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La transición controlada de Macri y Peña

Trazaron el plan anticrisis para mostrarse dueños de la iniciativa tras la derrota en las PASO que disparó la debacle económica. Jugarán esa carta hasta octubre. Lilita, la motivadora.
Por 21/08/2019 9:19

Hasta que logre estabilizar el dólar y pueda mitigar los coletazos más perniciosos de la corrida cambiaria post PASO, el presidente Mauricio Macri buscará mostrarse hiperactivo, pero con la atención puesta en la gestión. Junto a su jefe de Gabinete, Marcos Peña, hace una semana aceptó desdoblar el ritmo del Gobierno con los tiempos de la campaña proselitista.

“Sin dólar estable no hay administración posible y sin gestión será muy difícil hacer campaña para hablarles a los desencantados y a los indecisos”, se lamentó, visiblemente apesadumbrado, un alto funcionario de Balcarce 50 para confirmar las concesiones que hicieron Macri y Peña ante el coro furibundo de ministros y funcionarios que les reclamaron “bajar un cambio” con la estrategia de “redoblar la apuesta” que enunció el líder del PRO el lunes 12 de agosto, cuando responsabilizó a los votantes de la oposición por la estampida del dólar.

 

 

El esquema provisorio y desordenado en el que funciona el Ejecutivo es producto de la urgencia y no de la convicción. Macri buscará mostrarse como “gestor de la crisis” hasta que empiecen a correr los plazos legales para el reinicio de la competencia electoral. Por lo menos así lo hará, aseguran en su entorno, hasta que el PRO termine la revisión total de la campaña del oficialismo y lance sus nuevos productos discursivos. El objetivo: navegar un horizonte que se asoma tormentoso y que, según los cálculos del Gobierno, posiblemente empeore cuando se conozcan las estimaciones inflacionarias de mediados de septiembre y apenas haya un panorama certero sobre la evolución de los precios minoristas que, para los cálculos más optimistas, serán sombríos dentro de escasos diez días.

 

 

Hasta que esos contornos se consoliden, el Presidente se aferrará a su gestión con un inocultable tono de transición, entre los llamados telefónicos al candidato opositor Alberto Fernández y la inmanente presencia en la Casa de Gobierno de su compañero de fórmula, el senador Miguel Pichetto, que comenzó a transitar ese hilo delgado desde la conferencia del lunes 12, cuando habló como un vice en funciones ante la llamativa ausencia de la vicepresidenta Gabriela Michetti.

Este martes, luego de la jura de Hernán Lacunza como reemplazante de Nicolás Dujovne en el Ministerio de Hacienda, Pichetto volvió a exhibirse como un funcionario con cargo designado y acompañó al Presidente hasta su despacho, en una omnipresencia indirectamente proporcional al silencio de Michetti, que pasa los días de la crisis sin decir una sola palabra. 

En Balcarce 50 admiten que la presencia intermitente de Pichetto es parte de la puesta en escena que funcionará hasta octubre. No sólo estará orientada a comunicar puertas afuera del Gobierno, sino, también, hacia las entrañas de una legión de funcionarios que no pueden ocultar su desazón y desesperanza ante un escenario que consideran muy difícil de remontar. 

En medio de las críticas posteriores a la conferencia del 12 de octubre, el mayor destinatario de la furia fue Peña. Ante ese vendaval, Elisa Carrió funcionó como un pararrayos para evitar la remoción del ministro coordinador. El gesto no está dirigido a Peña, sino a cuidar al Presidente de un cambio más traumático en una cadena de mandos que atraviesa su enésima crisis interna. Aunque Pichetto y Carrió son dos figuras virtualmente irreconciliables entre sí, los dos buscan reordenar la campaña, pero también contener a los liderazgos en crisis de Cambiemos por el empeoramiento de las disputas internas ante una derrota que "no vieron venir". 

 

 

Por esa razón, la jefa de la Coalición Cívica insistió en frenar la sangría de renuncias y propuso jugar como “jefa de campaña”, con la única misión de proteger a Peña, que seguirá en su cargo y también al frente de la campaña, muy a pesar de sus principales críticos y detractores, como la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, además del ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

 

 

Hasta que haya “campaña nueva”, el único acuerdo forjado gira en torno a la balcanización provisoria de la campaña en los territorios que el oficialismo teme perder. Por esa razón, Vidal y la UCR buscarán provincializar y municipalizar su campaña, un punto que este miércoles será organizado a nivel federal desde el seno del partido centenario durante la reunión de su comité federal.

Con Peña en bambalinas y con su poder en la mira, Carrió podría detentar una jefatura de campaña provisoria, pero encargada de alimentar a su núcleo duro con mensajes tan furibundos como los que pronunció durante la noche de la derrota de las PASO o en la última reunión de gabinete ampliado, donde volvieron a cruzarse los cables pelados de la gestión del Gobierno, en espacios del Estado, con las arengas proselitistas de cada uno de los presentes, que sólo aludió a sus funciones públicas para asegurar que deben recuperar la gestión para remontar una campaña que, sin dólar estable, sigue sin diseño posible.