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Córdoba no salvó a Macri y Alberto F capitalizó su acuerdo con el PJ local

El Presidente perdió cinco puntos desde octubre de 2015 y el Frente de Todos arrimó al 30%, objetivo que se habían puesto tras las cuatro visitas del candidato a la provincia en la previa electoral.
El Presidente perdió cinco puntos desde octubre de 2015 y el Frente de Todos arrimó al 30%, objetivo que se habían puesto tras las cuatro visitas del candidato a la provincia en la previa electoral.
Por 12/08/2019 0:38

CÓRDOBA (Corresponsal) Dejando de lado el distrito federal que es la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba es la única provincia en que Mauricio Macri venció a Alberto Fernández. Sin embargo, la diferencia se vislumbra exigua en comparación a contiendas anteriores y proyecta esta vez un escenario adverso para el oficialismo nacional, al menos contra las expectativas y esperanzas previas.

En el tramo de precandidatos a presidente, la fórmula Macri-Pichetto obtuvo el 48,18% de los votos en Córdoba y el binomio Fernández-Fernández el 30,39%, duplicando la cosecha de las PASO de 2015, cuando logró apenas el 14,3% de los sufragios con Daniel Scioli como candidato. Consenso Federal, el frente liderado por Roberto Lavagna, sacó el 7,92%.  

Curiosamente, si se compara el resultado de Juntos por el Cambio con los de la misma instancia hace cuatro años, la de este domingo fue una mejor performance macrista, puesto que en las PASO de 2015 esa coalición obtuvo el 34,5%. Lo que sucede es que de ninguna manera el resultado puede ser leído desde esa óptica, porque el escenario político era totalmente diferente: José Manuel De la Sota, por entonces líder el peronismo local, participó en aquellas internas abiertas compitiendo por el espacio de Sergio Massa y le ganó a macristas y kirchneristas, con el 37,93%. Pero hoy De la Sota no está más, el gobernador Juan Schiaretti optó por un boleta corta sin adhesión a ningún precandidato presidencial, Massa se alió al proyecto del kirchnerismo y, así, el peronismo unido a nivel nacional creció un 100%.

 

 

Ahora bien, la comparación con la primera vuelta electoral del 2015 y el ballotage es aún más odiosa para Cambiemos. Macri obtuvo el 53% en los comicios y luego vapuleó en el mano a mano de la segunda vuelta, con el 71% de los votos. En aquella elección definitoria, que se presentó cerrada en términos generales, Córdoba le garantizó al por entonces jefe de Gobierno porteño la victoria y el acceso a la Presidencia. Con el resultado nacional de las PASO, esta vez, ni Córdoba pudo salvar al mandatario, que ahora tiene un camino por demás cuesta arriba para retener el poder.  

En el búnker del kirchnerismo, por el contrario, la candidata a diputada Gabriela Estévez se regocijó, expresando que el crecimiento con respecto las elecciones de gobernador en mayo pasado -donde esa fuerza no puso candidato y por lo tanto su cosecha fue cero- fue “exponencial” y que resulta el acortamiento de la diferencia a casi una victoria.

LA INFLUENCIA DE ALBERTO. En el tramo de diputados, Cambiemos ganaba con  el 41,14% (con Mario Negri como primer diputado), el Frente de Todos lograba el 23,23% y Hacemos por Córdoba, la boleta corta del peronismo schiarettista, conseguía el 16,75%.

Un capitulo particular de los comicios en Córdoba fue justamente que el oficialismo provincial determinó no adherirse profesamente a ninguna de las coaliciones nacionales con candidatos presidenciales y encaró la campaña de las PASO instando a los electores a que corten boleta en el tramo de diputados.

 

 

Sobre las instancias previas a la conformación de alianzas, cabe recordar que Schiaretti había liderado las negociaciones para constituir un frente electoral que incluyera a los líderes justicialistas no alineados con el kirchnerismo.

Tales conversaciones quedaron truncas, en primer lugar, por la falta de consenso sobre la candidatura de Roberto Lavagna. A la postre, aquel impulso de los gobernadores del PJ fue enterrado por la estrategia del kirchnerismo para sumar a Massa y postular a Alberto Fernández, como así también por la jugada de Cambiemos, que logró incluir como precandidato a vicepresidente a Miguel Pichetto, uno de los líderes de aquello que se llamó Alternativa Federal.

Sin embargo, no es menor el dato de que dirigentes de estatura que hoy están incluidos en el proyecto del gobierno provincial hayan expresado abiertamente que en lo personal trabajarían para el Frente de Todos. El primero de ellos fue el senador nacional Carlos Caserio, ungido como titular del bloque Justicialista en reemplazó de Pichetto. Quizás sea en este caso donde más quede expuesto el acuerdo que logró Fernández con el peronismo cordobés que, a las claras, rindió sus frutos. 

El otro dirigente que expresó su apoyo al kirchnerimos fue el intendente de Villa María, Martín Gill, ex rector de la Universidad Nacional de esa ciudad durante el gobierno de Cristina Fernández.

Un viejo dirigente delasotista graficaba este domingo: “En Córdoba, la sensación que parece tener más fuerza es que la opción peronista nacional es el binomio Fernández-Fernández. Cuando De la Sota vivía, peronismo para nosotros solo era el cordobés, no el kirchnerismo”.