X
La vicepresidenta condujo su primera sesión al frente del Senado. De buen ánimo, retó a Mayans por “machista” y aceptó un guiño de Cobos. La ley de Solidaridad Social estuvo a punto de caerse.
Por 20/12/2019 18:50

De buen humor pese a la tensión por los contratiempos en el debate de la Ley de Solidaridad Social, Cristina Fernández de Kirchner condujo con soltura su primera sesión al frente del Senado de la Nación, retó por “machista” al presidente del bloque oficialista, José Mayans, agradeció un guiño de su ex vicepresidente Julio Cobos y aplaudió el juramento de su ex ministro de Economía, Martín Lousteau.

“Presidenta…ta, ta, ta”. La insistente corrección de Cristina al formoseño Mayans cuando la llamó nuevamente “presidente” generó la risa incómoda de todos los senadores, que llevaban menos de una hora sentados en sus bancas cuando la vicepresidenta se quedó con todo el protagonismo en el recinto. Cristina lo había corregido en su primera intervención. Pero el formoseño insistió y más tarde, ante su nuevo reto, le retrucó: “No tiene sexo la palabra presidente”. “Eso lo dicen los machistas”, le respondió Cristina, contundente.  El formoseño se rió pero la vicepresidenta se mantuvo seria.

El cruce con el jefe de la bancada oficialista fue el único que mantuvo Cristina durante la primera sesión que le tocó presidir en el Senada, en la que se mostró de buen ánimo y afable con los miembros de la oposición, que tuvieron al Frente de Todos en vilo hasta último momento por la sanción de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva que pidió el presidente Alberto Fernández.

 

 

Cristina se había visto al mediodía con los jefes opositores en la reunión de Labor Parlamentaria, que se celebró en su despacho. Allí estuvieron los titulares de los bloques, el formoseño Mayans (Todos), la mendocina Anabel Fernández Sagasti (vicepresidenta de Todos), el misionero Humberto Schiavoni (PRO), la neuquina Lucila Crexell (Movimiento Popular Neuquino), el formoseños Luis Naidenoff (Juntos por el Cambio), el rionegrino Alberto Weretilneck (Juntos Somos Río Negro), y el secretario parlamentario, Marcelo Fuentes.

El primer encuentro de la oposición con Cristina “fue todo risas”, según relataron en la oposición. De esa reunión, el oficialismo se llevó otra vez el compromiso de que los senadores de Juntos por el Cambio harían su aporte al quórum y a que el Frente de Todos lograra reunir los dos tercios que necesitaba para habilitar el tratamiento sobre tablas de la Ley de Solidaridad Social.

 

 

Pero la buena sintonía se enturbió un rato después, cuando la interna del interbloque de Juntos por el Cambio hizo volar por el aire los acuerdos. “Estuvo todo bien en la reunión de Labor. Se comprometieron a bajar al recinto pero después resulta que les estallan las internas”, afirmó a Letra P uno de los dirigentes del oficialismo que participó del encuentro en el despacho de Cristina.

El clima se enrareció cuando el oficialismo tuvo que juntar por su cuenta el quórum para iniciar la sesión. Ya en el recinto, los senadores de Juntos por el Cambio plantearon que pedirían un cuarto intermedio de dos horas para leer el proyecto – que recién había ingresado a la Cámara alta desde Diputados – y que no darían los dos tercios para habilitar el debate. Cristina condujo con tranquilidad el debate entre Naidenoff y Mayans, los voceros de la oposición y el oficialismo, respectivamente. “¿Por qué no hacemos una cosa?”, intervino para proponer una solución.

 

 

Más tarde, pasó a tomarles juramento a las autoridades de la Cámara designadas por Juntos por el Cambio. El primero fue Martín Lousteau, su ex ministro de Economía durante la crisis del campo que luego se convirtió en acérrimo opositor. “No es la primera vez que le toma juramento”, bromeó por lo bajo Mayans. Cristina olvidó el episodio de la 125 y le dedicó a Lousteau un aplauso pese a que el ex ministro fue señalado por sus propios compañeros de bloque como el responsable de que la oposición no hubiera cumplido con su palabra. Más tarde hizo lo propio con la cordobesa Laura Rodríguez Machado (PRO), que asumió como vicepresidenta segunda, y con el prosecretario parlamentario Juan Pedro Tunessi. “¡Ah, falta la propuesta del prosecretario parlamentario! Por favor, que puede generar una crisis de proporciones dantescas esto”, bromeó Cristina.

El tono jocoso se mantuvo cuando olvidó el nombre de la senadora tucumana Silvia Elías de Pérez. “Disculpeme, estoy acostumbrándome a todas las caras. Sorry”, dijo Cristina. “No hay problema, es normal”, respondió Elías de Pérez. “No tengo que decir sorry, queda horrible, perdón por la palabra en inglés”, se corrigió la vicepresidenta  con una sonrisa. Más tarde, el guiño de Cristina estuvo dirigido, de manera sorpresiva, a su ex vicepresidente – y luego enemigo político - Julio Cobos, que había acudido en su auxilio ante un pequeño furcio reglamentario que pasó prácticamente desapercibido.

 

Alonso y Fuentes, los laderos de Cristina.

 

Cristina conducía con soltura apoyada en los aportes que le hacían sus escuderos. A su izquierda, la secretaria  administrativa, María Luz Alonso, la ayudaba a ubicar a los senadores en sus bancas. A su derecha, Fuentes apuntaba los asuntos parlamentarios. Entre las bancas, en plena tensión por la actitud que tomaría Juntos por el Cambio, se movía Fernández Sagasti, que se acercó varias veces a la presidencia a hablar con Cristina, habló con Mayans y después se acercó a las bancas de Naidenoff y Cobos para adelantarles en privado lo que diría después en público. La mendocina fue la encargada de anunciar que el presidente Fernández ampliaría el temario de sesiones extraordinarias para debatir sobre las jubilaciones de privilegio.

 

 

La vicepresidenta llamó entonces a los senadores a ser “razonables” antes de pasar a un cuarto intermedio. “No nos engañemos, que cuando cada senador vuelva a su despacho no se va a poner a leer el proyecto sino que va a escuchar lo que le dicen sus asesores y asesoras técnicas. ¿Qué tal  si en vez de dos horas, hacemos un receso de una hora y reingresamos al recinto?”, propuso. La oposición negoció y la diferencia se partió al medio. Una hora después, Juntos por el Cambio dejó al Frente de Todos solo en el recinto y el oficialismo pudo habilitar por sí mismo, con dos tercios de los presentes, el debate por la Ley de Solidaridad Social que pidió el presidente Fernández y por la que trabajó toda la semana el oficialismo y en cuyo trámite de negociación en el Senado Cristina mantuvo en un discreto segundo plano.