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Fernández, por ahora, a mitad de camino en su idea de “encender la economía”

Los aumentos de jubilaciones, AUH y salarios se dieron con freno de mano por las restricciones presupuestarias y las dificultades de las empresas. Las tareas pendientes. ¿El inicio del camino?
Por 09/01/2020 15:05

“Volver  prender la economía que (Mauricio) Macri apagó” fue, probablemente, la promesa de campaña más importante y conceptual de Alberto Fernández. Desde su llegada al poder, un camino demasiado angosto –enmarcado por un virtual default de la deuda pública, una inflación de casi el 55%, empresas exhaustas, consumo popular en picada y una caída del producto de casi el 3%- limitó la capacidad del gobierno que asumió el 10 de diciembre para imponer medidas reactivadoras. ¿Lo anunciado hasta ahora permite pensar en una economía otra vez encendida o se quedan a mitad de camino?

Hasta el momento, el ministro de Economía, Martín Guzmán, lanzó sendos bonos de $5.000 en diciembre y enero para alrededor de 4,5 millones de jubilados y pensionados de las escalas más bajas, previa de otro incrementó que llegará en marzo; uno de $2.000 para las 2,2 millones de familias que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH); un incremento de $3.000 en enero y otro de $1.000 en febrero, a cuenta de paritarias, para los trabajadores del sector privado; y lo mismo para los estatales, hasta un tope de ingreso de $60.000. El estado de las empresas y de las cuentas públicas impidió ir más allá en el conato de shock de consumo.

Por otro lado, las familias también se beneficiarán en el corto plazo por otras medidas, como el congelamiento de las tarifas de transporte por 120 días y las de energía por 180. Precios cuidados, dólar calmo y nafta sin cambios se agregan al combo. ¿De nuevo: alcanza?

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“La estabilización de las variables nominales es condición para que las paritarias recuperen el salario”

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y Profesor en la Universidad Di Tella.

 

Lo que hay por el momento son medidas de contención de daños para estabilizar el desplome de los ingresos reales con el congelamiento transitorio del dólar oficial, las tarifas y los combustibles. Sin embargo, en el agregado no hay un shock de impulso directo a la demanda porque no hay financiamiento disponible. Esa es la razón por la que tenemos un fuerte aumento en la presión tributaria y una desindexación de las jubilaciones de la inflación pasada.

Por otro lado sabemos que el congelamiento de dólar, tarifas y combustible es morfina de muy corto plazo y no sirve para estabilizar las variables nominales de una manera sostenida. Entonces,  para pensar en una reactivación es necesario que tengamos un resultado favorable en la negociación de la deuda que permita bajar las tasas de interés para reactivar el crédito y estabilizar de una manera persistente las variables nominales para que, con las nuevas paritarias, tengamos una recuperación en el margen del salario real.

A su vez, para tener un resultado win-win en la negociación de la deuda, deberíamos lograr una reestructuración que permita descomprimir el perfil de vencimientos negociando no pagar intereses durante dos años y una extensión en el pago de capital por un periodo de cuatro a cinco años. Además, los bonos posreestructuración deberían tener una paridad piso en torno al 60% contra el 45% actual, con una exit yield razonable, de alrededor del 10%. Para que eso sea posible, no tendría que haber una quita nominal de capital superior al 10%, suponiendo que la nueva estructura de cupones estaría en torno al 4,5%% (creciente a mayor duración del bono) y que la capitalización de los intereses durante el período de gracia corre al 2%.

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“Sin certezas sobre la deuda no habrá Presupuesto ni estímulos suficientes a la demanda”

Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic.

 

Las primeras medidas del equipo económico están orientadas a configurar un escenario marco que permita encarar el proceso de renegociación de la deuda pública. Este conjunto de acciones no pueden ser considerado como un plan integral y coherente, como el ministro prometiera, porque, entre otras cosas y como hecho no menor, no se cuenta con un Presupuesto 2020 que establezca los montos y prioridades en cuanto a la asignación de recursos y gastos, tanto a nivel corriente como de capital. Recordemos que se está ejecutando una prórroga del Presupuesto 2019.

Entonces se torna clave para el Gobierno cerrar la renegociación de la deuda en el primer cuatrimestre para poder contar con una proyección fiable del flujo de ingresos y gastos a enfrentar en lo que resta de 2020 y años subsiguientes. Únicamente de este modo las autoridades económicas estarán en condiciones de formular el tan mentado plan integral, que deberá contemplar no solo un enfoque de estímulo a la demanda agregada sino un sistema de incentivos que potencien el lado de la oferta de nuestra economía. Solo de esta manera se podrá cumplir con la promesa de campaña de Alberto Fernández de “encender la economía”.

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“Falta consolidar la tríada de renegociación de la deuda, diálogo social y políticas productivas”

Martín Kalos, economista jefe de la consultora Elypsis

 

Todo el paquete alcanza para frenar la caída y paliar los efectos de la crisis en estos meses, pero no para “encender la economía”. Esa frase por ahora depende de más variables y de políticas más profundas que requieren, ante todo, que se dé una tríada: que se clarifique el panorama de la renegociación de la deuda y, luego, el avance del diálogo social y la aplicación de políticas productivas.

Ese paquete, si se concreta de manera exitosa, es el que va a permitir reactivar la economía. Por ahora esto es un freno a la caída, lo que no es menor, pero no genera crecimiento.

No hay tantos recursos en este momento para inyectar en la economía de modo de reactivarla en forma sostenida y significativa. Tampoco hay perspectivas suficientes como para hacerlo con otros elementos, como mayores exportaciones, inversiones privadas o una mejora en el empleo y el salario. Para eso falta: primero tiene que darse la tríada mencionada.

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“El retorno del IVA a los alimentos va a limitar el impacto de las medidas, pero estas serán positivas”

Leandro Zicarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

 

En principio, el plan debería funcionar porque pone plata en los bolsillos de sectores que tienen una propensión muy alta a consumir y porque se parte de un escenario en el que hay una capacidad ociosa también muy elevada. Por esta razón, no haría falta que la inflación se dispare en el corto plazo para que la economía crezca.

El principal problema que veo es uno de coordinación porque en estos primeros meses del año lo que va a importar es la corrección de precios de alimentos, producto de la finalización de la exención del IVA. Por eso, aunque en condiciones normales habría funcionado sin dudas, en ese marco, de una inflación muy alta, vamos a ver fuerzas contrapuestas y un riesgo de que el efecto se licúe y el saldo sea neutral o levemente positivo.

Impacto negativo no va a haber de ninguna manera, por lo cual todo va a ser ganancia en materia de crecimiento, aunque tal vez en una medida menor que la que podría haberse esperado por el impacto del precio de los alimentos en enero y algo en febrero.

Ya sería una segunda etapa, más de mediados de año, podemos ver un despegue del consumo financiado en caso de que se mantenga el sendero de la reducción de las tasas de interés y que no aparezca ninguna alarma por el lado del dólar.

El motor de la economía va a ser el consumo, básicamente apalancado en un mayor gasto público en prestaciones. No veo otras posibilidades: las exportaciones no se van a mover y la inversión tampoco, al menos en el corto plazo. Por eso mantengo la previsión de un crecimiento de la economía de cerca del 2%.

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“Las medidas traerán una recuperación económica de corto plazo”

Gabriel Zelpo, socio de la consultora Seido.

 

Más allá de las medidas sobre jubilaciones, AUH y salarios, otros elementos importantes son el control de capitales, que también tiene beneficios en el corto plazo, y el conjunto de una política monetaria más expansiva.

Todo eso, que por otra parte es de corto plazo, va a servir para que se produzca una leve recuperación de la economía, aunque no creo que esté en línea con lo que prometió el Presidente.