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Apoyo peronista a Ameal, picardías y hasta violencia en la despedida del macrismo

Presencias en las urnas y en el búnker vencedor. De la mesa chica de Fernández a la confitería de la Bombonera. ¡Riquelme, Riquelme! Picardía, llamadas molestas y una violencia que pudo costar cara.

La llegada de Jorge Amor Ameal a la conducción de Boca Juniors, con casi el 53% de los votos, tuvo como una de sus banderas la despartidización del club, copado de modo creciente por el PRO de Mauricio Macri y Daniel Angelici en los últimos 24 años. “Cuando la política entra por la puerta, el club sale por la ventana”, repitió durante su campaña el hombre que asumirá este viernes. Así, pese a su pertenencia peronista, fue puntilloso para cuidar que no figuraran en su lista nombres que repitieran esa historia aunque con un signo diferente. A eso responde en buena medida que haya elegido como vicepresidente primero a Mario Pergolini, un hombre sin militancia conocida, y que haya vedado la participación en la misma de allegados a los últimos apoyos que recibió antes de la votación, los del presidente del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, Víctor Santa María, y del radical César Martucci. Sin embargo, el juego que rodeó a la elección xeneize del último domingo no era para distraídos, dado que estaba en juego la mencionada hegemonía macrista. Así, la afinidad peronista de Ameal pesó fuerte, al menos a juzgar por las presencias que se dieron tanto en las mesas de votación como en el búnker instalado en la terminal de la línea 53 de colectivos en Irala y Pinzón.

 

 

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REIVINDICADO. Fueron muchos los peronistas que se hicieron ver. Para empezar, alrededor de las 10:30 del domingo en la carpa aledaña a la Bombonera, en la que se instalaron las 143 mesas de votación, el próximo procurador del Tesoro, Carlos Zannini. Otrora habitual concurrente a los partidos que Boca juega como local en su butaca de la bandeja media, tiempo atrás sufrió en carne propia el costado más negativo de esa hegemonía amarilla al enfrentar un escrache por parte de algunos plateístas. Ese episodio fue curioso, ya que nunca se había producido a pesar de su concurrencia habitual. El cambio de clima político (en el club y en el país) se dejó sentir el último domingo, cuando Zannini encontró a su paso abrazos, felicitaciones y pedidos de selfies.

 

 

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VISITANTES. Otros que fueron a votar, en general temprano, el horario en el que las mesas estuvieron más atestadas de gente, lo que les valió esperas de hasta dos horas, fueron la exministra de Economía bonaerense Silvina Batakis y el exministro de Trabajo Carlos Tomada, quien también se hizo tiempo para pasar, antes y después de sufragar, por el bunker. También se vio a otros referentes del Frente de Todos, como Mariano Recalde, Julio Piumato, Leopoldo Moreau y Juan Cabandié. Este último ha sido mencionado por conocedores de la interna como uno de los primeros que intentó acercar al amealismo al ídolo que aseguró el resultado y la derrota del angelicismo-macrismo: Juan Román Riquelme. ¿Voto cantado para todos?

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RÁNKING DE ÍDOLOS. El búnker de la línea 53 fue un hervidero toda la jornada, con socios y hasta periodistas más deseosos de sacarse una foto con Riquelme que de hacerse con los choripanes y botellitas de agua que se repartían. Más atrás en el cholulómetro quedaron Jorge “El Patrón” Bermúdez, Sebastián Battaglia, Raúl Cascini y Marcelo Delgado.

 

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¿EMBAJADOR? Cuando los resultados preliminares ya preanunciaban el triunfo, Ameal y sus allegados festejaron ruidosamente en la confitería del club. Uno de quienes lo acompañaban era Carlos Montero, miembro de la mesa chica de un Alberto Fernández que, todos se encargaron de asegurar, se negó en lo personal a jugar ningún rol en la puja.

 

 

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PICARDÍAS Y CHICANAS. La jornada fue caliente en el termómetro (sobre todo dentro de la carpa en la que se apiñaban miles de socios del club más popular del país) y en las polémicas. Tanto Ameal como sus contendientes, el oficialista Christian Gribaudo y José Beraldi, habían estimado en la previa una concurrencia de alrededor de 35 mil socios sobre un padrón de más de 80 mil; finalmente eso, de por sí un récord para un club de fútbol en Sudamérica, resultó superado con algo más de 38 mil votantes. Sin embargo, para la lista vencedora, varios elementos de la organización de jornada parecieron destinados a limitar la participación, lo que a priori debía beneficiar las chances del aparato angelicista, al que se atribuía un anclaje fuerte en la UCR de la Ciudad: muchos menos molinetes para el ingreso que los que suelen ubicarse en los días de partidos, falta de sobres y caída del sistema de chequeo del padrón que retrasaron en más de media hora el inicio efectivo de la votación y, sobre todo, la habilitación de 143 mesas que parecieron insuficientes para que los socios votaran con fluidez. La caída del sistema fue un flagelo repetido al menos durante la mañana: para el oficialismo, solo fue una falla producto de la alta exigencia provocada por la afluencia récord; para el amealismo, una “casualidad” que alimentaba suspicacias.

 

 

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PUERTA VIP. Otras polémicas tuvieron que ver con el ingreso de la barra brava del club a votar antes de que se permitiera ingresar a los socios que no cambian aliento por canonjías e imágenes que mostraron al dirigente saliente Marcelo London franqueando un acceso fast-track a un grupo de votantes, se supone que fieles al macrismo-angelicismo, en momentos en que las colas eran exasperantemente largas.

 

 

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LLAMADOS EN LA MADRUGADA. El fin de semana previo a la votación estuvo plagado de picardías, desde el intento de impugnación de la lista finalmente vencedora por la inclusión de una agrupación que había perdido la personería (Por un Boca Mejor, la de Enrique “Coti” Nosiglia) hasta las llamadas que recibieron miles de socios, puntualmente a la 1 y a las 6 de la madrugada, para hacer proselitismo por Ameal. Solo que el amealismo no reconoció la paternidad sobre esa campaña más destinada a irritar que a seducir al votante.

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ALGO PARA DEPLORAR. Pero no todo se agotó en picardías. Un hecho grave se produjo en la ruta 2, cuando desde un automóvil se arrojaron miguelitos y otros objetos punzantes al paso de un micro que trasladaba desde Mar del Plata a un grupo de votantes de Ameal. La picardía, en ese punto, se transformó en violencia y solo porque Dios es boquense no hubo que lamentar males mayores. A propósito… ¿seguirá en la nueva etapa tan distraído como en los últimos cinco años?