SESIONES 2018. ENFOQUE

Del Macri robusto del CCK a los palcos flacos del 1M

El Presidente relanzó su gestión dos veces en cuatro meses. Esta vez fue con el faltazo de gobernadores, la sombra del diciembre caliente y la disputa con los sindicatos como telón de fondo.

Con un tono electoral para un año sin elecciones, el presidente Mauricio Macri relanzó la segunda mitad de su mandato por segunda vez en seis meses. El primer mensaje, con el mismo objetivo, fue en el CCK el 30 de octubre, casi una semana después de las legislativas de medio término, donde Cambiemos se impuso en los cinco principales distritos del país. En esa oportunidad, sin poner un pie en el Congreso, Macri convocó a todos los gobernadores y los principales jefes de la CGT para presentar una agenda de reformas que, durante los dos meses siguientes, desembocaron en un desgaste político inesperado, tanto dentro como fuera del Congreso.

 

Entre el fracaso de la versión original de la reforma laboral y la accidentada votación de la reforma previsional, el líder de Cambiemos se tentó con sortear los obstáculos legislativos con la firma de un decreto de necesidad y urgencia que puso en crisis, una vez más, la estabilidad de su alianza de Gobierno, especialmente por los tironeos que mantuvo con su socia menor Elisa Carrió

 

Macri en el CCK, relanzando su gobierno después del triunfo en las legislativas de octubre.

 

Las fotos políticas de noviembre y diciembre del año pasado, posteriores a la liturgia que encabezó Macri en el CCK, quedaron perdidas en el pasado, como si hubieran ocurrido hace una eternidad. Sin embargo sucedieron hace escasos cuatro meses, con un costo político tan alto que llegó a licuar en tiempo récord el apoyo electoral que había acumulado el Gobierno en los comicios legislativos, donde Cambiemos apostó a concentrar su fuego para plebiscitar los dos primeros años de su gestión nacional.

 

 

 

Este jueves, apenas dos parpadeos después del discurso del CCK, Macri leyó un discurso diseñado por el mismo equipo comunicacional que armó la escenografía para lanzar un mensaje al país y al establishment, pero sin cadena nacional. Aquél 30 de octubre, Macri buscó involucrar a todos los gobernadores del país y a los máximos representantes del cegetismo, para presentarles una batería de reformas que, cuando comenzaron a pasar por el cedazo del Congreso, dejaron al Ejecutivo en soledad y al borde del abismo, frente a un inesperado nivel de resistencia callejera que evidenció el nivel de violencia estatal que el Gobierno está dispuesto a utilizar para cumplir los planes de Cambiemos.

 

 

Macri saluda a una plaza vacía, justo después de pronunciar su discurso.

 

En esta oportunidad, con la Asamblea Legislativa como epicentro institucional, Macri sólo estuvo acompañado por menos de la mitad de los gobernadores que logró sentar hace seis meses, y sin uno sólo de los representantes sindicales que logró acarrear para lanzar la estrategia del “reformismo permanente”. Las ausencias de este jueves, y el obligado espejo del discurso de octubre, confirman que Cambiemos cuenta con mucho menos capital político que los saldos simbólicos que le habían dado aquellos votos recién cosechados a fines de octubre.

 

Los resonantes faltazos no fueron las ausencias más notorias durante el discurso presidencial, sino la preocupante falta de resultados económicos para inaugurar el tercer año de gestión de Cambiemos. El fantasma de la herencia recibida forma parte del pasado reciente, pero ya no parece alcanzar para justificar todos los sinsabores y desaciertos de la gestión del presidente Macri, en el promedio del mandato que ganó, por escaso margen, a fines de 2015.

 

 

 

Pero a pesar de la creciente distancia temporal con la gestión que antecedió a la primera experiencia de Cambiemos en la Casa Rosada, los arquitectos discursivos del oficialismo volvieron escribir una hoja de ruta conocida. Por tercer año consecutivo Macri le aseguró a la audiencia, dentro y fuera del Congreso, que “lo peor ya pasó”, con el fin de redoblar la apuesta política y sobre vender las expectativas de cambio que lo llevaron a la Presidencia, como si no hubiera terminado nunca la campaña permanente que Macri protagoniza desde hace casi una década.

 

Entre el esbozo del “reformismo permanente” de fines de octubre, y la alocución para abrir el período 136 de sesiones ordinarias del Congreso, la realidad de la calle y el bolsillo parecen indicar que las esperanzas, sin resultados, no duran para siempre.

 

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