, el dato no sólo sorprendió por el nivel, sino por la persistencia: la inflación núcleo se ubicó en 3,2% mensual y volvió a mostrar un piso elevado, mientras que los servicios treparon 4,2%, ampliando la brecha con los bienes.
Alerta inflación
En esa línea, LCG advirtió que “la inflación core (que mide el aumento de precios excluyendo aquellos componentes más volátiles y estacionales), se mantiene en niveles elevados”, lo que confirma que el proceso de desinflación es más complejo de lo previsto. Incluso con anclas como el tipo de cambio atrasado, la apertura importadora y una actividad débil, la inercia no cede.
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El director de EcoGo, Sebastián Menescaldi, fue al grano de la cuestión: “Lo que te está complicando es la inflación de servicios y lo que está viniendo detrás. Es el desierto por el que tenemos que atravesar”. No obstante, para abril estimó un 2,3%, con menor presión de carnes y sin aumentos relevantes de regulados.
El problema, coinciden los informes, es que la dinámica ya no responde sólo a shocks puntuales. Portfolio Personal Inversiones (PPI) remarcó que incluso las medidas más depuradas -como la “supercore”- muestran aceleración, lo que indica que la nominalidad sigue alta más allá de factores estacionales.
El límite del programa: no todo es monetario
El diagnóstico más crítico apunta a que el plan atacó sÓlo una parte del problema. Según advirtió el economista Emmanuel Álvarez Agis en una entrevista radial, la estrategia oficial logró reducir la inflación vinculada al exceso de demanda -derivada del déficit-, pero dejó intactos otros dos factores: los costos y la inercia.
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“El problema es que todo acelera su ritmo de precios”, planteó. Y agregó que "el esquema actual no contempla mecanismos para coordinar expectativas ni romper la indexación", un componente clave en experiencias de desinflación más rápidas. "El Presidente ignora el componente inercial; su teoría no contempla la dinámica de indexación de los argentinos", aseveró Álvarez Agis.
El economista estimó que el resultado esperable es una baja “muy de a poco y con un alto costo en términos de actividad, empleo y recesión”.
LCG advierte que las anclas actuales -crecimiento débil, apertura importadora y dólar planchado- están siendo "insuficientes para desactivar la inercia". Según sus proyecciones, la inflación para diciembre de 2026 se ubicaría en un rango de 31-33%, al confirmar que el proceso será largo.
Tasas, dólar y actividad: el trilema en acción
La discusión se traslada entonces al frente monetario. Para el director de Relaciones Institucionales de Criteria, Gabriel Vidal, "el Gobierno parece moverse hacia una zona de tasas reales más bajas, con el objetivo de evitar un mayor enfriamiento de la economía". "Está yendo hacia tasas negativas, dejando correr un poco más la inflación”, sostuvo en un encuentro con periodistas.
Esa decisión no es menor. Implica aceptar que el ancla cambiaria -con un dólar contenido- pierde efectividad si no se combina con una política monetaria más dura. Pero endurecerla, advierten, podría profundizar la caída en la actividad.
Álvarez Agis describió esa tensión como una política que “pisa el acelerador y el freno al mismo tiempo”, ya que la baja de tasas, incentivos al crédito y congelamientos puntuales conviven con un discurso de ajuste.
Claudio Caprarulo, de Analytica, destacó que el optimismo oficial choca con la realidad: "El poder adquisitivo seguirá corriendo por debajo de la inflación y eso dificulta el crecimiento". Además, advirtió sobre un riesgo fiscal: "Si la actividad cae demasiado, la recaudación se desploma y pone en jaque la bandera del superávit primario".
Medidas heterodoxas, pero sin admitirlo
En ese contexto, empiezan a aparecer herramientas como el congelamiento de combustibles, la intervención indirecta en precios vía empresas públicas o la homologación de paritarias por debajo de la inflación. Forman parte de un menú heterodoxo que no es representativo de la gestión libertaria.
Javier Milei Kristalina Georgieva Toto Caputo
Javier Milei, Kristalina Georgieva y Toto Caputo.
En este sentido, Menescaldi deslizó un punto incómodo para el relato oficial: “Al Gobierno tampoco le conviene que la inflación baje muy rápido, porque le permite comprar reservas”. La frase refleja la otra tensión que implica la acumulación de dólares, que también compite con la velocidad de desinflación.
¿Planchar más o aceptar un camino lento?
De cara a los próximos meses, las proyecciones muestran cierta desaceleración. CP Consultores y Equilibra prevén un IPC ubicándose en torno al 2,5% en abril, en tanto que Max Capital espera 2,7% para este mes. La baja vendría explicada por una menor presión de los estacionales y una inflación núcleo que podría perforar el 2,3%. Pero el consenso es que eso no implica un quiebre, sino una pausa dentro de un proceso irregular.
Desde MAP Latam lo sintetizan como “un camino con curvas”, en el que "las desinflaciones exitosas suelen tener avances y retrocesos".
El punto de fondo es que el Gobierno deberá elegir. Según Álvarez Agis, hay dos caminos posibles: reconfigurar el programa con herramientas adicionales o aceptar que la inflación tardará más en bajar.