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Mono (suelto) con navaja

A raíz del fuerte mensaje crítico que logró colar con éxito en los medios, el Gobierno lo mira con recelo y preocupación. Cómo se gestó la falsa candidatura del ministro que no fue.
Por 17/03/2018 10:24

“¿Siguen pelotudeando con eso?", le replicó Carlos Melconian a uno de sus amigos de la vida. Le preguntaba, cargada de asombro, por el rumor que circuló de que el economista que fue despedido del Banco Nación hace casi dos años podría re ingresar al gabinete nacional. “No hay ninguna chance”, se explayó. La operación que hizo trascender su nombre para asumir en Hacienda y el de Vladimir Werning -hoy en la Jefatura de Gabinete- para el Banco Central (BCRA) se enmarca en el peor momento en la relación entre el racinguista y titular de la Consultora M&S y la mesa chica de Balcarce 50.

En la Rosada, más allá de la simpatía que aún le tiene el presidente Mauricio Macri, alcanza altos niveles de imagen negativa en las filas de Marcos Peña, el jefe de Gabinete. Su pelea con el hombre fuerte de Cambiemos fue una de las razones que lo eyectaron del Nación y hoy, desde allí mismo, se disparan los reproches más duros a la estrategia comunicacional de Melconian: alta exposición mediática en programas con mucho rating llevando un mensaje de alerta sobre los resultados y perspectivas de la política económica. Todo con modos histriónicos, ejemplos de impacto y crudeza, todo lo que el Gobierno prefiere no escuchar de los que alguna vez apoyaron el proyecto.

 

En los años del Banco Nación, cuando tenía aval pleno del Gabinete. 

 

“Es un mono con navaja, nos pega demasiado”, refunfuñan, ante la consulta de Letra P, en el Gobierno, donde se mantiene una celosa preocupación sobre las formas de decir las cosas, incluso más allá de su significado. Vale decir que esas mismas fuentes reconocen en privado que sí hay malestar o disconformidad con la dinámica que viene teniendo el Ministerio de Economía a cargo de Nicolás Dujovne, pero que nada tiene eso que ver con el caso Melconian. En este río revuelto se gestó la versión de una candidatura que no fue y que la mayoría atribuye a un posicionamiento personal de Werning, una especie de brazo extendido de Peña sobre Hacienda y el BCRA, dos plazas que generan cierta desconfianza en la Jefatura de Gabinete. El periodista Marcelo Bonelli relató algo de esta idea en la edición de Clarín, donde desliza que Werning sería una especie de inside man de Peña en el Central. La primera señal física de la intervención oficial sobre el organismo que, en los hechos, ya se da hace algunos meses. En este contexto, el nombre de Melconian fue en elemento distractivo para hacer llegar un mensaje a territorio de Federico Sturzenegger, al frente de la golpeada entidad monetaria.

Asiduo plateísta de Racing, Melconian ingresó al PRO en el año 2005 y entre 2015 y 2017 jugó de titular en el Banco Nación. Pero no fue ése su inicio en la política. En el año 1986, en su rol de jefe del Departamento de Deuda Externa del BCRA, firmó un pedido de anulación de las pesquisas sobre la deuda privada contraída en el exterior. Esa decisión se cristalizó en los años de Domingo Cavallo y una de las empresas que sacaron fue Socma, la compañía de la familia Macri. Más cerca del presente, sonó como candidato a ministro de Economía de Carlos Menem en la elección que lo enfrentó a un desconocido Néstor Kirchner, en 2003. En el inicio del gobierno de Macri, también se lo mencionó como “ministeriable”. Los que lo conocen bien cuentan que, en esta coyuntura, jamás aceptaría un cargo. O, más bien, que para que eso se diera tendría que haber un alineamiento de planetas que el macrismo hoy no tiene en carpeta.

 

 

Melconian, como muchos otros economistas que hoy corren al Gobierno por derecha y le piden más ajuste y menos gradualismo, sueña con el ministerio único. La suma del poder público y la toma de decisiones a través de Hacienda. Esto supone la eliminación de la cartera de Producción y la del Ministerio de Finanzas. Hay una anécdota constante sobre el tema. Cuando llegan los inversores extranjeros, lo primero que preguntan en el Gobierno y en los bancos de inversión que visitan para tener un panorama es si Luis “Toto” Caputo es subsecretario de Finanzas, cargo parecido al que tuvo Miguel Kiguel en los años ´90. No entienden por qué esa cartera es un ministerio. Es normal: en ningún lugar del mundo y menos en los países desarrollados, el poder de manejo de la política económica está tan atomizado. No tiene esto que ver con ahorro en el gasto del Estado, sino, más que nada, en la multiplicidad de cabezas para tomar decisiones. La descoordinación. No es el único que se queja del desorden y los problemas. Hay internamente algunas quejas con Dujovne precisamente por estas imprecisiones, como la fallida reforma tributaria que aplicó el ministro, en la que los empresarios terminaron pagando más impuestos que antes. Eso también generó bronca en los gobernadores del Interior, que le hicieron saber la queja a su interlocutor en Nación, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Para Dujovne, todo se hizo cuesta arriba al interior del Ejecutivo cuando, de viaje en España, tuvo expresiones que no conformaron a Macri.

 

 

En el entorno del economista cuentan que Melconian “sigue apoyando el proyecto”, algo que él mismo manifestó en una entrevista reciente con Luis Novaresio en el canal América 24. Pero agregan que “no tiene doble discurso”. “La meta inflacionaria del 15% murió el día que nació” fue la sentencia con la que inquietó a más de uno en el Gobierno. Días atrás, mencionó también la idea oficial del “Plan Perdurar”, para “resucitar” a Cristina Fernández y “que no aparezca nadie enfrente; es no tener conflicto con lo discreto y moderado de la situación actual, cuyo puntal es seguir consiguiendo plata".

 

Werning, hombre del Gabinete. Le atribuyen la operación de posicionamiento que incluyó a Melconian. 

 

A decir verdad, la gestualidad y el discurso directo de Melconian no deberían ser novedad para nadie. En 2015, cuando jugaba el rol de asesor PRO en campaña, visitó a inversores en un evento organizado por el Banco Macro. Dijo allí lo que Macri omitió en campaña. Puntualizó que había que hacer recortes fuertes: “Por su composición, el gasto público no es fácil de bajar”, explicó y sugirió reducir los salarios, los “planes sociales” y el Fondo Solidaria de la Soja, entre otros varios ítems. A su favor, en ese paper que se filtró, están muchas de las ideas que Macri tiene en la cabeza pero que entiende que hoy no son aplicables en un contexto donde se ha dilapidado buena parte del capital político de Cambiemos.

 

 

Las mayores críticas a Melconian gotean desde la Jefatura de Gabinete, el alter ego descarnado de Macri. De allí salió la pelea con la UIA. También, la confrontación que terminó con la renuncia de Alfonso Prat Gay. Hasta la bronca por el descontrol inflacionario y de tipo de cambio con Sturzenegger. En el entorno tomaron a la intervención política al BCRA como un ejemplo del caso Melconian y aclararon que, si hubiese estado en el Central ante semejante embestida gubernamental, “hubiese dado un paso al costado”. En este escenario, Melconian al poder es -por fuera del ruido y los juegos personales para escalar posiciones- una utopía.

 

 

Mono (suelto) con navaja

A raíz del fuerte mensaje crítico que logró colar con éxito en los medios, el Gobierno lo mira con recelo y preocupación. Cómo se gestó la falsa candidatura del ministro que no fue.

“¿Siguen pelotudeando con eso?", le replicó Carlos Melconian a uno de sus amigos de la vida. Le preguntaba, cargada de asombro, por el rumor que circuló de que el economista que fue despedido del Banco Nación hace casi dos años podría re ingresar al gabinete nacional. “No hay ninguna chance”, se explayó. La operación que hizo trascender su nombre para asumir en Hacienda y el de Vladimir Werning -hoy en la Jefatura de Gabinete- para el Banco Central (BCRA) se enmarca en el peor momento en la relación entre el racinguista y titular de la Consultora M&S y la mesa chica de Balcarce 50.

En la Rosada, más allá de la simpatía que aún le tiene el presidente Mauricio Macri, alcanza altos niveles de imagen negativa en las filas de Marcos Peña, el jefe de Gabinete. Su pelea con el hombre fuerte de Cambiemos fue una de las razones que lo eyectaron del Nación y hoy, desde allí mismo, se disparan los reproches más duros a la estrategia comunicacional de Melconian: alta exposición mediática en programas con mucho rating llevando un mensaje de alerta sobre los resultados y perspectivas de la política económica. Todo con modos histriónicos, ejemplos de impacto y crudeza, todo lo que el Gobierno prefiere no escuchar de los que alguna vez apoyaron el proyecto.

 

En los años del Banco Nación, cuando tenía aval pleno del Gabinete. 

 

“Es un mono con navaja, nos pega demasiado”, refunfuñan, ante la consulta de Letra P, en el Gobierno, donde se mantiene una celosa preocupación sobre las formas de decir las cosas, incluso más allá de su significado. Vale decir que esas mismas fuentes reconocen en privado que sí hay malestar o disconformidad con la dinámica que viene teniendo el Ministerio de Economía a cargo de Nicolás Dujovne, pero que nada tiene eso que ver con el caso Melconian. En este río revuelto se gestó la versión de una candidatura que no fue y que la mayoría atribuye a un posicionamiento personal de Werning, una especie de brazo extendido de Peña sobre Hacienda y el BCRA, dos plazas que generan cierta desconfianza en la Jefatura de Gabinete. El periodista Marcelo Bonelli relató algo de esta idea en la edición de Clarín, donde desliza que Werning sería una especie de inside man de Peña en el Central. La primera señal física de la intervención oficial sobre el organismo que, en los hechos, ya se da hace algunos meses. En este contexto, el nombre de Melconian fue en elemento distractivo para hacer llegar un mensaje a territorio de Federico Sturzenegger, al frente de la golpeada entidad monetaria.

Asiduo plateísta de Racing, Melconian ingresó al PRO en el año 2005 y entre 2015 y 2017 jugó de titular en el Banco Nación. Pero no fue ése su inicio en la política. En el año 1986, en su rol de jefe del Departamento de Deuda Externa del BCRA, firmó un pedido de anulación de las pesquisas sobre la deuda privada contraída en el exterior. Esa decisión se cristalizó en los años de Domingo Cavallo y una de las empresas que sacaron fue Socma, la compañía de la familia Macri. Más cerca del presente, sonó como candidato a ministro de Economía de Carlos Menem en la elección que lo enfrentó a un desconocido Néstor Kirchner, en 2003. En el inicio del gobierno de Macri, también se lo mencionó como “ministeriable”. Los que lo conocen bien cuentan que, en esta coyuntura, jamás aceptaría un cargo. O, más bien, que para que eso se diera tendría que haber un alineamiento de planetas que el macrismo hoy no tiene en carpeta.

 

 

Melconian, como muchos otros economistas que hoy corren al Gobierno por derecha y le piden más ajuste y menos gradualismo, sueña con el ministerio único. La suma del poder público y la toma de decisiones a través de Hacienda. Esto supone la eliminación de la cartera de Producción y la del Ministerio de Finanzas. Hay una anécdota constante sobre el tema. Cuando llegan los inversores extranjeros, lo primero que preguntan en el Gobierno y en los bancos de inversión que visitan para tener un panorama es si Luis “Toto” Caputo es subsecretario de Finanzas, cargo parecido al que tuvo Miguel Kiguel en los años ´90. No entienden por qué esa cartera es un ministerio. Es normal: en ningún lugar del mundo y menos en los países desarrollados, el poder de manejo de la política económica está tan atomizado. No tiene esto que ver con ahorro en el gasto del Estado, sino, más que nada, en la multiplicidad de cabezas para tomar decisiones. La descoordinación. No es el único que se queja del desorden y los problemas. Hay internamente algunas quejas con Dujovne precisamente por estas imprecisiones, como la fallida reforma tributaria que aplicó el ministro, en la que los empresarios terminaron pagando más impuestos que antes. Eso también generó bronca en los gobernadores del Interior, que le hicieron saber la queja a su interlocutor en Nación, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Para Dujovne, todo se hizo cuesta arriba al interior del Ejecutivo cuando, de viaje en España, tuvo expresiones que no conformaron a Macri.

 

 

En el entorno del economista cuentan que Melconian “sigue apoyando el proyecto”, algo que él mismo manifestó en una entrevista reciente con Luis Novaresio en el canal América 24. Pero agregan que “no tiene doble discurso”. “La meta inflacionaria del 15% murió el día que nació” fue la sentencia con la que inquietó a más de uno en el Gobierno. Días atrás, mencionó también la idea oficial del “Plan Perdurar”, para “resucitar” a Cristina Fernández y “que no aparezca nadie enfrente; es no tener conflicto con lo discreto y moderado de la situación actual, cuyo puntal es seguir consiguiendo plata".

 

Werning, hombre del Gabinete. Le atribuyen la operación de posicionamiento que incluyó a Melconian. 

 

A decir verdad, la gestualidad y el discurso directo de Melconian no deberían ser novedad para nadie. En 2015, cuando jugaba el rol de asesor PRO en campaña, visitó a inversores en un evento organizado por el Banco Macro. Dijo allí lo que Macri omitió en campaña. Puntualizó que había que hacer recortes fuertes: “Por su composición, el gasto público no es fácil de bajar”, explicó y sugirió reducir los salarios, los “planes sociales” y el Fondo Solidaria de la Soja, entre otros varios ítems. A su favor, en ese paper que se filtró, están muchas de las ideas que Macri tiene en la cabeza pero que entiende que hoy no son aplicables en un contexto donde se ha dilapidado buena parte del capital político de Cambiemos.

 

 

Las mayores críticas a Melconian gotean desde la Jefatura de Gabinete, el alter ego descarnado de Macri. De allí salió la pelea con la UIA. También, la confrontación que terminó con la renuncia de Alfonso Prat Gay. Hasta la bronca por el descontrol inflacionario y de tipo de cambio con Sturzenegger. En el entorno tomaron a la intervención política al BCRA como un ejemplo del caso Melconian y aclararon que, si hubiese estado en el Central ante semejante embestida gubernamental, “hubiese dado un paso al costado”. En este escenario, Melconian al poder es -por fuera del ruido y los juegos personales para escalar posiciones- una utopía.