EL LABERINTO ARGENTINO

El Gobierno, el dólar y el fantasma de Macri

La duda sobre cuánto cabe apurar el paso al equilibrio fiscal: entre el FMI y una sociedad dañada. Tasas e impacto recesivo. ¿El mito del eterno retorno?

La decisión de la Comisión Nacional de Valores (CNV) de reducir de tres días hábiles a dos el llamado parking, esto es el plazo que los compradores de un activo en pesos deben esperar para venderlo en dólares a fin de acceder a esa divisa, marca un nuevo mojón en la decisión del ministro de Economía, Martín Guzmán, de desandar el camino hiperregulatorio impuesto el 15 de septiembre, que no frenó la suba de los tipos de cambio paralelos ni el drenaje de divisas. Sin embargo, la medida es meramente instrumental y deja pendiente el fondo de la cuestión: ¿cómo desactivar la bomba que parece llevar a una devaluación del tipo de cambio oficial, un escenario pernicioso para las empresas y los trabajadores? En ese sentido, los especialistas plantean posibilidades como un ajuste más acelerado de las cuentas públicas y un incremento de las tasas de interés, herramientas que, si bien son las únicas disponibles, no le evitaron a Mauricio Macri un estallido cambiario interminable en la segunda mitad de su mandato. ¿Hay salida entonces? ¿Les alcanzará el tiempo a Guzmán y al presidente Alberto Fernández para pasar el verano y llegar al inicio de la temporada de la soja, que debería aportarle reservas vitales a un Banco Central debilitado? Acaso, para evitar el eterno retorno a las grandes crisis nacionales, la respuesta esté en las dosis.

 

La inflación de octubre fue una señal de que la economía está ingresando en un régimen cuyo piso, en los próximos meses, estará en torno al 3,5%. Esa dinámica se alimenta por la emisión monetaria realizada este año y las transferencias de utilidades del Banco Central que cubrir el rojo fiscal. La percepción es una mayor presión sobre el sistema de crawling peg (minidevaluaciones periódicas) y un probable salto discreto del dólar oficial”, planteó el tema, en diálogo con Letra P, el economista Gustavo Reija.

 

También convocado por este medio, Federico Furiase, director de la consultora EcoGo y profesor en la Maestría de Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), señaló que, “sin reservas en el Banco Central, sin acceso a los mercados (internacionales) y con la demanda de dinero marcando el límite de la expansión monetaria por el déficit fiscal, el Gobierno hace el ajuste por las buenas, con una consolidación fiscal en el marco de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que implique dinero fresco, o, si se sigue de largo con el déficit y la ‘maquinita’, más temprano o más tarde vendrá el ajuste por las malas con un fogonazo inflacionario”.

 

 

Fuente:  Relevamiento de Expectativas de Mercado (Banco Central).

 

 

“A mayor esfuerzo de consolidación fiscal, más margen tendrá el Gobierno para evitar una devaluación desordenada que arriesgue una espiral de precios y salarios. Lo bueno es que tiene margen para evitar el escenario de un ajuste por las malas, aunque es una decisión política difícil que tiene que tomar entrando al año electoral con una economía que viene de tres años de recesión y licuación del salario real”, admitió.

 

La receta del ajuste menos gradual, ya planteada en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), implicaría un freno relativo al rebote de la economía, proyectado en 5,5% en el Presupuesto 2021 tras una caída estrepitosa del orden del 12% este año, algo así como una lluvia sobre el piso mojado de una recesión de tres años que dejó “cuatro millones menos de empleos y 22.000 empresas” menos en la pandemia, como recordó la consultora Analytica en su último informe.

 

 

 

“Por supuesto que esto debería enmarcarse en un plan consensuado con el Fondo y no ser un acto precipitado, dado por la presión del mercado. Una vez más, en la Argentina la pregunta es si la devaluación será anárquica o integrada a un plan. De otro modo, ¿será poco y tarde, como ha ocurrido muchas veces, o logrará estabilizar las expectativas?”, dijo Reija.

 

“Con la aceleración de la inflación a un nuevo piso de 3 a 3,5%, el Central tendrá que acelerar el crawling del tipo de cambio oficial para no atrasar el tipo de cambio real y, al mismo tiempo, seguir subiendo la tasa de interés. Sin embargo, para que esta dinámica sea estable, sería clave acelerar la consolidación fiscal en el marco de un acuerdo con el Fondo”, agregó Furiase.

 

El hombre de EcoGo introduce la cuestión sensible de la tasa, cuya suba es conocidamente problemática en la Argentina.

 

“La corrida sigue y las herramientas y opciones se agotan”, advirtió la consultora Ecolatina en su último informe. En ese contexto, además de la consolidación fiscal en curso, “el Banco Central podría incentivar el ahorro en pesos a través de un mayor rendimiento de los plazos fijos y, de esta forma, desalentar parte de la compra de dólares”, dijo.

 

De hecho, eso ya viene ocurriendo, solo que la cautela en el uso de ese recurso diluye su resultado, dado el salto de la inflación. La dosis debería ser mayor, pero el problema es que también amplificaría los efectos adversos.

 

 

 

“La contracara de una suba –importante– de la tasa de interés sería un aumento –importante– en el costo de financiamiento en pesos, tanto para las empresas como para las familias”, dijo Ecolatina.

 

Dado que, covid-19 mediante, el crédito subsidiado por el Estado se destinó más a mantener el capital de trabajo –por caso, el pago de salarios– que a impulsar la inversión, un aumento de la tasa pondría en mayores aprietos a las empresas y a los trabajadores para sobrevivir a la coyuntura crítica. Además, explicó Ecolatina, una eventual “cesación de pagos de cualquier firma no termina ahí, sino que se extiende a sus proveedores y acreedores, pudiendo generar un riesgo de quiebras generalizado”.

 

“Sin embargo, no es menos cierto que un salto del tipo de cambio complicaría todavía más el desarrollo de la actividad económica”, expresa al delinear el dilema oficial, y eso “no impactaría solo sobre aquellas empresas endeudas, sino sobre toda la economía. Por lo tanto y sin dudas, su efecto sería mucho mayor que el de una suba significativa de la tasa de interés”.

 

El problema es que, además de potencialmente peligrosa, una suba fuerte de las tasas también podría resultar inútil. “La escasa profundidad del crédito torna menos efectivo este canal, de modo que hay un riesgo concreto de subir la tasa de interés, aumentar el costo de financiamiento en términos reales y, sin embargo, no poder evitar la devaluación”, indicó.

 

Los dilemas son pesados y el tiempo apremia.

 

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