X
Hace un año, industriales le adelantaron al Presidente que el desempleo iba a ser una pandemia. “Nah... son datos de la industria vieja”, respondió. Preocupación oficial por cómo se creará trabajo.
Por 21/06/2019 11:43

Una tarde en la Casa Rosada. Mauricio Macri, Gustavo Lopetegui -por entonces, vicejefe de Gabinete- y un grupo pequeño de popes de la Unión Industrial Argentina (UIA). “Mauricio, la cosa está mal. Pero mal en serio. Y todavía no se vio lo peor: el año que viene vamos a tener fábricas con suspensiones, despidos y cierres”, le avisó el titular de la entidad, Miguel Acevedo. “Nah… Miguel, sé que la cosa no anda bien, pero esos son datos de la industria vieja”, le respondió el mandatario a una cúpula de CEOs asombrada.

Ya el jefe de Gabinete, Marcos Peña, había tenido varios encuentros reservados con industriales sin creerles demasiado, pero Macri sostenía en 2018, cuando los números de la actividad ya eran malos, que el problema era de unos pocos: la industria “vieja” es, para el Gobierno, el rubro textil, el del calzado, el de los hilados, el del consumo y el de los laboratorios. El oficialismo y sobre todo Lopetegui, un experto en el retail desde sus años en la creación de EKI Descuento, observan que hay fábricas que son improductivas y son, casualmente, aquellas que generan la mayor cantidad de empleos directos.

 

Macri y la cúpula de la UIA. 

 

Esta semana, el INDEC confirmó que el aviso que los industriales le dieron hace un año no sólo era cierto, sino que recién ahora empieza a reflejarse en cifras. Y que lo peor de la crisis no pasó, sino que caerá justo cuando el Gobierno más necesita buenas noticias. Esto encendió luces rojas en el oficialismo, que venía envalentonado con el efecto positivo en el ánimo de la incorporación de Miguel Ángel Pichetto. Se dio cuenta la Casa Rosada de que la crisis económica puede profundizarse en plena campaña. Y advirtió que, además, será muy complejo generar puestos de trabajo en esta coyuntura, justo cuando disfruta tiempos de paz cambiaria en la previa de las PASO.

El organismo estadístico que conduce el peronista Jorge Todesca, que mide de forma prolija y poco cuestionable, reveló que en el primer trimestre de este año, en comparación con igual período de 2018, el desempleo llegó al 10,1% de la población activa, un punto por encima del año pasado. En números absolutos, son casi dos millones de personas sin trabajo y unas 211.000 más que hace 365 días. Además, creció la cantidad de gente que busca empleo y no encuentra. También inquieta la evolución de los precios mayoristas, que traza una curva ascendente mientras el Gobierno celebra que la minorista se desacelera. 

 

En el Gobierno creen que el dato de desempleo es el primero de muchos datos malos.

 

Alberto Sellaro es vice de la UIA y titular de la Cámara del Calzado. El martes pasado, en una reunión de Comité de la entidad, contó que el Gobierno les “cambió los valores de referencia de Aduana" y que les "están rodeando la manzana los chinos”. Sin ir a tecnicismos, esa modificación estipula que, por debajo de determinado valor, no se puede ingresar producto importado, monto que fue elevado.

La UIA tiene un conflicto interno que se acrecienta con la inminencia de las elecciones: una grieta entre pymes enfurecidos con el Gobierno y grandes jugadores que entienden que la ideología terminará inclinando el voto hacia Macri.

El calzado es una de las “industrias viejas” que tiene problemas serios de empleo generados por la importación y la baja del consumo. En la otra esquina, contó dinero delante de los pobres el ítalo argentino Cristiano Rattazzi, titular de FIAT. “Estamos en la dirección correcta, vamos bien”, dijo y celebró mayores ventas generadas por el subsidio a los precios que el Gobierno decidió para el sector autos, uno de los que menos emplea en forma directa en relación a otros rubros como el consumo, el calzado, los alimentos y hasta el sector financiero. Lo mismo hizo Toyota en la mesa de la UIA.

Minutos antes, José Ignacio De Mendiguren, ex presidente de la entidad y actual diputado del Frente Renovador, se había juntado con Acevedo y con Alberto Álvarez Saavedra para sondear cómo venía el clima de los dirigentes y qué postura tomaría la UIA ante la crisis y los despidos. Álvarez Saavedra es el hombre del Alplax. Jefe de laboratorios Gador, que produce ese tranqulizante, se trensó en una guerra sin cuartel con el Gobierno y Lopetegui ante el desprecio a los laboratorios. Le explicó al Vasco que la idea no es jugar a la política. Lo mismo cree Acevedo. Pero la UIA tiene un conflicto interno que se acrecienta ante la inmediatez de los comicios: una grieta entre pymes enfurecidos con Cambiemos y grandes jugadores que entienden que, más allá de la pandemia que atraviesan las fábricas, la ideología terminará inclinando el voto hacia Macri.

Lo que ocurre en la UIA es muy relevante. Es, quizás, la entidad gremial empresaria de más peso específico en el PBI y la que tiene, a la vez, el 80% de pymes y la dupla de gigantes: Techint y Arcor.

En los pasillos de la sede de Avenida de Mayo cuentan que la bronca con el Modelo M es manifiesta, pero que la implosión de la ancha avenida del medio los obligó a votar “con la nariz tapada”. Lo dijo claramente Luis Betnaza, mano derecha de Paolo Rocca en la entidad: “El odio a Cristina (Fernández) es muy fuerte”, sintetizó en una charla informal. No hay en la UIA y en casi ninguna cámara empresaria un amor real al macrismo. Mucho menos, entre los dueños que tienen que poner la cara para pagar salarios, despedir, suspender o cerrar. Es una opción obligada pero que impone más dudas que certezas. Han decidido, además, tragar el sapo de la predilección de Macri por empresarios “unicornio”, que son la envidia de los fierreros.

 

 

 

Horas atrás, el periodista Francisco Olivera contó en el diario La Nación que un grupo de CEOs creó, después del último paro del 29, un chat llamado “Nuestra Voz”. Allí, 160 empresarios proponen seguir con el Modelo M para lograr un cambio de fondo. Según supo saber Letra P, lo creó Martín Migoya, el CEO de Globant, una pyme que usufructuó los particulares subsidios del kirchnerismo para firmas de software para crear un gigante global. Luego, se radicó en un paraíso fiscal sin que nadie lo controlara.

El otro que metió mano en el chat es Guibert Englebienne, CEO de la cámara Endeavor, que agrupa a unicornios, techies y algunos financieros, como Mercado Libre. La casa es el refugio de Macri ante la crisis que reclaman los que producen. Tiene algunas particularidades el chat militante: hay pocos industriales, uno de ellos, el cafetero Martín Cabrales. Y dos claramente enfrentados en la idea de país. El jefe de laboratorios Insud y confeso progresista de izquierda, Hugo Sigman; y el célebre David Lacroze, directivo de la Sociedad Rural que le tomó una foto a CFK en un avión que se hizo viral en las redes sociales. “No hay intención de salir y crear una cámara nueva, pero la mayoría apoyamos al Gobierno”, contó uno de los que chatea en Nuestra Voz.

Este último pelotón es el que sustenta la idea de que el modelo no tiene filtraciones y que lo mejor que le podría pasar al país es la continuidad de lo que, entienden, es un cambio “histórico”. Son los acríticos, los que le hablan al oído al Presidente y tienen ascendencia en su pensamiento y sus posiciones. Pero tiene una coincidencia con los críticos: los dos votarán la continuidad política. Los avatares del Círculo Rojo son, al ojo ajeno, cuestiones difíciles de explicar desde cualquier lógica ajena a la grieta.