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Manda en Diputados y se sienta con Perotti, pero pega en silencio. Inaugura obras como un gobernador y trasciende Santa Fe. Lifschitz y su vocación de poder.

Por 21/11/2020 10:23

Recorre e inaugura obras en su condición de diputado, no pierde de vista la posibilidad de moverse en el plano nacional, se sienta a solas con el gobernador Omar Perotti, habla poco y nada como buen tiempista y piensa más en 2023 que en 2021. Miguel Lifschitz es el hombre de los mil trajes.

El socialista tiene un tono para cada situación. Para las más riesgosas, se ajusta la corbata y calza un slim fit. Cuando juega de local, en cambio, se desabrocha el saco y muestra camisa clara. A sabiendas de que Perotti tiene la centralidad política en Santa Fe, el exgobernador procura sostener su construcción de poder con paciencia de orfebre. Sin prisa, pero sin pausa.

 

 

Deja que Perotti haga y corre a verlo cuando el rafaelino lo pide. La semana pasada, terminó una ronda de medios donde reiteró que le seduce ser candidato a senador nacional en 2021. Se lo piden casi todos y casi todas en el arco no peronista, pero no se deja llevar por esas mieles y no se apura.

FRENTE AMPLIO. Lifschitz cree que no es momento para tejer un frente de frentes con el PRO y la UCR. Augura un 2021 plagado de conflictos sociales y económicos y, en ese marco, vislumbra un oficialismo en baja, ajustando y con la necesidad de tomar medidas de fondo; un panorama riesgoso que –imagina– pondrá en riesgo el capital electoral del peronismo.

A fuego lento y anticipadamente, cocina su futuro sobre la construcción de “grandes mayorías”, un ingrediente necesario para enfrentar semejante crisis. Piensa en un Frente Progresista más amplio, con la incorporación de dirigentes de otros espacios. Cree, incluso, que al PJ santafesino le va a costar más de la cuenta sostener su unidad en la diversidad, pero no piensa en un acuerdo de partidos, orgánico, sino en dirigentes sumándose a título individual. Proyecta, aspira al engrandecimiento de esa alianza progresista que lo tiene apoltronado en el sillón central.

 

 

Su rol de presidente de la Cámara Diputados lo obliga a la búsqueda de consensos y al tono poco confrontativo que le propone la Casa Gris, pero para empardar la cruzada tiene a sus socios, en especial, al radical Maximiliano Pullaro, que emplea un discurso antiperonista bien marcado. Jamás encabeza el petardeo contra el gobierno, pero lo avala con su silencio.

En las últimas semanas, se subió al auto y visitó diversas localidades de la provincia. Se reunió con empresarios y entidades y participó de cortes de cintas. Lifschitz busca no perder territorialidad, se mueve como si siguiera en la oficina principal de la gobernación.

 

 

FRONTERAS. Si bien su prioridad es el juego político dentro de Santa Fe, mantiene un sólido vínculo con Roberto Lavagna y este viernes compartió actividad con el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo. La semana próxima, se mostrará con Facundo Manes. Seguirá con encuentros de tinte nacional porque entiende que se viene un tiempo de “grandes acuerdos”.

Hablará lo menos posible, entrecruzará sus manos y bajará el mentón, en pose de pensativo. Procurará marcar los tiempos ante quienes le piden que sea candidato sí o sí en 2021. Si el escenario lo amerita, se lanzará. Caso contrario, se calzará otro atuendo y, sin lamentos, buscará otro objetivo.