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El candidato menos pensado

Nadie lo tenía en la grilla de los presidenciables del peronismo. Ungido por CFK, unió al peronismo y ahora amenaza con sacar a Macri de la Casa Rosada.
Por 10/08/2019 18:04
El candidato permanente

Entre mayo y noviembre de 2018, bajo el título "La Grilla del Peronismo", Letra P publicó una serie de notas sobre los posibles candidatos a presidente que el espacio podía llegar a presentar este año. Los nombres incluidos en la nómina fueron diez. Ninguno de ellos fue Alberto Fernández.

Para ese entonces, Fernández ya se había reconciliado con Cristina Fernández de Kirchner tras diez años de distanciamiento en los que la combatió desde el massismo, primero, y el randazzismo, después. Los visitantes del Instituto Patria coincidían en ubicarlo al lado de la ex presidenta en todas las conversaciones importantes, almuerzos, cenas y reuniones con exiliados del kirchnerismo que, después de la derrota del peronismo en las elecciones 2017, empezaron a pensar en el proceso de unidad.

Desde aquel reencuentro, en diciembre de 2017, el ex jefe de Gabinete fue tejiendo relaciones y reconstruyendo puentes rotos del kirchnerismo. Su omnipresencia y su afán de reconciliación con todo el arco peronista provocó, en un principio, cierto recelo en la dirigencia cristinista, que miraba con desconfianza el regreso de aquellos que se habían ido dando un portazo o habían lanzado acusaciones contra ellos durante años.

 

 

Fue Fernández el artífice de la reconciliación de Cristina con el Movimiento Evita y Felipe Solá y el nexo con los gobernadores que se habían planteado un futuro sin la ex presidenta. También, quien terminó de sellar la paz con Sergio Massa, que habían comenzado antes emisarios como Eduardo "Wado" de Pedro  y el propio Máximo Kirchner. Con el cristinismo también debió forjar lazos. A algunos dirigentes del kirchnerismo tardío ni siquiera los conocía. Con Axel Kicillof, a quien había cuestionado durante su paso por el Ministerio de Economía, se sentó a almorzar en una parilla de Agronomía a mediados de 2018. Terminó encantado.  

Fue el ex jefe de Gabinete quien, a poco de su llegada, convenció a Cristina de que tenía que escribir un libro. La ex presidenta empezó a escribir en abril de 2018. El 9 de mayo de 2019, Cristina sentó a Fernández en la primera fila de invitados frente al escenario desde el cual presentó "Sinceramente" en la Feria del Libro de la Rural, entre Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Fue el único dirigente político que logró esa ubicación. La ex presidenta le dio un lugar central en su discurso. "Quiero agradecerle al que me dio la idea de escribir un libro, que está en primera fila. Es Alberto Fernández", dijo Cristina mientras todas las cámaras mostraban a su ex jefe de Gabinete y la transmisión de todos los canales de televisión marcaba 36 puntos de rating.

 

 

Esa noche en La Rural, nadie tuvo dudas: Cristina hablaba como futura candidata a presidenta, el lugar que le tocaba de manera casi inevitable. Nueve días después, rompía todos los análisis políticos y pronósticos. Al minuto 50 de un spot difundido a las 9 de la mañana del 18 de mayo, Cristina anunciaba la decisión que dio vuelta el mapa electoral.  "Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice. Alberto, a quien conozco ya desde hace más de 20 años y es cierto, con quien tuvimos también diferencias", pateó el tablero Cristina y provocó un terremoto político en el peronismo y el Gobierno. ¿Qué tiene para aportar Alberto Fernández? ¿Es otro error de Cristina? Solo la ex presidenta había visto en su ex jefe de Gabinete a una figura capaz de encolumnar a los propios y convocar a otros, de convertirse en candidato.

En pocas horas, Alternativa Federal, el espacio que el peronismo no kirchnerista llevaba tres años construyendo, estalló en mil pedazos. Los gobernadores que hasta ese día formaban parte de ese colectivo salieron uno a uno a celebrar la decisión de Cristina y a respaldar la candidatura presidencial de Fernández, el dirigente que hasta ese día había sido el nexo con la ex presidenta para negociar el cierre de listas en todas las provincias. Massa también abrió la puerta a una negociación, que terminó en el café más publicitado de la historia y la construcción del Frente de Todos. Las únicas excepciones fueron Juan Manuel Urtubey, que se mantuvo en su objetivo de construir una tercera vía y terminó siendo candidato a vicepresidente, y Juan Schiaretti, firme en su antikirchnerismo.

 

 

Lo que siguió a una nominación inesperada fue, también, una campaña inesperada. Cristina le cedió a Fernández - para todos, Alberto - todo el protagonismo y entre los dos diseñaron una estrategia que dividió roles. La ex presidenta se dedicó a consolidar el voto propio y a convencer al cristinismo, en un primer tiempo desencantado con la noticia, que veía en Alberto casi a un infiltrado de otros tiempos y seguía clamando por la candidatura presidencial de Cristina, sin tener en cuenta que había sido su propia líder la que había visto sus propias limitaciones antes que nadie.  El ex jefe de Gabinete puso manos a la obra para convencer a los indecisos y a desandar enemistades. También, a seducir al cristinismo más puro.

La maquinaria tardó en entrar en funcionamiento. Contrarreloj, Fernández armó un búnker propio, que empezó a coordinar estrategias con el Instituto Patria, primero, y con el Frente Renovador, después. Hubo desajustes y algunos tropezones de comunicación. En la búsqueda permanente del voto no asegurado, el candidato pisa territorio adverso, concede entrevistas a periodistas que no simpatizan con el kirchnerismo y ni siquiera con el peronismo. El temperamento lo traiciona.

 

BIO. Nació el 2 de abril de 1959 en Buenos Aires. Cursó la escuela secundaria en el Colegio Mariano Moreno y empezó a militar en el peronismo en la adolescencia. Su padre era juez y su tío materno, fotógrafo de Juan Domingo Perón. Se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en 1983. Fue profesor adjunto en la cátedra de Derecho Penal y Procesal Penal del exprocurador General de la Nación Esteban Righi, a quien considera su maestro. Actualmente dicta la materia Teoría General del Delito y Sistema de la Pena en la misma Facultad. En a década de 1980, fue conjuez del Juzgado Federal de San Isidro. En 1985 fue designado subdirector General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía del gobierno de Raúl Alfonsín. En 1989, ya con Carlos Menem como presidente, fue designado superintendente de Seguros de la Nación, cargo que ejerció hasta 1995. Al año siguiente comenzó a trabajar en la provincia de Buenos Aires junto a Eduardo Duhalde. En 1998 fue designado tesorero de la campaña presidencial de Duhalde. Tras la derrota, empezó a armar el Grupo Calafate junto a Néstor y Cristina Kirchner. Entre 2000 y 2003 fue electo legislador de la Ciudad de Buenos Aires por la alianza Encuentro por la Ciudad, liderada por Domingo Cavallo como candidato a jefe de Gobierno. En 2003 asumió como jefe de Gabinete de Kirchner. Renunció en julio de 2008, con Cristina como presidenta, en plena crisis del campo. Trabajó junto a Sergio Massa en el Frente Renovador y luego junto a Florencio Randazzo. En ambos casos, cuando enfrentaban a Cristina. En diciembre de 2017se reconcilió con la ex presidente y comenzó a trabajar por la unidad peronista. El 18 de mayo de 2019 Cristina anunció su candidatura presidencial.

 

El Frente de Todos se va aceitando sobre la marcha. El massismo sale de campaña con el kirchnerismo por la provincia de Buenos Aires. Las relaciones personales van rompiendo las broncas políticas. Massa sorprende con su alineamiento. Su discurso, el de Kicillof y el del candidato a presidente empiezan a marcar el rumbo.

Fernández empieza a construir su base de poder. Consolida la relación con los gobernadores y dirigentes que no hablan con Cristina desde 2015, como el tucumano Juan Manzur, y otros que no hablaron jamás, como Matías Lammens. Recibe el apoyo de la CGT que resistía a la ex presidenta, se mueve al lado de otros dos repatriados, Massa y Solá, que ofician en el último tramo como voceros de campaña. Insiste una y otra vez en señalar los errores de la última etapa kirchnerista, pero defiende a Cristina a capa y espada. Critica la manipulación del INDEC, el déficit fiscal, el cepo. Responde en loop cómo sería un gobierno suyo con Cristina como vice, cómo va a convivir con La Cámpora, qué piensa de la corrupción. Vuelve a hablarle al campo y recuerda que él también abandonó el barco kirchnerista después de la 125. Consigue el respaldo de buena parte del peronismo cordobés y logra que Omar Perotti no se desentienda de la elección nacional y se ponga al hombro la campaña en Santa Fe. Promete reeditar éxitos del primer gobierno de Néstor Kirchner, que lo tuvo como principal ejecutor.

 

 

Sobre la recta final, la candidatura agarra velocidad. En Córdoba, frente a un grueso del peronismo que decidió romper la proclamada neutralidad de Schiaretti y militar por su candidatura, Fernández, a veinte días de las PASO, encuentra el tono del discurso. Los desajustes se empiezan a ver enfrente, el oficialismo comete errores nunca vistos en campaña macrista. El Presidente se enoja, grita, María Eugenia Vidal se embarra con la tragedia de Once.

En Rosario, tres semanas después, Cristina da un último discurso. En el albertismo ruegan que nada irrite al electorado no cristinista que el candidato supo conseguir. La ex presidenta da su mejor versión. Frente a una multitud y de espaldas a una docena de gobernadores, le levanta el brazo a su candidato. "Se siente, se siente, Alberto presidente", gritan casi 200 mil frente al Monumento a la Bandera. El ex jefe de Gabinete promete cambiar la Argentina. Tras casi cuatro años tormentosos, de derrotas, internas y peleas, el Frente de Todos vende esperanza. Fernández, durante décadas el armador político y hacedor de campañas ajenas, con todo el peronismo y parte del progresismo detrás, llega a las PASO convertido en el candidato más potente que solo Crisitna vio.