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El barrefondo de la grieta

El ex ministro deja correr voces que lo posicionan en carrera presidencial. Apuesta a quedarse con políticos y empresarios que huyan de la polarización y hasta fantasea con un pacto con Cristina.
Por 05/01/2019 12:59

Hace mucho que Roberto Lavagna se fastidia cuando lo etiquetan como economista. Se considera más. El ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no participa de los debates diarios y habla muy poco en público, pero se considera un político, por lo menos, desde que compitió por la presidencia en 2007 escoltado por el radical Gerardo Morales. A los 76 años, con una crisis económica de indicadores que remiten a 2002, Lavagna tiene la última oportunidad de refrendarse en la categoría en la que le gusta verse.

En el arranque de 2019, con los candidatos en un raro impasse antes de mover sus fichas, el fundador de Ecolatina se repite en los análisis, da bien en las encuestas y divide a la oposición. En el peronismo moderado, chocan los que -como Miguel Ángel Pichetto- lo señalan como el único capaz de garantizar el triunfo y los que lo devalúan como un postulante retirado y sin carisma, que deberá anotarse y competir como uno más.

Según pudo saber Letra P, el senador y el ex ministro coinciden en algo: en marzo, las cosas van a estar más claras. Será el momento de las definiciones y el ritmo de la economía va a incidir en la decisión del sucesor de Jorge Remes Lenicov en el palacio de Hacienda.

Lavagna es fogoneado con insistencia como el nombre que puede alterar un escenario cerrado de polarización, con Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner dominantes en la batalla electoral hacia octubre, muy por encima del PJ federal.

 

Massa lo muestra como su cerebro económico desde su ruptura con Cristina. Hoy coquetean con pelear el mismo cargo.

 

Entre la ansiedad de un grupo de colaboradores que lo impulsa, el lobby empresario que lo proyecta y la orfandad de un sector de la sociedad, “El Pálido” -según aquel apodo ingrato que le estampó Kirchner- se recluye en su chacra de Máximo Paz, Cañuelas, desde el 26 de diciembre pasado y no anticipa su definición.

Sin embargo, cerca suyo dicen que no tiene por qué apurarse si nadie lo hace, salvo el ambicioso Juan Manuel Urtubey y el propio Macri, que se declaró listo en más de una oportunidad. CFK se muestra en cuentagotas y recibe gente, pero deja que especulen con su candidatura, sin confirmar ni negar cuál es su pretensión.

Fuentes de su entorno consideran que es temprano para asegurar que Lavagna irá en busca de la revancha, después del mal trago del lejano 2007. Pero marcan una diferencia: esta vez como nunca, decidió dejar correr todas las especulaciones, sin desautorizarlas a través de su hijo Marco. Más que eso, se encargó de alimentarlas con encuentros reservados con hombres de negocios, gobernadores como Sergio Uñac y un grupo de inoxidables del sindicalismo como Luis Barrionuevo, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y Armando Cavalieri.

Antiguos colaboradores suyos, que lo acompañarían si se decide, descifran una novedad en sus movimientos. “Lo único que está claro es que no está desechando nada. Si no, es difícil que en diciembre tenga reuniones o reciba a gobernadores”, dicen. Son gestos que lo muestran más activo de lo habitual. Hasta su distancia escénica con el peronismo federal es interpretado como parte de una estrategia acorde a sus pretensiones: pararse por encima de las contradicciones domésticas, en busca de un operativo clamor.

EL APOYO EMPRESARIO. Hace tres semanas, Lavagna convocó a un grupo de hombres de negocios, preocupados por el rumbo de la economía de Cambiemos, en una casona de la zona norte de Capital Federal. Según le dijo a Letra P uno de los empresarios que asistió al encuentro, el ex ministro planteó un escenario pesimista, con una recesión profunda que no tiene fecha de vencimiento y una fuerte caída del PBI, similar a la que experimentó Grecia, también de la mano del FMI. Ahí desplegó las líneas directrices de un modelo posible: tipo de cambio alto, renegociación de la deuda y nuevo impulso al mercado interno con eje en lograr una mejora en la tasa de actividad en el empleo. Pero además, elogió la reforma norteamericana que habilita el blanqueo de los aportes privados en las campañas electorales. Capaz de financiarlo sin inconvenientes, el auditorio de pesos pesados lo ameritaba.

Con un sector empresario productivo que está afectado por las tasas de interés y la caída en el consumo, Lavagna aparece como una esperanza para una franja del establishment, distinta a la de los bancos, habituados a ganar más allá de los gobiernos.

Entre los nombres propios asociados desde siempre al ex secretario de Industria de Raúl Alfonsín se destaca enseguida Techint. La multinacional siderúrgica vive una situación paradójica con Macri en la presidencia: beneficiada con subsidios millonarios en el oasis de Vaca Muerta, con Paolo Rocca procesado y con caída en sus acciones. Lavagna y Rocca no ocultan su histórica relación y exhiben más de un puente que los une. Sergio Lavagna, el hijo mayor del ex ministro, que tiene 46 años, trabaja en el holding hace más de dos décadas: hasta 2014 en Siderca y desde entonces en Tenaris.

 

Paolo Rocca, de relación ambigua con el macrismo, es un histórico aliado de Lavagna.

 

Techint y el Grupo Clarín aparecen vinculados a la apuesta de un peronismo moderado que pueda dejar atrás la etapa del kirchnerismo y favorecer a los sectores empresarios nacionales. Sin embargo, no son los únicos. Cerca del economista, mencionan también a Luis Pagani de Arcor, a Javier Madanes de Aluar y al Grupo Werthein. Hay indicios. Con pérdidas declaradas en 6.000 millones de pesos durante los primeros nueve meses de 2018, el dueño de la multinacional alimenticia se expresó con críticas muy duras sobre el gobierno de Macri: en mayo pasado, afirmó que no tiene plan económico.

Según publicó Silvia Naishtat en Clarín, alguien le informó a Macri que Lavagna quiere a Rodolfo D’Onofrio como candidato a jefe de Gobierno en la Ciudad. Son nombres de una fracción del círculo rojo que vive con decepción la gestión de Cambiemos y que necesita apostar por otra cosa. En ese nivel, no son pocos los que ven la caída de la actividad económica como constante y recuerdan los años de la recuperación post-estallido que le tocó pilotear al ex ministro. En otro contexto, difícil de reeditar.

“En el mundo productivo entusiasma. Lo ven como un tipo que, siendo Presidente, puede manejar una situación difícil, a diferencia de Macri y de Cristina. Pero Roberto no necesita ni que lo impulsen ni que no lo impulsen. En este momento, no va a decir nada. No es ansioso ni carece de capacidad de tener su propio marco de análisis económico”, le dijo a Letra P un ex funcionario que lo acompañó en la gestión.

NUEVA ALIANZA. Los que promocionan la candidatura de Lavagna promocionan sus ventajas: capacidad para gestionar la economía, un solo mandato por delante y la posibilidad de sumar apoyos del peronismo, el radicalismo y sectores del socialismo como el que representa Miguel Lifschitz, que acaba de considerarlo “síntesis de distintas expresiones políticas”. El respaldo empresario y los guiños de la política que no encuentra un nombre para romper la polarización no alcanzan: lo que decide es ese tercio que hoy todavía duda y parece obligado a optar por las dos opciones principales. También las capas de votantes más jóvenes que no conocen ni vieron actuar al político Lavagna.  

Dentro del peronismo, aparece Duhalde como el oráculo que lo promociona y Pichetto como el que más presiona para sumarlo al espacio del peronismo federal. Al lado del senador consideran que Lavagna es “el candidato que puede asegurar el triunfo” y hasta se entusiasman con que su nombre pueda disuadir a Cristina de volver a pelear por la presidencia. El PJ del medio no lo dice pero espera también a que las novedades de Comodoro Py, cuando termine la feria judicial, lleven a la ex presidenta a reconsiderar su candidatura. No hablan ya de los pedidos de desafuero testimoniales que impulsa el juez federal Claudio Bonadio: vuelven a mencionar la situación judicial de sus hijos, Máximo y Florencia.

 

En el entorno del ex ministro no descartan un renunciamiento de CFK que lo deje como candidato único contra Macri.

 

Católico ferviente, Lavagna da señales ante su entorno de que le interesa la postura del Papa Francisco ante el escenario electoral. Su hijo Marco votó en contra de la despenalización del aborto durante la sesión en la que la interrupción voluntaria del embarazo obtuvo la media sanción. El ex ministro le presta atención a otro aspecto: el respaldo de los movimientos sociales francisquistas a un armado que incluye a CFK e incluso la pone otra vez como jefa.

Entre los colaboradores del ex secretario de Industria no descartan la posibilidad de llegar a un entendimiento con la ex presidenta. Hasta mencionan empresarios que podrían oficiar de puente, pero claro, es un acuerdo que demandaría un “acto de grandeza” por parte de Cristina, la candidata que debería renunciar a su piso envidiable en intención de voto. Las versiones de que la senadora puede ir a pelear por la gobernación bonaerense, donde no existe el ballotage, facilitarían ese acercamiento si no fuera porque en el cristinismo puro las consideran directamente disparatadas. Cuando pasen enero y febrero, el panorama electoral y el pulso de la economía van a asomar más claros. Entonces, dicen, decidirá Lavagna.

El barrefondo de la grieta

El ex ministro deja correr voces que lo posicionan en carrera presidencial. Apuesta a quedarse con políticos y empresarios que huyan de la polarización y hasta fantasea con un pacto con Cristina.

Hace mucho que Roberto Lavagna se fastidia cuando lo etiquetan como economista. Se considera más. El ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no participa de los debates diarios y habla muy poco en público, pero se considera un político, por lo menos, desde que compitió por la presidencia en 2007 escoltado por el radical Gerardo Morales. A los 76 años, con una crisis económica de indicadores que remiten a 2002, Lavagna tiene la última oportunidad de refrendarse en la categoría en la que le gusta verse.

En el arranque de 2019, con los candidatos en un raro impasse antes de mover sus fichas, el fundador de Ecolatina se repite en los análisis, da bien en las encuestas y divide a la oposición. En el peronismo moderado, chocan los que -como Miguel Ángel Pichetto- lo señalan como el único capaz de garantizar el triunfo y los que lo devalúan como un postulante retirado y sin carisma, que deberá anotarse y competir como uno más.

Según pudo saber Letra P, el senador y el ex ministro coinciden en algo: en marzo, las cosas van a estar más claras. Será el momento de las definiciones y el ritmo de la economía va a incidir en la decisión del sucesor de Jorge Remes Lenicov en el palacio de Hacienda.

Lavagna es fogoneado con insistencia como el nombre que puede alterar un escenario cerrado de polarización, con Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner dominantes en la batalla electoral hacia octubre, muy por encima del PJ federal.

 

Massa lo muestra como su cerebro económico desde su ruptura con Cristina. Hoy coquetean con pelear el mismo cargo.

 

Entre la ansiedad de un grupo de colaboradores que lo impulsa, el lobby empresario que lo proyecta y la orfandad de un sector de la sociedad, “El Pálido” -según aquel apodo ingrato que le estampó Kirchner- se recluye en su chacra de Máximo Paz, Cañuelas, desde el 26 de diciembre pasado y no anticipa su definición.

Sin embargo, cerca suyo dicen que no tiene por qué apurarse si nadie lo hace, salvo el ambicioso Juan Manuel Urtubey y el propio Macri, que se declaró listo en más de una oportunidad. CFK se muestra en cuentagotas y recibe gente, pero deja que especulen con su candidatura, sin confirmar ni negar cuál es su pretensión.

Fuentes de su entorno consideran que es temprano para asegurar que Lavagna irá en busca de la revancha, después del mal trago del lejano 2007. Pero marcan una diferencia: esta vez como nunca, decidió dejar correr todas las especulaciones, sin desautorizarlas a través de su hijo Marco. Más que eso, se encargó de alimentarlas con encuentros reservados con hombres de negocios, gobernadores como Sergio Uñac y un grupo de inoxidables del sindicalismo como Luis Barrionuevo, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y Armando Cavalieri.

Antiguos colaboradores suyos, que lo acompañarían si se decide, descifran una novedad en sus movimientos. “Lo único que está claro es que no está desechando nada. Si no, es difícil que en diciembre tenga reuniones o reciba a gobernadores”, dicen. Son gestos que lo muestran más activo de lo habitual. Hasta su distancia escénica con el peronismo federal es interpretado como parte de una estrategia acorde a sus pretensiones: pararse por encima de las contradicciones domésticas, en busca de un operativo clamor.

EL APOYO EMPRESARIO. Hace tres semanas, Lavagna convocó a un grupo de hombres de negocios, preocupados por el rumbo de la economía de Cambiemos, en una casona de la zona norte de Capital Federal. Según le dijo a Letra P uno de los empresarios que asistió al encuentro, el ex ministro planteó un escenario pesimista, con una recesión profunda que no tiene fecha de vencimiento y una fuerte caída del PBI, similar a la que experimentó Grecia, también de la mano del FMI. Ahí desplegó las líneas directrices de un modelo posible: tipo de cambio alto, renegociación de la deuda y nuevo impulso al mercado interno con eje en lograr una mejora en la tasa de actividad en el empleo. Pero además, elogió la reforma norteamericana que habilita el blanqueo de los aportes privados en las campañas electorales. Capaz de financiarlo sin inconvenientes, el auditorio de pesos pesados lo ameritaba.

Con un sector empresario productivo que está afectado por las tasas de interés y la caída en el consumo, Lavagna aparece como una esperanza para una franja del establishment, distinta a la de los bancos, habituados a ganar más allá de los gobiernos.

Entre los nombres propios asociados desde siempre al ex secretario de Industria de Raúl Alfonsín se destaca enseguida Techint. La multinacional siderúrgica vive una situación paradójica con Macri en la presidencia: beneficiada con subsidios millonarios en el oasis de Vaca Muerta, con Paolo Rocca procesado y con caída en sus acciones. Lavagna y Rocca no ocultan su histórica relación y exhiben más de un puente que los une. Sergio Lavagna, el hijo mayor del ex ministro, que tiene 46 años, trabaja en el holding hace más de dos décadas: hasta 2014 en Siderca y desde entonces en Tenaris.

 

Paolo Rocca, de relación ambigua con el macrismo, es un histórico aliado de Lavagna.

 

Techint y el Grupo Clarín aparecen vinculados a la apuesta de un peronismo moderado que pueda dejar atrás la etapa del kirchnerismo y favorecer a los sectores empresarios nacionales. Sin embargo, no son los únicos. Cerca del economista, mencionan también a Luis Pagani de Arcor, a Javier Madanes de Aluar y al Grupo Werthein. Hay indicios. Con pérdidas declaradas en 6.000 millones de pesos durante los primeros nueve meses de 2018, el dueño de la multinacional alimenticia se expresó con críticas muy duras sobre el gobierno de Macri: en mayo pasado, afirmó que no tiene plan económico.

Según publicó Silvia Naishtat en Clarín, alguien le informó a Macri que Lavagna quiere a Rodolfo D’Onofrio como candidato a jefe de Gobierno en la Ciudad. Son nombres de una fracción del círculo rojo que vive con decepción la gestión de Cambiemos y que necesita apostar por otra cosa. En ese nivel, no son pocos los que ven la caída de la actividad económica como constante y recuerdan los años de la recuperación post-estallido que le tocó pilotear al ex ministro. En otro contexto, difícil de reeditar.

“En el mundo productivo entusiasma. Lo ven como un tipo que, siendo Presidente, puede manejar una situación difícil, a diferencia de Macri y de Cristina. Pero Roberto no necesita ni que lo impulsen ni que no lo impulsen. En este momento, no va a decir nada. No es ansioso ni carece de capacidad de tener su propio marco de análisis económico”, le dijo a Letra P un ex funcionario que lo acompañó en la gestión.

NUEVA ALIANZA. Los que promocionan la candidatura de Lavagna promocionan sus ventajas: capacidad para gestionar la economía, un solo mandato por delante y la posibilidad de sumar apoyos del peronismo, el radicalismo y sectores del socialismo como el que representa Miguel Lifschitz, que acaba de considerarlo “síntesis de distintas expresiones políticas”. El respaldo empresario y los guiños de la política que no encuentra un nombre para romper la polarización no alcanzan: lo que decide es ese tercio que hoy todavía duda y parece obligado a optar por las dos opciones principales. También las capas de votantes más jóvenes que no conocen ni vieron actuar al político Lavagna.  

Dentro del peronismo, aparece Duhalde como el oráculo que lo promociona y Pichetto como el que más presiona para sumarlo al espacio del peronismo federal. Al lado del senador consideran que Lavagna es “el candidato que puede asegurar el triunfo” y hasta se entusiasman con que su nombre pueda disuadir a Cristina de volver a pelear por la presidencia. El PJ del medio no lo dice pero espera también a que las novedades de Comodoro Py, cuando termine la feria judicial, lleven a la ex presidenta a reconsiderar su candidatura. No hablan ya de los pedidos de desafuero testimoniales que impulsa el juez federal Claudio Bonadio: vuelven a mencionar la situación judicial de sus hijos, Máximo y Florencia.

 

En el entorno del ex ministro no descartan un renunciamiento de CFK que lo deje como candidato único contra Macri.

 

Católico ferviente, Lavagna da señales ante su entorno de que le interesa la postura del Papa Francisco ante el escenario electoral. Su hijo Marco votó en contra de la despenalización del aborto durante la sesión en la que la interrupción voluntaria del embarazo obtuvo la media sanción. El ex ministro le presta atención a otro aspecto: el respaldo de los movimientos sociales francisquistas a un armado que incluye a CFK e incluso la pone otra vez como jefa.

Entre los colaboradores del ex secretario de Industria no descartan la posibilidad de llegar a un entendimiento con la ex presidenta. Hasta mencionan empresarios que podrían oficiar de puente, pero claro, es un acuerdo que demandaría un “acto de grandeza” por parte de Cristina, la candidata que debería renunciar a su piso envidiable en intención de voto. Las versiones de que la senadora puede ir a pelear por la gobernación bonaerense, donde no existe el ballotage, facilitarían ese acercamiento si no fuera porque en el cristinismo puro las consideran directamente disparatadas. Cuando pasen enero y febrero, el panorama electoral y el pulso de la economía van a asomar más claros. Entonces, dicen, decidirá Lavagna.