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Detrás del caso Toledo, teñido de política, hay un verano negro para los híper. El mega dólar no redundó en más turismo bonaerense y se perdieron los dos meses altos de facturación.
Por 20/02/2019 14:45

“Yo esperaba un temporada más fuerte; con el tema del dólar alto supuse que esto iba a explotar y que, con la crisis, la gente iba a ir más al supermercado y menos a los restaurantes, pero directamente no vino”. Se lo dijo hace unos días Antonio Toledo, el dueño de la cadena marplatense de supermercados, a un colega que opera en Buenos Aires. Personalista al extremo, el empresario español que llegó a la Argentina en los años ´50 pasó a ser un leading case de la crisis del consumo por su decisión de exponer penurias propias. Pero su previsión de no poder aguantar con el negocio hasta mitad de año grafica, en realidad, una temporada de verano que naufragó, incluso con el súper dólar posterior a la devaluación. Todo, enmarcado en una ciudad en la que la recesión parece haber golpeado más fuerte que en otras latitudes.

 

Toledo, como el resto de las cadenas costeras, cuadriplican ventas en verano. Esta vez, la crisis no lo permitió. 

 

Como contó Letra P, la publicación de la crisis de Toledo tiene un componente político: la presión de Don Antonio para que, en mayo, el municipio y el gobierno de la provincia de Buenos Aires le renueven un acuerdo para condonar y refinanciar deudas. El resto está directamente relacionado con el golpe al bolsillo.

El ecosistema marplatense del consumo masivo muestra a Toledo como la mega empresa local conviviendo con las multinacionales Carrefour y Disco y una multiplicidad de minimercados chinos. Todos, alimentándose casi de lo mismo: la explosión del gasto turístico en los meses de enero y febrero. Según contaron a este portal fuentes de la Asociación de Supermercados, en ese período los comercios costeros cuadriplican la promedio mensual.

En 2018, en Mar del Plata el consumo cayó entre 10% y 11%, dos o tres puntos más que el promedio país y que en el Gran Buenos Aires.

Pero ni los intentos del gobierno de María Eugenia Vidal por promover la estadía en La Feliz lograron evitar una temporada negra. “Una de las peores de la historia”, grafican los empresarios.

A decir verdad, el consumo en Mar del Plata ya era una pandemia en diciembre y en casi todo 2018, con una baja de entre 10% y 11%, dos o tres puntos más que el promedio país y que el Gran Buenos Aires, el foco más golpeado por la contracción del gasto. Lo que le ocurre a Toledo, que ya venía con cierre y ventas, como en Balcarce y Tandil, no es distinto a lo que les pasó a Carrefour y Disco, con la ventaja de estos últimos de operar en todo el país.

Toledo no zafó de la crisis ni siendo dueño de todos los locales que tiene. Lo han querido comprar en diferentes ocasiones y nunca quiso vender. Pero en los últimos años quedó cercado por la crisis que lo puso en igualdad de condiciones con sus competidores: vivir de la exportación, sin mercado interno, una economía de subsistencia impensada para un sector que en los años del kirchnerismo usufructuó los subsidios a los servicios públicos para facturar grueso con el exceso de poder de compra de los consumidores. Con el mercado sin anabólicos, las mega estructuras que habían construido casi todas las cadenas explotaron.

Hoy, en paralelo, según la Federación de Transportistas Fadeaac, los costos logísticos subieron más del 60%. A eso se agregan el resto de los costos, las paritarias y la devaluación, que se fue a precios. “Acá no es solo Antonio, acá no se salva nadie”, se resignó otro retailer que explicó, además, que, más allá de la crisis, es esperable que en el sector prime el voto ideológico. En este contexto, para los supermercadistas no es una rareza el dicho de Toledo de volver a votar a Cambiemos en las presidenciales.

 

Otros tiempos. Vidal y el intendente Arroyo. La Feliz atraviesa un seria crisis del consumo. 

 

El caso Toledo es serio, sí, para la ciudad. Es la mayor generadora de empleo y entró en crisis también en Miramar y Pinamar. Cuentan allí que impactó, además, el esquema de trabajo informal que mantienen los comercios orientales, lo que permite otra política de precios, más agresiva.

Los supermercadistas aseguran que el gobierno de la Provincia intenta “trabajar para que mejore la cosa”, pero admiten que “la situación macro y el contexto nacional les pasó por encima a las aspiraciones de Vidal”. A nivel municipal, la gestión de Carlos Fernando Arroyo es casi nula, según la visión de los que manejan negocios. En el Ejecutivo nacional, en tanto, el subsecretario de Comercio Interior, Ignacio Werner, les dijo a las cadenas: “Estamos preocupados por el tema del consumo”. Pero reconoció también que en el año del ajuste no hay herramientas dinamizadoras.