X

Era el único sector corporativo que, aunque golpeado por la economía, no se había expresado a favor de la continuidad del Gobierno. Lo explicitó en su cumpleaños 130, ante Vidal, Macri y Cabrera.

Por 31/08/2017 17:15

El ministro de la Producción, Francisco Cabrera, está fortalecido. Sonriente, subió al escenario instalado en los galpones del centro de distribución Barbarella, predio ubicado en el centro de la laberíntica geografía del Parque Industrial de Pilar. Un auditorio colmado de industriales, empresarios y políticos lo aplaudió incluso antes de dar su mensaje en el marco del Día de la Industria. Ni el propio funcionario se hubiese imaginado que en el cumpleaños 130 de la Unión Industrial Argentina (UIA) recibiría tan alto nivel de aceptación. Solo seis meses atrás estaba en el ojo de la tormenta y lo sostenía nada más que la voluntad presidencial y la expectativa de Mauricio Macri ante un hombre de su extrema confianza. Pero los tiempos le jugaron a favor: cuando ingresó al evento ya sabía que el Indec anunciaría por la tarde el número de actividad fabril de julio, que terminó reflejando una mejora interanual del 5,9%. Lo peor en materia industrial, al menos en los números gruesos, ya había pasado y el clima era otro. “Hoy hay una situación generalizada de crecimiento, no se discuten más los brotes verdes”, definió Cabrera.

Luego de unas breves palabras del anfitrión Nicolás Ducoté, tomó el micrófono Mario Gualtieri, el titular de la Unión Industrial Bonaerense (UIPBA), que jugó fuerte y respaldó a los gobiernos nacional y provincial. Tanto, que disparó ante la audiencia una exitosa arenga a favor del combate por los fondos provinciales y pidió ratificar el rumbo oficial. Momentos después, Miguel Acevedo, el presidente de la UIA, leyó un discurso calmo, sin críticas, en respaldo a la reconstrucción de la calidad educativa, productiva e institucional. A pesar de que los textiles y los empresarios del calzado bufaban por ser uno de los sectores más dañados por las importaciones y la caída del consumo, el jefe de Aceitera General Deheza (AGD) se moderó.

El gesto en cuestión no es menor: hasta el momento, sólo los industriales y aún más los bonaerenses y los pymes eran el único bastión con cierto escepticismo respecto al Gobierno y sus políticas sectoriales. Pero esta reconversión de la UIA al macrismo circunstancial es el hito que consagra la mutación del Círculo Rojo a un Círculo Amarillo. Un apoyo pleno a la gestión oficial de todo el establishment de peso en la Argentina. Sin medias tintas más que los reclamos lógicos de agenda como la reforma laboral y la impositiva. Ya antes que la UIA, la Asociación Empresaria Argentina (AEA), el Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp), la mayor parte del ruralismo y los empresarios nucleados en IDEA había jugado fuerte a favor de Cambiemos.

Algunos inquietos que comían canapés y empanadas en la previa y el post del evento, contaron a Letra P que el respaldo tiene razones que exceden los mejores rendimientos de casi todos los indicadores fabriles. Este amiguismo con el oficialismo se explica básicamente por la empatía de algunos dirigentes y por la política. El Gobierno hace tiempo viene trabajando a diario con los equipos técnicos de la UIA, estrechando un vínculo que venía muy golpeado y que ahora goza de un rebote importante. Esas relaciones permitieron el descenso amable y placentero del helicóptero que transportó al evento a Macri y a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Un soft landing que siguió cuando ambos subieron a las tablas para cerrar el acto.

 

 

RAZONES DEL ROMANCE. Los esperaban A Macri y Vidal, en primera fila, los del nuevo Círculo Amarillo: Paolo Rocca, el jefe de Techint; Eduardo Eurnekian; Guillermo Moretti, de la UIA de Santa Fe; el salteño José Urtubey; el representante de Arcor Adrián Kaufmann Brea; Jorge Brito hijo (Macro); Daniel Funes de Rioja (Copal); Adelmo Gabbi, de la Bolsa de Comercio; Jaime Campos (AEA); Luis Miguel Etchevehere (Sociedad Rural) y el ítalo argentino de la FIAT Cristiano Rattazzi. Todos intercalados con funcionarios nacionales y provinciales que acompañaron, como el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; el ministro de Economía de Vidal, Hernán Lacunza, y la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, afecta a este tipo de celebraciones.

 

 

Se lo vio visiblemente dolorido a Macri mientras encarada la escalinata al escenario. La rodilla operada hinchada y visible lo obligó a estirar la pierna mientras buscaba acomodarse en unos taburetes incómodos para los lesionados, algo que le hizo saber en público a los organizadores de la UIA. Mientras elongaba, Vidal daba el discurso más político y de campaña de la jornada. Un largo recorrido, con muchos datos, de la situación heredada, los números del empleo que maneja el Gobierno y la constante apelación a la confirmación electoral del cambio. Es la gobernadora el cuadro más fuerte y que mayor respeto y complicidad genera entre el empresariado. Esos mismos que en algunos casos le recriminan a Macri en privado son complacientes con “María Eugenia”, tal la manera en la que se refieren a la mandataria. Alcanzó verlo a Funes de Rioja, representante de las alimenticias, asentir ante la expresión de la gobernadora de que los conflictos en fábricas como Cresta Roja eran anteriores a la gestión Cambiemos. Funes es uno de los interlocutores con el Gobierno, uno de los que juega fuerte a sostener el cambio.

Hay un elemento más que no es menor y que también da la pauta de las razones que transformaron al Círculo Rojo en Círculo Amarillo: el bolsillo. Los industriales vivieron un sacudón feroz en todo el 2016, con inundación de importaciones, caída del mercado interno, tipo de cambio poco competitivo según su propia visión, más tasas altas orquestadas por el Banco Central. “Hoy estamos capeando la tormenta perfecta, no es poco, no sirve volver atrás”, reconoció un autopartista que, como la mayoría de los allí presentes, irán con Cambiemos en octubre. En el fondo del salón, sorprendió una vez más ver entre los presentes al siempre vigente Héctor Méndez. El empresario que supo presidir la UIA en dos períodos del kirchnerismo, fue uno de los pocos no entusiastas. “Las cosas no están tan bien como ellos dicen, pero hay que acompañar”. Esa es la síntesis del alineamiento corporativo total con las políticas y el rumbo oficial.