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Los bancos bancan: hay crédito para el modelo M

El sistema financiero apuesta a la reelección de Macri, pero las entidades difieren en el análisis de la crisis. Coqueteos con una oposición que no convence.

El presidente Mauricio Macri, cuentan en su entorno, está contrariado, enojado y en la búsqueda de mejorar su ánimo de cara a una campaña que se vislumbra dura. Lo cuestionan en casi todo el Círculo Rojo, pero, aún con diferencias, conserva un respaldo de oro: “Si las elecciones presidenciales fueran hoy, nueve de cada diez banqueros lo votarían”, estimó ante Letra P un alto dirigente de una entidad que ocupa silla en ADEBA, la Asociación de Bancos que agrupa a los privados de capital nacional. La conclusión es un calco de lo que ocurre en ABA, que reúne a los bancos privados de capital foráneo.

 

Naturalmente, hay matices, erosiones en la imagen oficial provocadas por el mal desempeño económico en los últimos seis meses. Un alto banquero con peso en Wall Street confiesa: “Hoy somos fieles, pero a Mauricio ya no le firmamos un cheque en blanco”.

 

El sector financiero bancario tiene quejas particulares, pero que no se acercan a la postura del team “llorones”, que ya trascendió las puertas de la Unión Industrial Argentina (UIA) para instalarse, en silencio, en las filas de los supermercados, los comercios y hasta constructores que prefieren resguardarse de la crítica a la crisis.

 

En el centro, Gómez Minujín, del JP Morgan, a su izquierda, Martino, del HSBC. Dos hombres con llegada a Macri. 

 

 

Los más fervientes defensores del Modelo M en la faz bancaria, en franco retroceso, están más confiados en que “mucha gente entendió que, sin Macri, Argentina iba a Venezuela”. Es la muletilla que la Casa Rosada hará eje de una campaña que tapará con lucha anti corrupción e institucionalidad los desbarajustes en la actividad.

 

Los banqueros tienen una ventaja que no es menor a la hora del respaldo: son, con la energía y una parte del agro, los únicos que ganaron dinero en los tres años de gobierno de Cambiemos. En el último Informe de bancos que elaboró el Central, se concluye que la rentabilidad que el sistema financiero acumuló en los primeros 11 meses de 2018 se ubicó en torno al 3,8% del activo, lo que representa 0,8 puntos porcentuales más que en igual período de 2017; y a 34,1% del patrimonio neto, una mejora interanual de 8,3 puntos porcentuales. Los números están lejos de las ganancias récord de la década kirchnerista, pero son la envidia no solo de sus pares, sino de los gremios vinculados a otras actividades.

 

 

 

 

 

En este contexto de cierta comodidad, los interlocutores que trabajan con el Gobierno le hacen llegar al Presidente una visión diferente respecto a lo que puede ocurrir con la actividad. Sobre todo aquellos ejecutivos de bancos que se basan en el negocio minorista. Le aclaran que las ganancias obtenidas por medio de instrumentos son “circunstanciales” y que hay que hacer algo que Macri detesta para que la economía salga a flote. Fomentar el consumo interno, ya sea con créditos, cuotas u otras políticas, además de mirar de cerca lo que ocurra con los niveles de empleo. Los que atienden a clientes por ventanilla padecen esa contracción y lo notan en el derrumbe en las compras con tarjetas de crédito, que cayeron casi 13% en 2018; mientras que los créditos personales bajaron algo más del 18%. La crema del negocio de los bancos durante el gobierno de Cristina Fernández hoy no existe.

 

Lo paradójico es que los banqueros, en plena crisis, bancan las reformas estructurales de Macri (INDEC, Justicia, apertura comercial), pero, en la búsqueda de las opciones dentro de la oposición, rechazan casi con exclusividad al kirchnerismo. Tanto, que en las últimas horas, tal como contó Infobae, el banco más grande del mundo, el JP Morgan, llevó a un consultor Macri friendly a Wall Street para bajarle la tensión a una situación política compleja y aclarar que las chances de reelección de Cambiemos son muy importantes.

 

Alejandro Catterberg, de Poliarquía, conformó poco: en las entidades saben, según contaron a Letra P varios presentes en la reunión, que "el escenario electoral y político es difícil”. Lo saben y lo comunican a sus laderos, en paralelo, otros dos hombres influyentes: Gabriel Martino, del HSBC, quien pudo ser ministro de Cambiemos, y José Luis Enrique Cristofani, el casi saliente titular del Santander Río. Los más reacios a acompañar son el procesado Jorge Brito e hijos, los titulares del Macro, y los Eskenazi, ambos acechados judicialmente con causas complejas. 

 

 

Cristofani, del Santander, uno de los que creen que Cambiemos evitó la "venezuelización" de Argentina. 

 

 

¿Qué hacen los CEOs de bancos para saltar la grieta y sondear alternativas por si se trunca el proyecto de Macri? Navegar en las aguas del peronismo no K, como casi todo el espinel del Círculo Rojo. Sobre todo le prestan atención al hombre de moda, el ex ministro Roberto Lavagna. La semana pasada, segundas y terceras líneas almorzaron con el potencial candidato y se llevaron una sorpresa poco grata: Lavagna se reserva su explicación de cómo salir de la crisis incluso en eventos cerrados. Y está focalizado en destacar las virtudes de un período corto, los dos años entre 2003 y 2005, donde asegura haber sentado las bases para salir de la crisis.

 

Todo este mar de peronismos revueltos refuerza el voto banquero a Cambiemos en 2019, mientras todos aguardan que este viernes Macri cumpla y dignifique al rubro que tanto lo apoyó con el tan mentado anuncio de blanqueo laboral y rebaja en los impuestos.

 

Nicolás Posse y Eduardo Rodríguez Chirillo
Javier Milei en el almuerzo organizado por el Consejo del Comercio y la Producción (Cicyp). 

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