08|5|2022

La pesadilla de Sturzenegger: la política le intervino el manejo de la inflación

28 de diciembre de 2017

28 de diciembre de 2017

El Ejecutivo lo disciplinó, le cargó la responsabilidad en la demora en la baja de los precios y tomó por asalto el corazón de la política monetaria: las metas. El caso Brasil y el enigma mercados.

Conversaba con colegas y ponía en consideración, cada vez que podía, un caso práctico para sostener su dura teoría sobre las metas de inflación. “Brasil corrigió y lo único que logró fue no alcanzar, incluso, esas metas nuevas, posibilitando además una inflación extra por expectativas”, detalló el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger, y agregó ante los que lo escuchaban que el cambio de números en medio del río es el certificado de defunción de un esquema que está basado, específicamente, en la cuestión anímica, en las expectativas. Se juró y perjuró que jamás cedería un ápice en ese sentido.

 

Sin embargo, se cumplieron las advertencias que le hicieron los economistas ultras y el Gobierno nacional lo disciplinó en plaza pública, le intervino el manejo inflacionario que se hacía desde el Central, priorizó a la política por sobre las cuestiones técnicas y lo culpó por la insuficiente baja en los precios salvando de responsabilidades al resto de los ministerios. Con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, a la cabeza del anuncio, se blanqueó además lo que ya se venía tratando como un mito en la City: la simulada independencia del organismo monetario.

 

 

La domesticación de uno de los cuadros más sostenidos por el presidente Mauricio Macri fue, incluso, gestual. Cambiemos mostró en la conferencia de prensa que es capaz de poner en caja a los imperfectos y de la manera más cruda. El anuncio del corrimiento de un año de la meta de inflación y del alza del 50% en el número de suba de precios planificado para el 2018 (del 10% original al 15%) lo comunicó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, uno de los más acérrimos enemigos del esquema predilecto de Sturzenegger. Hasta tuvo la posibilidad de manifestar que los cambios de meta no son convenientes, pero que había que hacerlos ante esta coyuntura.

 

A esa altura, la procesión del banquero central iba bien por dentro. Y si bien el corazón del anuncio fue el tema inflacionario, el presidente del BCRA fue relegado a hablar en último término. Hizo lo posible por esconder el malestar, pero se le escapó en una frase: “Termino con unos datos de crédito y tipo de cambio, si me permite el Jefe de Gabinete”, sugirió. Otro pequeño acto de rebeldía: “Para cumplir la meta de inflación el BCRA necesita la ayuda del Ejecutivo, que no le pidan plata”, detalló. Un cross al aire que no pudo contrarrestar la culpa que el Gabinete le echaba del fracaso en la política de control de los precios.  

 

Hace unas semanas, en uno de los tantos y pocos difundidos encuentros con Macri, Sturzenegger aclaró que de ocurrir virajes en los planes inflacionarios, siempre está latente el riesgo de una disparada mayor de los precios. De nuevo el ejemplo brasileño, con el plus de que en Argentina el establishment mantiene históricamente una obsesión por la remarcación precautoria de los precios.

 

En paralelo, advirtió que este tipo de movidas son, en realidad, un golpe a la credibilidad del manejo técnico del BCRA. Pero la ola política lo pasó por encima de una forma tan violenta que hasta Peña anunció ya no sólo el cambio de meta, sino la invalidación del cálculo de inflación del Presupuesto 2018 que se había votado horas antes en el Congreso. Una de las mayores exposiciones públicas del manejo de las artes políticas que aplicó Cambiemos desde su llegada al poder. Una jugada casi de la vieja escuela, tan vilipendiada por la gestión macrista.

 

 

 

Cuentan en el entorno del ministro de la Producción, Francisco Cabrera, del hartazgo sobre las quejas de los industriales ante los manejos de tasas de interés de Sturzenegger. Dicen que el régimen mata la inversión en una economía que no consolidó su perfil de mejora. Macri vio eso más claro cuando en la Conferencia Anual de la Unión Industrial (UIA) hubo una afrenta pública contra el régimen de tasas. Fue uno de los puntos que lo hizo preguntarse si estaba bien lo que sugería Sturzenegger.

 

El anuncio no eligió las 8.45 de manera casual. Tuvo que ver con una decisión de dar una noticia en la previa a la apertura de los mercados, para medir recepción y expectativas. Por ahora todo es misterio. Lo único clarificado es que el Gobierno está dispuesto a intervenir en la economía tomando decisiones políticas que, incluso, puedan poner en riesgo la credibilidad propia y de algunos de sus funcionarios de envergadura. Reconociendo por primera vez que el eje central de la pretensión de política económica oficial, la baja de la inflación y la consecuente reducción de la pobreza, habían fallado.