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El Cordobazo radical

Por qué estalló Cambiemos en Córdoba. La riña familiar entre los Mestre y los Macri por la basura, los puentes con el PJ y las alianzas que sellaron el quiebre. El álbum de una guerra definitiva.
Por 13/03/2019 17:46

CÓRDOBA (Especial) A dos meses de la elección provincial en Córdoba, Cambiemos se quebró. Por un lado y en soledad, aparece Ramón Mestre, intendente de la capital y presidente de la UCR cordobesa, que se presenta como un reivindicador del rol del radicalismo en la coalición. Por otro, el presidente del interbloque oficialista en la Cámara de Diputados, Mario Negri, su par Héctor Baldassi y el ex embajador en Ecuador Luis Juez, que pretenden usufructuar cada una de las bendiciones nacionales y mostrar la heterogeneidad de la alianza.   

Mestre buscaba la contienda interna porque domina el músculo electoral del partido, mientras que Negri sacaba a relucir las siempre cuestionadas encuestas que lo mostraban como el mejor posicionado para competirle al peronismo provincial.

Con el papelón del aborto de la interna a último momento, la serie más entretenida del verano tuvo hasta ahora un solo beneficiario: el gobernador Juan Schiaretti. La saga de la interna de cara a la elección del 12 de mayo presenta una incógnita principal: cuál de los dos, Mestre o Negri, tendrá la capacidad de polarizar con un gobierno provincial que lleva casi 20 años en el poder, pero que no evidencia muestras de agotamiento, según los sondeos de opinión.

 

 

En Córdoba ocurre un fenómeno extraño: no hay grieta. Los mismos votantes que llevaron a Mauricio Macri a la Casa Rosada fueron los que ratificaron hace cuatro años a un gobierno peronista no kirchnerista en la provincia. Aunque el PJ no superó los 40 puntos en la provincia en las últimas tres elecciones.

El final de la carrera electoral puede dar para múltiples spin off. “Ramón Mestre el vengador de la lista 3”, la respuesta a los insistentes telefonazos desde la Jefatura de Gabinete para que decline su candidatura o “La aventura de los tres mosqueteros del Grupo Balcarce”,  Negri, Juez y Baldassi junto a la Coalición Cívica que tratan de salvar lo que queda de Cambiemos en Córdoba. Por ahora, los escenarios están plantados. Y ambos saben de la potencia de la escudería nacional.

Como en un tragedia griega, Córdoba, la cuna de Cambiemos en Marcos Juárez en 2014 y la provincia donde obtuvo el Presidente sus mayores rindes electorales, fue la primera donde el romance terminó en escándalo. La situación es un dolor de cabeza para la mesa nacional, que prefirió no intervenir y evitó sumarle un nuevo capítulo a la novela.

 

 

RELACIÓN TENSA. La relación entre Macri y Mestre nunca fue buena. Posiblemente sea solo un dato histórico, pero fue el padre del actual intendente quien en los 80 le suprimió el contrato a la empresa encargada de la recolección de residuos en la ciudad, por entonces propiedad del grupo de la familia presidencial. Aquella disputa supone el primer antecedente.

Pero el núcleo de la tensión es más reciente. En 2015, con un Cambiemos reluciente, Macri se impuso en Córdoba. Primero vetó el primer intento de Mestre por ir por la provincia. En su lugar ungió como candidato a gobernador al radical Oscar Aguad, actual ministro de Defensa y con escaso peso dentro del partido. La lista de diputados también fue diseñada en la Casa Rosada.

Pero la mayor molestia de ese año fue cuando el macrismo no frenó a Juez, que decidió desafiar a Mestre, que buscaba la reelección. A pesar de estar constituido Cambiemos, el ex embajador en Ecuador hizo una sociedad de suma cero con su archirrival, Olga Riutort (a quien había denunciado públicamente), y compitió por la intendencia. Salió cuarto.

En 2017, la pelea fue por los lugares en la lista nacional. Mestre intentó por todos los medios que su hermano ocupase el primer lugar de la boleta. Pero otra vez fue Macri quien definió la lista y colocó a Gabriel Frizza en el vértice y dejó en quinto puesto a Diego Mestre.

Aquella pelea quedó opacada por el resultado electoral. Con casi un millón de votos y un porcentaje que orilló el 50% del electorado, Cambiemos logró meter cinco de los nueve diputados nacionales por Córdoba al Congreso. Una performance récord, solo equiparable con los tiempos del bipartidismo.

Pero el nuevo veto presidencial a la candidatura de Mestre terminó de hacer estallar la relación. El intendente, que no puede repetir, buscó una salida hacia adelante. La solución parece haber sido, en término ágiles, importar la interna de la Capital Federal a Córdoba.

De hecho Mestre está identificado con el grupo de Martín Lousteau y compañía. Y desde ese lugar se para a nivel nacional. Su reciente gira por los medios porteños como un radical crítico de Cambiemos pero que respalda la herramienta electoral, lo deja bien claro.

 

 

RESULTADOS IMPENSADOS. El dedo de la Casa Rosada logró maridajes impensados. El primero fue que Rodrigo de Loredo, yerno de Aguad y extitular de Arsat, llegará a un acuerdo con Mestre por la candidatura a intendente de la Capital. Cuatro años atrás, el mestrismo utilizó toda su energía partidaria para bajar la interna con la que De Loredo pretendía desafiar a Mestre. Aunque ahora está en duda su presentación. Habrá que esperar una semana para que no haya ninguna sorpresa.

El laberíntico entramado de la interna dejó hecho curiosos, como el juego del PRO local. En Córdoba hay una particularida: el partido que fundó Macri está fragmentado. Por un lado, están las figuras como Baldassi o Felipe Lábaque (presidente de Atenas y actual viceintendente), que tienen diálogo directo con el Presidente. Y por otro, el ala orgánica, aquella que responde a Nicolás Massot.

Massot y De Loredo trabajaron para que el segundo fuera la variable inamovible en la ecuación de las candidaturas provinciales. Pero la orden nacional para el PRO fue jugar con Negri, Baldassi y Juez, quien competirá por tercera vez a la intendencia de Córdoba. Sin embargo la sintonía entre ambos espacios quedó resquebrajada. Por estas horas, hay que esperar la inscripción de alianzas, que vence el jueves a las 10, para ver cómo se termina de alinear.

UN PACTO PARA VIVIR. Por si todo esto fuera poco, en el negrismo queda la sensación de que hay un pacto Schiaretti - Mestre para que el intendente se transforme en el único interlocutor de la oposición y jubile a sus correligionarios.

El peronismo, con José Manuel de la Sota al frente, se caracterizó siempre por lograr acuerdos sólidos con sus opositores que no pusieran en jaque su poder en la provincia. Una forma de neutralizarlos y garantizar el bipartidismo. Tras su muerte, Schiaretti asumió ese rol negociador que siempre había tenido “El Gallego”.

A fines del año pasado, Mestre y Schiaretti tuvieron su reunión en la Casa de Gobierno. Disimulada, como una cuestión de fondos y coparticipación, los alcances de aquella charla posiblemente se estén materializando ahora.  

Macri también es amigo de Schiaretti. Y para muchos el rol de peronista moderado que jugó “El Gringo” fue muy beneficioso para el gobierno nacional. Paradójicamente, aunque están enfrentados, un triunfo del peronismo en la provincia no es malo ni para Macri ni para Mestre, que ya piensa en 2023, cuando Schiaretti no tenga reelección.

El Cordobazo radical

Por qué estalló Cambiemos en Córdoba. La riña familiar entre los Mestre y los Macri por la basura, los puentes con el PJ y las alianzas que sellaron el quiebre. El álbum de una guerra definitiva.

CÓRDOBA (Especial) A dos meses de la elección provincial en Córdoba, Cambiemos se quebró. Por un lado y en soledad, aparece Ramón Mestre, intendente de la capital y presidente de la UCR cordobesa, que se presenta como un reivindicador del rol del radicalismo en la coalición. Por otro, el presidente del interbloque oficialista en la Cámara de Diputados, Mario Negri, su par Héctor Baldassi y el ex embajador en Ecuador Luis Juez, que pretenden usufructuar cada una de las bendiciones nacionales y mostrar la heterogeneidad de la alianza.   

Mestre buscaba la contienda interna porque domina el músculo electoral del partido, mientras que Negri sacaba a relucir las siempre cuestionadas encuestas que lo mostraban como el mejor posicionado para competirle al peronismo provincial.

Con el papelón del aborto de la interna a último momento, la serie más entretenida del verano tuvo hasta ahora un solo beneficiario: el gobernador Juan Schiaretti. La saga de la interna de cara a la elección del 12 de mayo presenta una incógnita principal: cuál de los dos, Mestre o Negri, tendrá la capacidad de polarizar con un gobierno provincial que lleva casi 20 años en el poder, pero que no evidencia muestras de agotamiento, según los sondeos de opinión.

 

 

En Córdoba ocurre un fenómeno extraño: no hay grieta. Los mismos votantes que llevaron a Mauricio Macri a la Casa Rosada fueron los que ratificaron hace cuatro años a un gobierno peronista no kirchnerista en la provincia. Aunque el PJ no superó los 40 puntos en la provincia en las últimas tres elecciones.

El final de la carrera electoral puede dar para múltiples spin off. “Ramón Mestre el vengador de la lista 3”, la respuesta a los insistentes telefonazos desde la Jefatura de Gabinete para que decline su candidatura o “La aventura de los tres mosqueteros del Grupo Balcarce”,  Negri, Juez y Baldassi junto a la Coalición Cívica que tratan de salvar lo que queda de Cambiemos en Córdoba. Por ahora, los escenarios están plantados. Y ambos saben de la potencia de la escudería nacional.

Como en un tragedia griega, Córdoba, la cuna de Cambiemos en Marcos Juárez en 2014 y la provincia donde obtuvo el Presidente sus mayores rindes electorales, fue la primera donde el romance terminó en escándalo. La situación es un dolor de cabeza para la mesa nacional, que prefirió no intervenir y evitó sumarle un nuevo capítulo a la novela.

 

 

RELACIÓN TENSA. La relación entre Macri y Mestre nunca fue buena. Posiblemente sea solo un dato histórico, pero fue el padre del actual intendente quien en los 80 le suprimió el contrato a la empresa encargada de la recolección de residuos en la ciudad, por entonces propiedad del grupo de la familia presidencial. Aquella disputa supone el primer antecedente.

Pero el núcleo de la tensión es más reciente. En 2015, con un Cambiemos reluciente, Macri se impuso en Córdoba. Primero vetó el primer intento de Mestre por ir por la provincia. En su lugar ungió como candidato a gobernador al radical Oscar Aguad, actual ministro de Defensa y con escaso peso dentro del partido. La lista de diputados también fue diseñada en la Casa Rosada.

Pero la mayor molestia de ese año fue cuando el macrismo no frenó a Juez, que decidió desafiar a Mestre, que buscaba la reelección. A pesar de estar constituido Cambiemos, el ex embajador en Ecuador hizo una sociedad de suma cero con su archirrival, Olga Riutort (a quien había denunciado públicamente), y compitió por la intendencia. Salió cuarto.

En 2017, la pelea fue por los lugares en la lista nacional. Mestre intentó por todos los medios que su hermano ocupase el primer lugar de la boleta. Pero otra vez fue Macri quien definió la lista y colocó a Gabriel Frizza en el vértice y dejó en quinto puesto a Diego Mestre.

Aquella pelea quedó opacada por el resultado electoral. Con casi un millón de votos y un porcentaje que orilló el 50% del electorado, Cambiemos logró meter cinco de los nueve diputados nacionales por Córdoba al Congreso. Una performance récord, solo equiparable con los tiempos del bipartidismo.

Pero el nuevo veto presidencial a la candidatura de Mestre terminó de hacer estallar la relación. El intendente, que no puede repetir, buscó una salida hacia adelante. La solución parece haber sido, en término ágiles, importar la interna de la Capital Federal a Córdoba.

De hecho Mestre está identificado con el grupo de Martín Lousteau y compañía. Y desde ese lugar se para a nivel nacional. Su reciente gira por los medios porteños como un radical crítico de Cambiemos pero que respalda la herramienta electoral, lo deja bien claro.

 

 

RESULTADOS IMPENSADOS. El dedo de la Casa Rosada logró maridajes impensados. El primero fue que Rodrigo de Loredo, yerno de Aguad y extitular de Arsat, llegará a un acuerdo con Mestre por la candidatura a intendente de la Capital. Cuatro años atrás, el mestrismo utilizó toda su energía partidaria para bajar la interna con la que De Loredo pretendía desafiar a Mestre. Aunque ahora está en duda su presentación. Habrá que esperar una semana para que no haya ninguna sorpresa.

El laberíntico entramado de la interna dejó hecho curiosos, como el juego del PRO local. En Córdoba hay una particularida: el partido que fundó Macri está fragmentado. Por un lado, están las figuras como Baldassi o Felipe Lábaque (presidente de Atenas y actual viceintendente), que tienen diálogo directo con el Presidente. Y por otro, el ala orgánica, aquella que responde a Nicolás Massot.

Massot y De Loredo trabajaron para que el segundo fuera la variable inamovible en la ecuación de las candidaturas provinciales. Pero la orden nacional para el PRO fue jugar con Negri, Baldassi y Juez, quien competirá por tercera vez a la intendencia de Córdoba. Sin embargo la sintonía entre ambos espacios quedó resquebrajada. Por estas horas, hay que esperar la inscripción de alianzas, que vence el jueves a las 10, para ver cómo se termina de alinear.

UN PACTO PARA VIVIR. Por si todo esto fuera poco, en el negrismo queda la sensación de que hay un pacto Schiaretti - Mestre para que el intendente se transforme en el único interlocutor de la oposición y jubile a sus correligionarios.

El peronismo, con José Manuel de la Sota al frente, se caracterizó siempre por lograr acuerdos sólidos con sus opositores que no pusieran en jaque su poder en la provincia. Una forma de neutralizarlos y garantizar el bipartidismo. Tras su muerte, Schiaretti asumió ese rol negociador que siempre había tenido “El Gallego”.

A fines del año pasado, Mestre y Schiaretti tuvieron su reunión en la Casa de Gobierno. Disimulada, como una cuestión de fondos y coparticipación, los alcances de aquella charla posiblemente se estén materializando ahora.  

Macri también es amigo de Schiaretti. Y para muchos el rol de peronista moderado que jugó “El Gringo” fue muy beneficioso para el gobierno nacional. Paradójicamente, aunque están enfrentados, un triunfo del peronismo en la provincia no es malo ni para Macri ni para Mestre, que ya piensa en 2023, cuando Schiaretti no tenga reelección.