PLANO CORTO | CAFIERO-BIANCO

Gargantas con arena por necesidad y urgencia

Golden boys del FdT, llegaron tiernos a puestos clave. En gobiernos con pocas figuras de peso, pidieron la pelota y se cocinan a fuego fuerte, golpe a golpe.

Para intentar revertir la catástrofe económica que heredaron de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, Alberto Fernández y Axel Kicillof aplicaron la misma lógica al diseñar sus equipos: salvo excepciones, seleccionaron entre sus personas de máxima confianza y apostaron, en su mayoría, por figuras de bajo relieve político y mucho bagaje técnico. Pero a esa catástrofe la sobrevino otra, la sanitaria, y adelantó la batalla mediática y política con la oposición que se preveía recién para 2021. Así, los jefes de Gabinete que eligieron para administrar una crisis, Santiago Cafiero y Carlos Bianco, terminaron reconvertidos, a la fuerza, en coroneles de guerra.
 
Son varios los paralelismos que cruzan a Cafiero y Bianco y trascienden los generacionales y hasta los fisonómicos. Ambos llegaron a un cargo de bordes difusos, en el que las relaciones y las mediaciones son un activo crucial, sin experiencia en puestos de envergadura y mirados con desconfianza por la dirigencia tradicional. Los dos también lidian con una misma dificultad: cumplir otra de sus tareas, oficiar de pararrayos de sus jefes, se vuelve una labor titánica con un Presidente y un gobernador que, muchas veces, terminan haciendo las veces de jefes de gabinete.

 

Tanto Fernández como Kicillof pagaron algunos costos por romper con la tradición de poner en la Jefatura de Gabinete a dirigentes más masticados por el sistema político, como lo fueron Alfredo Atanasof, Jorge Capitanich, Carlos Corach o el mismo Alberto Fernández. Una funcionaria de alto rango reconoce que Cafiero fue de menor a mayor en esa carrera, que llegó como un dirigente sin experiencia en gestión y "muy vinculado a Alberto" y que fue construyendo el respeto de todo el gabinete. Eso le permite, ahora, mostrar que, cuando habla, habla el Gobierno. Así, ministras y ministros encuentran en su voz una referencia, un relato, un modo. Encuentran lo que en política llaman "letra".

 

EL NUEVO JEFE. Ese miércoles, Cafiero se preparó para un Zoom más con un grupo nutrido de funcionarios y funcionarias, 17 en total, pero el cuadro general no era el mejor. Sabía que, en horas de la tarde de ese 30 de septiembre, el INDEC anunciaría que la pobreza alcanzaba el 40,9%. Dos días antes, había informado otro desplome de la actividad económica de julio y ya estaba en gateras el informe de desempleo. El escenario era cualquier cosa menos alentador. "Esto es para valientes, hay que salir y poner el cuerpo", se lanzó con una arenga que tomó desprevenida a su reducida audiencia. Dicho de otro modo: les ordenó que "pidan la pelota", lo que tres meses antes había pedido un exjefe de Gabinete, Aníbal Fernández, Sobre su escritorio, Cafiero tenía un monitoreo de medios con un desagregado de cuánto habían salido cada uno de los participantes de esa videollamada a defender la gestión. Uno de los que lo escuchó admitió a Letra P: "Ese día. pasó de administrador a jefe".
 

 

En el primer piso de la Casa Rosada, reconocen que, en las últimas semanas, Cafiero se remangó un poco más sus camisas siempre blancas y se calzó los guantes de box. Aunque sostienen que no es una actitud premeditada o amparada en una estrategia, encuentran varias razones. Una es que haber evitado un colapso epidemiológico en el AMBA permitió concentrar más acciones de gestión política y menos de la sanitaria. Otra es que el Presidente abandonó el encierro de Olivos y volvió a trabajar en Balcarce 50, liberando un poco más a su jefe de Gabinete. Una más es la reaparición pública de Macri.

 

 "Santiago encontró un contrapunto muy interesante con el macrismo", evaluó un ministro. "Se fabricó un lugar para contar el gobierno, que era necesario, pero también creó un tono especial para confrontar con Macri", agregó, sin dejar de aclarar que el partido verbal y público con el expresidente es un partido "cómodo para jugar". Para esto, también fue importante el desarrollo de la interna ajena: mientras Cafiero despotrica contra el macrismo, en su presente y su herencia, este mismo miércoles se estrechó en un abrazo con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, el mismo que antes se abrazaba con otro y en el mismo lugar: con el propio Macri.

 

Asimismo, todavía le reclaman por falencias a la hora de aceitar el funcionamiento del Gobierno. Admiten que articuló bien relaciones entre gobernadores y ministerios que quedaron en manos con poca -o nula- experiencia de gestión, pero la coordinación de los gabinetes temáticos genera muchos cuestionamientos. "Ningún funcionario va a decir que sale de esas reuniones con alguna solución", se lamentó un hombre que participa en esas cumbres diarias en la Casa Rosada.

 

 


 
En este tono que fue armando, el jefe de Gabinete acuñó definiciones que quedan por fuera del corralito de moderación que limita al Presidente. Acusó al macrismo duro de hacer "terraplanismo político" y alertó que, si seguían por esa línea, iban "camino a convertirse en una ultraderecha antidemocrática y minoritaria".
 
EL OTRO YO. “Alter ego de Axel”. Así describe a “Carli” Bianco un alto funcionario del gobierno bonaerense. Aquí aparece otro aspecto común: si Cafiero es la voz menos controlada de Fernández, Kicillof también habla a través de su jefe de Gabinete y amigo personal. 

 

 


 
Sobre todo en las últimas semanas y como si se tratara de un guardaespaldas, Bianco tuvo éxito en la tarea de recibir balas que tenían como destinatario al gobernador, valor que se ganó tras meses de pandemia acumulando poder interno. Hoy, es un puching ball de la oposición bonaerense casi al nivel de Kicillof. 
 
Bianco no se queda quieto y pocas veces suelta su teléfono. Salvo cuestiones operativas, maneja sus propias cuentas de redes sociales, las que en las últimas semanas usó a discreción para trenzarse con dirigentes del PRO por temas varios: les pidió a intendentes que se hagan cargo por no respetar la restricción de actividades y, por una nota de este medio, se cruzó con el exintendente de Morón Ramiro Tagliaferro, que lo trató de nene y de que tiene que “dar muchas vueltas en Clio” antes de cuestionar a los jefes comunales. “Hay que pegarle al chancho para que salte el dueño”, respondió Bianco, en un tono chicanero que sacó a relucir más que nunca en la segunda mitad del año.
 
Junto a la ministra de Gobierno, Teresa García, y al secretario general, Federico Thea, es una de las patas políticas que tiene Kicillof. La oposición tiene mejor consideración de García y -en menor grado- de Thea que la que tiene de Bianco. Tras la épica del Clio recorriendo la provincia, su desembarco en el poder provincial fue ruidoso. Intendentes propios y ajenos advierten lo áspera que resulta, muchas veces, la negociación con el jefe de Gabinete. Si pudieran elegir, varios optarían por otro interlocutor con Kicillof.  

 

 


 
Bianco repite que no mira televisión ni sigue el minuto a minuto de las noticias. Sin embargo, al menos una vez por semana, da entrevistas y habla en nombre del gobierno a través del amplio espectro mediático: desde C5N hasta CNN Radio.

La conferencia de prensa que brinda todos los martes para dar detalles del cuadro epidemiológico terminó, de a poco, transformándose en su trinchera. Desde el Salón Dorado de la gobernación, parafraseó a Perón en más de una ocasión, apuró a la oposición para conseguir los votos para tener el endeudamiento, ironizó sobre Tandil y la decisión de su intendente de romper con el esquema de fases dispuesto por la Provincia y esta semana, ante la anunciada llegada de la vacuna rusa, se permitió extender los límites de la chicana política. “Quédense tranquilos -pidió a los detractores opositores del acuerdo con el laboratorio Gamaleya-: no es un paso al comunismo”.

 

Alfredo Francolini firmó como funcionario de Rogelio Frigerio, ante la mirada del ministro Manuel Troncoso y Gastón Bagnat, titular de la Caja de Jubilaciones.
Javier Milei y Victoria Villarruel, en verde oliva.

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