09|8|2022

13 de diciembre de 2020

13 de diciembre de 2020

Intendente catch all, el rosarino traza sus primeros pasos como líder provincial en Santa Fe. Tensión permanente con Lifschitz y juego por izquierda y derecha.

Se reunió por separado con Amalia Granata y Rubén Giustiniani. Es pañuelo verde, pero su diputado rosquero es evangelista y celeste. Armó un esquema de poder en el Concejo en el que conviven el PRO, La Cámpora y la izquierda. Ese es Pablo Javkin, el intendente de Rosario que, en su primera experiencia como mandamás, supera el 70 por ciento de imagen positiva y es mirado con apetencia por Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau y Emilio Monzó.

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No le gusta que le digan Pacman, pero se parece mucho a eso. Al frente de la fuerza Creo, Javkin apuesta a pasar la ambulancia y comer los Blinky e Inky que deambulan por la política santafesina. Acumula apenas un año de gestión, pero tiene todo el plan en la cabeza. Por ejemplo, trabó sintonía fina con la intendenta PRO de Vera, Paula Mitre, y el radical de Venado Tuerto, Leonel Chiarella.

 

Su principal escollo es el socialismo, así lo siente. Mimado de Hermes Binner, el intendente repite que el exgobernador Miguel Lifschitz y compañía le tienen que reconocer el lugar que se ganó en la mesa chica del Frente Progresista. “Los intendentes al frente del Frente”, algo así.

 

La primera prueba de fuego con los socios llegará con el cierre de listas a nivel local para las próximas elecciones. Javkin va a pulsear por ubicar a una mujer al frente de la nómina legislativa. Lifschitz querrá jugar su partido. A ninguno de los dos, en definitiva, les sirve romper la convivencia. Ficticia o real, sé igual.  

 

Su proyecto político en Rosario es de ocho años, dicen a su lado. Cultor de la rosarineidad, amante de sus amigos, no dejó de callejear y mostrarse simpático en bares y restaurantes. No se mueve en auto, camina de su casa al Palacio de los Leones y apuesta a construir una marca de sí mismo, un sello. Hay quienes todavía lo llaman “Pablito” y lo estrujará todo lo que pueda.

 

Supera de manera holgada en términos de imagen al presidente Alberto Fernández y al gobernador Omar Perotti, en una encuesta recién terminada por la consultora Innova. Ostenta el 72 por ciento, seguido de lejos por el primer mandatario (51) y por el rafaelino (47). “Va a ser presidente”, le dice a Letra P uno de sus cercanos, entusiasmado.

 

Para Martín Ostolaza y Guillermo Variego, titulares de la consultora, el alto porcentaje se debe a tres factores: opinión pública, medios y política. "Sus formas amenas, su gestualidad cálida son del paladar de una gran mayoría de rosarinos", aporta la dupla ante la consulta de Letra P.

 

Con respecto al segundo punto, los consultores creen que su estrategia mediática "viene dando resultados", ya que "problemáticas de alto impacto" como el conflicto del transporte, la usurpación de terrenos, la inseguridad, o una "gestión deslucida en términos generales", no lo tuvieron a Javkin como "responsable de la resolución". Ostolaza y Variego infieren, en ese sentido, que la valoración del intendente supera a la de su propia gestión. Por último, los encuestadores destacan el pragmatismo del alcalde a la hora de armar su esquema de acuerdos local. "Los que no forman parte encuentran dos dificultades: la de hacer política en un contexto de pandemia y crisis generalizada, y la de enfrentar a un intendente con altos niveles de aprobación", señalaron.

 

Con Perotti se fundió rápidamente en un abrazo. En función de la crítica situación financiera que heredó, sabía que lo iba a necesitar desde el vamos. El gobernador le cumplió. Javkin, en contrapartida, le abrió las puertas de Rosario, hostil para cualquier conservador. Es también un enigma cómo se comportará el dúo ante el futuro cierre electoral. Pese a que tiene dirigentes que le piden que se pelee de vez en cuando con Perotti, el intendente sigue fiel a su libreto y evita el conflicto con la Casa Gris.

 

Larreta lo sigue de cerca. Como contó Letra P, hablan seguido y el rosarino destaca la gestión del capitalino. Lo querrán tentar para que juegue en Juntos por el Cambio en 2021, pero difícil que el chancho chifle. “Con el PRO no”, dice uno sus más estrechos colaboradores. Claramente es ideal para el ideario progre que el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires pretende desarrollar.

 

Se sabe codiciado, pero no se apurará, se esforzará por no da pasos en falso. Procurará ampliar las fronteras de su Creo y quedarse con el liderazgo del no peronismo santafesino. Ganas le sobran y empezará a sumar aliados. “Esto es solo el principio”, destacan a su lado.