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Monzó tiene un plan V

Está obsesionado con ser gobernador en 2023 y necesita ser candidato en 2021. Ve en la exgobernadora la llave para evitar la guerra. Asados y broncas con Macri.

Está obsesionado con ser gobernador en 2023 y necesita ser candidato en 2021. Ve en la exgobernadora la llave para evitar la guerra. Asados y broncas con Macri.

Por 22/11/2020 10:28
Mundo Macri

Emilio Monzó tiene una obsesión, ser gobernador de Buenos Aires; un objetivo, llamado María Eugenia Vidal, y un plan, que consta de dos pasos. El primero, ya encaminado, es recomponer el vínculo con la exgobernadora, muy dañado después del ninguneo que sufrió por parte de la entonces mandataria bonaerense en el cierre de listas de 2019; el segundo, a mediano plazo, convencerla de que encabece la lista de candidatos y candidatas a diputados el año que viene, armar una especie de “fórmula” para compartir la campaña y patear para 2023 una guerra en Juntos por el Cambio (JxC) que, de otro modo, podría adelantarse a 2021 con la provincia como campo de batalla.

Monzó no esconde su fantasía de ser gobernador bonaerense, más bien lo contrario. Ante ese deseo, tiene una deuda pendiente: llevar adelante una campaña provincial. Para eso, necesita ser candidato en 2021. No lo motorizan las ganas de volver a la Cámara de Diputados como soldado raso, luego de haberla manejado cuatro años, pero necesita ser candidato. La opción A es encabezar una lista y competir dentro de JxC, pero esa opción empieza a desvanecerse si Vidal decide a volver a poner un pie en la provincia, decisión que aún no tomó y, probablemente, no tome al menos hasta marzo del año próximo.

El plan B del armador, que se adjudica la autoría intelectual de transformar hace cinco año a Vidal en una competidora bonaerense, es, en realidad, un plan V. “Si María Eugenia decide jugar, estamos dispuestos a reconocerle el liderazgo”, admiten cerca de Monzó. La contraoferta sería que, si la exgobernadora es la número 1 en la lista de JxC de 2021, el número 2 sea Monzó. Creen que, firmando ese acuerdo, se salvaría a la alianza opositora de una guerra intestica que, igualmente, sería inevitable en 2023.

 

 

Lo que esperan es que del vidalismo surja lo que, creen, es también un reconocimiento a la tarea de Monzó para la victoria en 2015, a su fidelidad al macrismo hasta 2019 –pese a las diferencias que terminó evidenciando Mauricio Macri en una serie de entrevistas- y a su peso como armador bonaerense. Igualmente, avisan que, si Vidal juega pero no aparece “ese reconocimiento” –así le dicen-, “bueno, habrá una interna”.

LA SOCIAL. El primer paso para trazar puentes entre el vidalismo y el monzoísimo era dejar atrás las broncas, todavía tibias, que dejó el armado de las listas del año pasado. A Monzó le molestó menos que su amigo Horacio Rodríguez Larreta no le atendiera el teléfono para colar nombres en la Ciudad que lo que le hizo Vidal: recibirlo, abrirle la puerta y decirle, cara a cara, que no le iba a dar lo que le pedía. Solo le garantizó dos lugares para el actual Congreso, el 4 para Silvia Lospennato y el 9 para Sebastián García de Luca, pero hubo tranqueras cerradas en las seccionales.

Ese primer paso está avanzado. Es más, en el entorno de Monzó, lo consideran saldado. “La social está resuelta, falta resolver la relación política”, advierten. Esa “social” terminó de cocinarse hace unas dos semanas, en casa del exjefe de Gabinete de Vidal, Federico Salvai, en Pilar. Estuvieron allí el diputado nacional Cristian Ritondo, el anfitrión, Monzó, y el presidente del bloque de diputados del PRO entre 2015 y 2019, Nicolás Massot.

 

 

Antes de eso, hubo otro cónclave importante: un asado en el último piso de un edificio céntrico, muy cercano al Obelisco, que Ritondo utiliza como búnker. Ese almuerzo fue más masivo, hubo dirigentes de varios distritos de la provincia, como Alex Campbell. Justamente, el tándem Campbell-Massot fue una de las claves para el acercamiento. Ambos juegan su juego en la Primera sección electoral –Campbell en San Fernando, Massot, ahora en Tigre- y allí hubo buena sintonía para afinar la “rosca” que reivindica Monzó.

TIEMPO AL TIEMPO. Vidal no tiene apuro. Lo que tiene son dudas. No termina de convencerse de ser candidata el año que viene. Solo tiene claro que la función legislativa la atrae el equivalente a cero, pero también que jugará donde el plan presidencial de Larreta la necesite. Es decir: se debate entre hacer lo que ella quiera o lo que el espacio demande. Otra duda saldada: lejos de sumarle, la distancia con Monzó le resta. “Entendieron que estar peleados no es negocio para ninguno de los dos”, deslizó un colaborador de la exgobernadora.

Entre Vidal y Monzó juegan otros actores, que también tienen la mira puesta en la provincia de Buenos Aires, como Ritondo, el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, y el intendente de Vicente López, Jorge Macri. Con mayor o menor ímpetu, todos quieren correr la carrera por la Gobernación en 2023 y todos tienen planes distintos para ella. Si fuera por Santilli y el primo Macri, Vidal debería ser la heredera en la Ciudad y correrse de la disputa por la provincia.

Por eso, Monzó entiende como clave que Vidal encabece la lista: si ella es la líder del espacio, se negociarán con ella los lugares en las listas; si Vidal no juega, encontrar un acuerdo entre todos puede ser una tarea titánica. Más si, como impulsa un sector cada vez más amplio de la política, se suspenden las PASO. Un dirigente del macrismo bonaerense grafica ese escenario hipotético en pocas palabras: “Va a ser una carnicería”.

 

La foto del encuentro Bullrich-Vidal fue publicada en el suplemento El Espía, de diario Perfil.

 

Todos están unidos por un deseo más profundo: que, finalmente, Rodríguez Larreta se anime al parricidio de Macri, pero el jefe de Gobierno porteño agotará instancias para no tener que hacerlo. Apuesta a que el puente Marcos Peña termine por convencer al expresidente de que su presencia activa en JxC es perjudicial. Dicho de otro modo, lo que quieren es que Macri se convenza de que él no puede ser lo que es hoy Cristina Fernández de Kirchner para el Frente de Todos. Por dos razones: una es que perdió la reelección en primera vuelta, un hecho inédito en la Argentina, y que CFK fue reelecta con el 54% de los votos; la segunda, que ninguno está dispuesto a hacer campaña defendiendo su gestión al frente del Ejecutivo nacional.

De hecho, hay una molestia muy grande en el entorno de Vidal con el círculo íntimo de Macri. Dicen que los colaboradores más cercanos del expresidente están trabajando para instalar la idea de que Macri y la exgobernadora están recomponiendo su vínculo, cuando, en realidad, hace dos meses que no hablan. Tampoco le perdonan a Patricia Bullrich lo que consideran una emboscada. La presidenta del PRO convocó a Vidal al café Al Shark, frente al Jardín Botánico, a metros de su casa. Justo, de casualidad, había un fotógrafo que registró el encuentro. Esas cosas, entiende un allegado a Vidal, “no se hacen”.