Los economistas creen que la recuperación se daría recién en junio. Las empresas aseguran que ese desierto lo cruzarán pocas y que habrá más despidos, suspensiones y caída de la actividad.
Nadie se salva. Un alto ejecutivo de la empresa General Motors cuenta que la fábrica trabaja en un solo turno. Los empleados entran al inicio de una semana, salen cuando termina y son reemplazados por los que ya venían del descanso. El mercado automotor trabaja al 44% de su capacidad instalada, casi 20 puntos por debajo de la media general de las fábricas que, según el INDEC, se ubicó en 64,8%. El indicador es engañoso y tapa una crisis seria: sólo dos rubros sostienen ese número elevado, como Acero (83,9%) y Petróleo (78 y 79%). El resto es una curva descendente. Textiles opera al 49%, Calzado está en ese mismo nivel y Madera pasa por poco el 50%, pero sin homogeneidad: hay firmas que trabajan al 45% y la mayoría, en un solo turno.
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Las comparaciones son odiosas, pero en 2002 el uso de capacidad instalada de las plantas argentinas se ubicaba en 59,7%, mientras que en 2003 rozó el 70%. La salida de la peor crisis de la historia argentina casi que se equipara con los rendimientos de una economía que entró formalmente en recesión. Según los especialistas y economistas, la previsión sería de un rebote a mediados de 2019, una desaceleración de la baja que el Gobierno espera que tenga impacto positivo en otras variables.
General Motors trabaja en un turno. Los autos están por debajo de la media en el uso de capacidad instalada.
Para los empresarios, el enigma es otro: más que adivinación de los tiempos mejores, apuntan que están a las puertas de un desierto que cruzarán pocos. Un eterno vía crucis a un nuevo segundo semestre. Motivos para dudar tienen si se observa cómo la inflación, la devaluación, la recesión, el financiamiento caro y el derrumbe del mercado interno configuraron el escenario del empleo en los tres años del gobierno de Mauricio Macri.
La Unión Industrial Argentina (UIA) tiene contabilizados, a septiembre y versus mismo mes de 2015, 107.000 puestos de trabajo perdidos. El rubro textil, el más golpeado de todo el abanico, resignó 16.000 empleos formales y, si se suman los informales, el número alcanza a los 35.000 en los últimos tres años.
Este contexto explica, en parte, el giro en la posición del presidente de la UIA, Miguel Acevedo, que, ante el colapso generalizado, decidió no soltar una instancia de diálogo jugada pero, según su visión, irreemplazable: articular con la Iglesia, la CGT y los movimientos sociales para explicarles que lo que viene puede ser incluso peor de lo que ocurre en la actualidad.
Weiss, el saliente titular de los constructores, ya avisó que 2019 será un año negro para los ladrillos.
La Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), otro de los empleo-intensivos, tendrá un 2019 con ajuste feroz que hará caer la actividad contra un 2018 que ya tuvo números muy negativos. El costo de construir aumentó por sobre el 2% y la venta de insumos para obra cayó 30% interanual en noviembre. Lo alertó el presidente saliente de la Camarco, Gustavo Weiss, que seguirá con un rol político dentro de la entidad mientras habrá una gestión técnica del nuevo pope de los ladrillos, el abogado Julio Crivelli.
Los textiles, el sector más golpeado, trabaja al 49% de su capacidad.
La recuperación de los sectores productivos, según sus propios interlocutores, depende en gran parte de la posibilidad de financiarse a tasas más razonables. Hace unas semanas, el presidente del Banco Central (BCRA), Guido Sandleris, recibió a un grupo de CEOs para contarles su visión de la economía y su plan a mediano plazo. Salieron más preocupados y con una certeza: la volatilidad dejará a la tasa en un nivel de estabilidad en los números actuales. Ergo, seguirá sin haber crédito. En el Gobierno saben que esta situación está pegando duro, sobre todo, en los rubros mercado internistas.
La última duda es netamente política. Los sectores de la producción y el trabajo aún no logran dilucidar hacia qué puerto pretende ir Cambiemos. Ni siquiera saben si el dólar actual es el mismo que habrá en marzo. Y, si es que aumentara, cómo lo haría: si en un nivel de devaluación brusca o acompañando la inflación.
Estos puntos son los que, sazonados con un Riesgo País en niveles récord, derrumban el discurso de una recuperación que, en el camino, puede generar problemas aún más serios.