06|1|2022

01 de junio de 2019

01 de junio de 2019

La influencia del gurú Gutiérrez-Rubí, el que ablandó a CFK en 2017, para dejar el PJ del medio. Del dialoguismo a la oposición dura y la mayoría arrolladora. Solos en la madrugada y el contra Jaime.

Esta vez, no busca las marquesinas de la avenida del medio, sino el tumulto de la mayoría opositora. Alternativa Federal aparece en el espejo retrovisor de Sergio Massa y adelante se abre la salida hacia una gran interna en las PASO contra los Fernández. Famoso por ser el rey de la táctica y el más rápido en una baldosa, el ex intendente de Tigre cambió de estrategia. Lo hizo guiado por el consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, un especialista en comunicación que casi no se deja ver en público pero el jueves pasado estuvo en la Convención del Frente Renovador en Parque Norte.

 

Alternativa Federal aparece en el espejo retrovisor de Sergio Massa y adelante se abre la salida hacia una gran interna en las PASO contra los Fernández.

Columnista en diarios y sitios especializados, obsesivo del trabajo en las redes, Gutiérrez-Rubí suele citar el caso del demócrata Adlai Stevenson para graficar la encrucijada de todo político. Dos veces derrotado como candidato a presidente en 1952 y 1956, era reconocido por su habilidad en la discusión. En la última de sus campañas, un seguidor se le acercó y le dijo, entusiasta: “Todas las personas inteligentes estamos con usted”. La respuesta fue breve: “Gracias, pero mi problema es que necesito una mayoría”. En ese drama ubica el catalán también al ex intendente de Tigre.

 

El asesor que explica el viraje de Massa hacia posiciones cada vez más duras con Mauricio Macri afirma que hace falta comprender bien a la sociedad a la que se quiere representar y trazar una estrategia orientada a la identificación “con los demás, sus necesidades y sus estados de ánimo”: no, necesariamente, “con la proyección propia”. Eso explica, en parte, la noción de “renunciamiento” y la posibilidad de que Massa, esta vez, asuma un rol secundario en busca de abrir otro escenario para salir de la polarización: dejar de ser el árbitro que desde la silla señala buenas y malas en un partido de tenis ajeno.

 

Rubí escribe muy seguido en su blog y es autor de diez libros de comunicación política, transformación digital y tecnopolítica. En su trabajo, flota una consigna que también le transmitió al fundador del Frente Renovador: “En política, hay que tener un solo objetivo”. ¿Que pierda Macri aunque no gane Massa?

 

 

DE CRISTINA A SERGIO. La historia oficial dice que Massa y Rubí se conocieron a través de un amigo común español, pero los antecedentes marcan que el asesor estrella venía de trabajar en la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. El creador de la avenida del medio venía de perder a Sergio Bendixen, el asesor peruano que trabajó con Obama el voto latino y falleció hace casi dos años. Al pobre Bendixen le cargan ahora la mochila de aquel extravío de Massa.

 

El candidato y el estratega catalán coincidieron en el punto en el que la corrida al dólar comenzaba a mostrar la fragilidad del ensayo de Macri y en el diagnóstico: había que alejarse del peronismo colaboracionista que Massa había nutrido de, a ratos, en los dos primeros años de gobierno de Cambiemos. No ser más el actor de reparto, como en aquel Foro de Davos que se creyó refundacional.

 

 

Separatismo catalán. Gutiérrez Rubí ayudó a Massa a salirse de la avenida del medio.

 

 

Con clientes entre empresas y políticos dentro y fuera de la Argentina, Rubí trabajó durante un año sobre dos lineamientos básicos: hay que ser opositor para encarnar a la mayoría social que rechaza el rumbo que señala Macri, a upa de Donald Trump y abrazado a Christine Lagarde.

 

Rubí trabajó durante un año sobre un lineamiento básico: hay que ser opositor para encarnar a la mayoría social que rechaza el rumbo de Macri.

Que Massa no haya aparecido en ninguna foto con el Presidente durante el operativo amarillo para sacarles jugo a las piedras del PJ no K indica que la estrategia se respetó en público. Más allá de los habituales contactos del ex intendente con su íntimo amigo Horacio Rodríguez Larreta y la gobernadora María Eugenia Vidal, Massa se muestra del lado de la oposición y, según él mismo lo repitió, apuesta a clausurar el tiempo del macrismo en el poder.

 

Las encuestas que maneja el massismo indican que el posicionamiento ya dio los primeros resultados: la imagen negativa, uno de los mayores déficits del candidato, comenzó a bajar. 

 

Rubí llegó a Massa para trabajar en busca de reconectar, además, con la popularidad que alguna vez tuvo, primero como joven y ambiciosa promesa kirchnerista; después, como antídoto contra la Cristina eterna. Las recorridas en auto a lo Beto O Rourke, el demócrata norteamericano oriundo de Texas que tiene la edad de Massa y sueña con ser presidente, tienen su sello y hasta generan orgullo en el búnker del Frente Renovador. Con su Renault Clio en la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof parece haber tomado su ejemplo.

 

 

 

MASSA TE QUEMA. Asesor de comunicación y consultor político, Rubí se presenta como fundador y director de Ideograma, una consultora con más de 30 años de historia que tiene sede central en Barcelona, pero trabaja en toda España y algunos países de Latinoamérica. Viene de colaborar con el partido socialista en las recientes elecciones en Cataluña.

 

Su último trabajo es “Geocitizens. Nuevas cartografías urbanas”, donde analiza las nuevas coordenadas digitales y la nueva geografía del poder con una consigna a medida de un candidato de pequeña escala: el lugar importa.

 

La diferencia horaria entre Barcelona y Buenos Aires le permite a Massa tener a Rubí despierto cuando en Tigre es madrugada. Las videoconferencias entre ellos son habituales.

En el mercado, afirman que el catalán actúa como un profesional y no habla “jamás” del trabajo con sus clientes. Como contracara, no se deja fagocitar por un candidato que se distingue en el encanto de boas y yararás. Con el ex jefe de Gabinete, como con todos, prefiere -dicen- la distancia y el trato personal, antes que las reuniones sociales. “Autonomía”, “sin complicidad afectiva” para no terminar confundido entre seguidores, empleados y militantes. La mejor receta para trabajar con Massa, un político que nunca para y lleva a sus colaboradores a coincidir en una consigna: “Sergio te quema”.

 

Todo ayuda para que el entendimiento sea fluido, incluso la diferencia horaria entre Barcelona y Buenos Aires, que le permite a Massa tener a Rubí despierto cuando en Tigre es madrugada. Las videoconferencias entre ellos son habituales.

 

Cerca del ex intendente aseguran que Rubí cayó bien en Malena Galmarini y el grupo que acompaña a Massa, entre los que figuran Diego Bossio, Raúl Pérez y el encuestador Hugo Haime. Graciela Camaño, su detractora inicial, lo terminó comprando, dicen, por su capacidad de trabajo. A la hora en que todos se fueron, Rubí suele quedarse en el búnker del massismo sobre Avenida Libertador.   

 

 

 

¿NUEVA? MAYORÍA. De la mano de Rubí, Massa acaba de dar un paso más hacia la confluencia con lo que alguna vez se llamó el Frente para la Victoria y lo tuvo entre sus protagonistas. Para Macri, los medios oficialistas y el cada vez más reducido núcleo duro del macrismo son un regreso sin atenuantes al kirchnerismo. Por el momento en que lo hizo, ya con el cristinismo lanzado con su oferta electoral, todo indica que irá a las PASO ampliadas con el PJ de los Fernández. Así por lo menos lo admiten en el Frente Renovador.

 

El ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner (2008-2009) hubiera podido, tal vez, ser el candidato a gobernador de la ex presidenta si hubiera aceptado alguno de los ofrecimientos que Alberto Fernández y Máximo Kirchner le hicieron, en todos los lenguajes posibles. Pero Massa nunca quiso ir a pelear en la provincia de Buenos Aires. Lo impidieron su ambición presidencial, su deseo irrefrenable de llegar a lo más alto y una frase que le atribuyen sus amigos -“la provincia es muy hija de puta”- para aludir a la maldición bonaerense de gobernar esa inmensidad y pretender después saltar a la Casa Rosada.

 

Tampoco Rubí pudo ¿ni quiso? convencerlo de que fuera por la provincia. En palabras del consultor catalán, “no se puede ir contra el deseo de un político”.

 

 

 

NO A DURÁN BARBA. Como otros especialistas en comunicación política, Rubí estuvo entre los que en un comienzo quedaron sorprendidos por la capacidad del macrismo en campaña. En una entrevista con La Política On Line a mediados de 2016, afirmó que el macrismo había “entendido los nuevos códigos” y estaba “innovando”.

 

“El macrismo ha entendido los códigos, otra cosa son los contenidos. El código digital, el código estético, de una comunicación más pegada a lo cotidiano. Eso es mucho y el macrismo está innovando (...) Comunicar con emoticones en Facebook es bastante nuevo, eh, comunicar con Snapchat el face to face de las cosas es bastante nuevo”, dijo.

 

Al consultor catalán le atribuyen una frase que explica la dureza del candidato con el fracaso del jefe del PRO: “En cualquier otro país, un presidente como Macri ya hubiera renunciado”.

Un año después, comenzó a trabajar con la Cristina Kirchner de Unidad Ciudadana, también en un estilo menos rígido. Hoy el diagnóstico de Rubí que reciben en el massismo sobre la realidad de Macri es lapidario. Al consultor catalán le atribuyen una frase que explica la dureza del candidato con el fracaso del jefe del PRO: “En cualquier otro país, un presidente como Macri ya hubiera renunciado”. Es probable que también en Argentina, si no fuera por el blindaje formidable de Trump: el FMI puso U$S 57.000 millones que en un 90% ya se fueron por la canaleta de la fuga de divisas. 

 

Aunque suele ser comparado con Jaime Durán Barba, las diferencias saltan a la vista. En primer lugar, en Argentina, Rubí trabajó siempre con candidatos de la oposición que estaban afuera del poder. En segundo lugar, tal vez más importante, el catalán discrepa con el ecuatoriano en cuanto al rol del asesor y estratega. Jamás difundiría sus opiniones en público con frases bomba que superan, opacan o contradicen las definiciones del político, como hace el inventor del macrismo.

 

Los especialistas que conocen a los dos y se inclinan por el asesor de Massa plantean una diferencia más: Durán Barba mide opinión pública y se presenta como estratega, pero no lo es. En cambio, Rubí encarga encuestas a gente de su máxima confianza y se destaca como “estratega y facilitador”.

 

En marzo pasado, los dos coincidieron en una de las jornadas del Seminario de Estrategia de Campañas Electorales en la George Washington University. Difícilmente, hayan acordado sobre el lugar al que va la Argentina de Macri.