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El deseo de Macri de jugar con ambas hinchadas terminó en un verdadero escándalo, que incluyó incidentes en el Monumental, pases de facturas y hasta una renuncia. La final no se juega en Argentina.
Redacción 27/11/2018 12:19

“Lo que vamos a vivir los argentinos en unas semanas es una final histórica. También una oportunidad de demostrar madurez y que estamos cambiando, que se puede jugar en paz. Le pedí a la ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir”, rezaba el tuit del presidente Mauricio Macri a días de la primera final de la Copa Libertadores. Sin embargo, ese deseo se transformó en un verdadero papelón cuando la Conmebol definió este martes que el superclásico no se juegue en la Argentina tras los violentos incidentes ocurridos en el estadio Monumental.

 

 

La movida del jefe de Estado tenía como intención mostrarle al mundo una mejora notable en los operativos policiales de prevención durante su gestión, en medio de una caída de su imagen y a un año de las elecciones. De esa manera y sin consultarlo, Macri salió a dar buenas noticias en el ámbito más popular y que más cómodo se siente: el fútbol.

Subida a la euforia del Presidente, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, minimizó la magnitud del desafío y en declaraciones televisivas lanzó: "Si tenemos un G-20 ¿no vamos a dominar un River-Boca?". Pero las autoridades de Boca y River insistían en que no era adecuado jugar con ambas parcialidades.  

Este fin de semana, el superclásico fue suspendido en dos oportunidades luego de que un grupo de hinchas de River lanzara piedras contra el micro en el que se trasladaban los jugadores de Boca, causándoles heridas a algunos de ellos.

 

 

La atención de buena parte del mundo estaba puesta sobre Buenos Aires y no solo por el partido sino porque esta semana la ciudad será sede de la Cumbre del G20 que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los países más poderosos del mundo.

Como consecuencia de los incidentes, hubo cruces de acusaciones y el escándalo obligó al jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larret, a salir a hacer cargo del fallido operativo de seguridad que tanto enojó a Macri. Horas más tarde, renunció Ocampo al ministerio de Seguridad.

En conferencia de prensa, Macri –que fue durante años el presidente de Boca- aseguró que el problema es  de “una parte de la dirigencia que apaña como una conducta razonable tirar piedras, agredir, violentar”.

Finalmente, la Conmebol confirmó que el encuentro entre River y Boca se jugará en el exterior y no en Argentina, aunque aclaró que esa decisión estará sujeta a lo que resuelva el Tribunal de Disciplina. Asimismo el organismo indicó que el partido se disputará "entre el 8 y 9 de diciembre" y aclaró que aún no se definió el escenario en donde se disputará.

 

 

En el comunicado difundido por el organismo sudamericano explicó que una vez que el Tribunal Disciplinario se expida, en favor de que se juegue el partido, la Conmebol "se hará cargo de todos los gastos de viaje, hospedaje, alimentación y traslado interno de hasta 40 personas por delegación".