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El nuevo relato de Macri en busca de un indulto social para Juntos por el Cambio

La autocrítica, un gesto sobrevalorado. Animémonos y vayan. La realidad y la negación. El 12-O y educación cívica básica: artículos 14 y 18. Futuro imperfecto.

La autocrítica, un gesto sobrevalorado. Animémonos y vayan. La realidad y la negación. El 12-O y educación cívica básica: artículos 14 y 18. Futuro imperfecto.

Por 13/10/2020 13:15

La pierna izquierda de ambos cruzada sobre la derecha, los trajes azules, las carpetas con machetes en ambos regazos, una lapicera en cada mano diestra, la amabilidad mutua y el diálogo blando habría hecho difícil para alguien recién llegado de un país más exótico que la Argentina distinguir quién era el entrevistador y quién el entrevistado. Aquí, sin embargo, se sabe que Mauricio Macri rompió el silencio –al menos en ese formato– que había mantenido desde el llano al que fue eyectado el 10 de diciembre del año pasado para bosquejar un relato que busca un indulto social para su fallida gestión de cuatro años. ¿Será él el beneficiario electoral del eventual perdón? Eso no se sabe. “No me veo”, dijo sobre una posible candidatura legislativa el año próximo y nada sobre 2023. ¿Puerta abierta o cerrada?

 

 

Por otra parte, ¿tendrá él la voluntad para pelear por su regreso? He ahí otra duda. Quienes lo frecuentan dudan de eso, según ha contado una y otra vez Letra P. El lunes, por lo pronto, decidió quedarse en casa mientras la calle ardía, acaso por los 61 años de edad que lo ubican –igual que a su visita– en un grupo de riesgo para el covid-19 o acaso para no mancillar el feriado, querido rey. Sin embargo, apoyó otra vez la movida de una derecha social dura que parece haberse apropiado de los rasgos del peronismo que, se supone, más deplora. Animémonos y vayan.

 

 

Como en quien admite el “defecto” de ser demasiado bueno, la módica autocrítica del nuevo relato de Macri consiste en haber confiado en exceso. 

Poco después de haber salido del poder, confesó haberles dicho a sus principales colaboradores que “cuidado, que yo conozco a los mercados: un día no te dan más plata y nos vamos a ir a la mierda. ‘No, tranquilo, que se puede seguir tomando deuda eternamente’… Después, cuando vino, fue un año y medio que fue una pesadilla”. Al final tenía razón.

 

 

Ahora, en su reaparición, sumó otra explicación al fracaso: el haber delegado la negociación política en los “filoperonistas” Emilio Monzó y Rogelio Frigerio. De todo eso podría concluirse que el gran problema del Macri estadista ha sido el no haberse hecho cargo de su responsabilidad de ser, justamente, presidente.

 

 

Además, claro, hay otras razones para el colapso que intenta explicar, pero que a la vez niega. La falta de mayoría legislativa es la principal, vinculada a tener que lidiar con un peronismo “irracional” y que está “secuestrado hace más de diez años por Cristina Kirchner”. Es llamativo que una sola persona concentre en su imaginario una proporción tan abrumadora de todos los males nacionales y que la voluntad popular que entronizó hace un año al Frente de Todos resulte tan olímpicamente ignorada.

Como sea, aquella combinación lo dejó inerme en su lucha por eliminar el déficit fiscal. Si esa fue y es su estrategia económica, la táctica hoy encuentra a Juntos por el Cambio embarcado en el rechazo cerrado al aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas. Al parecer, la brecha fiscal debe cerrarse, pero son los que menos tienen los llamados al sacrificio. De nuevo: animémonos y vayan.

La autocrítica se autolimita más y más. Macri arrastró hasta el último día una herencia maldita que tuvo el buen gusto de no enfatizar al principio y tuvo mala suerte porque el Frente de Todos ganó las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 11 de agosto del año pasado, “quedó claro que el kirchnerismo volvía al poder” y eso terminó su “gobierno económico”. No es que ese resultado haya tenido que ver con la crisis de más de un año que, hasta entonces, su gobierno les había “regalado” a los argentinos, hecha de megadevaluaciones cotidianas, fuga de divisas, vaciamiento del Banco Central, timba financiera, espiralización de la inflación, desplome del salario real, caída del consumo, recesión, pérdida de empleo privado en blanco y auge del cuentapropismo amante de la incertidumbre (Esteban Bullrich dixit), aumento de la pobreza, default en modo de “reperfilamiento” de deudas y, finalmente, regreso al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según Macri, justo antes de las PASO “volvíamos a crecer”. Es una pena que el INDEC, cuya refundación en manos de Jorge Todesca fue probablemente el mejor legado de su administración, lo desmienta. Llamar crecimiento a lo ocurrido, en comparación con meses recesivos del año precedente y antes de una nueva caída profunda, en solo en tres de los 12 meses previos, dos de los cuales arrojaron apenas un chichón de cero… eso es tener autoestima.

 

 

El relato del indulto deseado apuesta a lo que Juan Perón calificó en su momento como el efecto de la comparación entre el pasado remoto “no demasiado bueno” y el cercano “tan malo”. 

 

 

En ese punto, el nuevo relato macrista se entrelaza con el que, en verdad, le dicta la calle excitada. Según esta, el gobierno de Alberto Fernández ha conculcado las libertades, especialmente la de movimiento, so pretexto de combatir la pandemia. Además, ataca el derecho de propiedad, se supone que por haber planteado en su momento la expropiación –con pago– de Vicentin y hoy por la contribución por única vez que se pide a los 9.298 argentinos más ricos. Por último, pretende intervenir en la Justicia al hacer que el Senado envíe a sus tribunales de origen a jueces que habían sido desplazados a dedo a posiciones estratégicas, esto es, sin haber cumplido con los mecanismos constitucionales.

No importa que las medidas de restricción hayan sido acompañadas y hasta pedidas por los gobernadores, que haya una emergencia sanitaria global, que unos 400 argentinos mueran cada día por covid-19 y que la movilidad esté, al menos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), epicentro de la movida opositora, prácticamente normalizada. Tampoco interesa que Vicentin no haya sido expropiada y marche al desguace, eso sí, con respeto al derecho a vaciar sospechosamente la propiedad privada. Menos, que el mal llamado “impuesto a los ricos” sea tramitado, como se debe, por el Congreso. Finalmente, no hubo en su mandato mesa judicial, espionaje ilegal, estímulo a la jurisprudencia creativa y ad hominem y no tiene relevancia que los casos de Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli partan, como fue en su hora el fallido nombramiento por decreto de dos jueces en la Corte Suprema, de sus propios excesos. En opinión de Macri, el oficialismo viola la independencia del Poder Judicial, pero es su principal dadora de legitimidad republicana, Elisa Carrió, quien acaba de atribuirle que Cristina Kirchner no fue presa “porque el gobierno de Cambiemos no quería que se hiciera justicia”.

 

 

El lunes de superacción del 12-O incluyó la arenga del principal multimedio del país a que los descontentos se manifestaran frente al domicilio de la vicepresidenta, una marcha y contramarcha en Olivos que pudo haber derivado en cualquier cosa, nuevas agresiones callejeras a periodistas y hasta escraches a sanatorios como el Antártida, donde hay personas que pelean por su vida. Al final de la jornada, el expresidente ensayó su nuevo relato, con los objetivos de mínima de reivindicar su legado y, de máxima, de darle nueva vida electoral a Juntos por el Cambio y, quién dice, a sí mismo.

El peligro de violencia social es cada vez más concreto y Carrió emerge ahora como la voz de la sensatez en la oposición. Sorprendente.

 

 

Mientras el dólar hace la suya de nuevo, el Gobierno dice querer “tranquilizar la economía”, pero, con sus propios errores, con esa calle que asusta y con tanto paleoliberal desatado, va a ser difícil.

¿Cómo se resuelve la economía cuando lo que se discute –vaya para donde quiera el corazón de cada uno– son los artículos 14 y 18 de la Constitución Nacional?

El país se revuelve, como desde de la gesta de la independencia, en los problemas más básicos, como su organización institucional, sus reglas de convivencia social y el respeto a la voluntad popular. Así no hay economía que valga.