Milei y el Gran Hermano digital: democracia en riesgo

Un video oficial –difundido el viernes en redes sociales por Javier Milei y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, entre otros funcionarios– provocó alarma al anunciar la aplicación en el país de un modelo sin precedentes de gemelo digital social.

La búsqueda del Presidente de una alianza con los magnates de Silicon Valley más jugados al uso de la inteligencia artificial como base de sistemas militares y de control social de alcance distópico –al servicio del poder global de los Estados Unidos, claro– se suma a la nunca explicada presencia en la Argentina del más emblemático de todos ellos: Peter Thiel, chairman de Palantir, y tecnoanarcocapitalista admirador de Milei y curioso por los resultados de lo que define como el "experimento argentino".

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La democracia argentina ingresa en zona de peligro y sus ciudadanos comienzan a ser tratados como cobayos.

Le pertenezco

El propio video explica el alcance, afortunadamente aún vaporoso, de la aventura.

"Por primera vez Argentina lidera el futuro social, un cambio de paradigma en las políticas sociales con el uso de inteligencia artificial (…). Estamos entrando en una nueva era. Hoy Argentina da un paso histórico: lanza el primer gemelo digital social", dice.

El mismo es definido como "un sistema que integra datos reales para simular, anticipar y optimizar políticas públicas", explica, sin explicar demasiado.

Nunca se ha intentado algo así en ningún lado, dato que, por sí solo, justifica todas las inquietudes.

¿Qué hace Peter Thiel en Argentina?

El concepto de gemelo digital no es nuevo y, de hecho, nació con el siglo. Se basa en la idea de acopiar toda la información de, por ejemplo, un motor, un sistema de transporte o una red eléctrica para que, al cargar toda la información sobre su funcionamiento en tiempo real, sea posible anticipar desperfectos, ineficiencias y modos de optimizar su funcionamiento.

Lo que Milei –¿y Thiel?– traen a la Argentina es, en las propias palabras oficiales, "integrar información de múltiples fuentes en una base unificada que, mediante inteligencia artificial, identifica lo relevante y proyecta escenarios posibles. El gemelo digital convierte la experiencia social en inteligencia pública".

¿Por qué la sospecha de que esto es lo que trae al país el ceo de Palantir, posible explicación de su radicación temporal, de la compra de una de las casas más caras de Buenos Aires y hasta de su integración social mediante la participación en torneos barriales de ajedrez?

Palantir ofrece a sus clientes, justamente, modelos de gemelo digital. La presentación que realiza en su página web solamente habla de gestión de activos y de mitigación de riesgos en infraestructura. Sin embargo, esa misma tecnología es apta para generar sistemas de control social y de manipulación del comportamiento humano.

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Thiel ha sido un donante clave y un simpatizante influyente de Donald Trump. En ese país, Palantir prospera en base a contratos gigantescos con diversas dependencias del gobierno, desde los departamentos –ministerios– de Agricultura y Seguridad Interior hasta la CIA y el Pentágono.

Así, interviene en la identificación masiva de inmigrantes ilegales y de sus movimientos, facilitando la campaña de deportaciones del ICE y, por caso, también en la automatización de ataques militares en Irán, donde se mató a toda la primera plana del régimen y también –dicen que por "inteligencia desactualizada"– a 180 niñas en una escuela.

Palantir también mantiene contratos de similar calibre con Israel y una decena de países, entre ellos el Reino Unido. En este último acaba de sufrir un traspié: la rescisión de su contrato de 67,5 millones de dólares con la Policía de Londres por decisión del alcalde Sadiq Khan, quien alegó "serias preocupaciones sobre el historial ético de Palantir".

No hay problema. Tiene otros contratos allí.

La disolución del Estado argentino

¿Qué hay en el "historial ético de Palantir"?

En Estados Unidos existe todo un andamiaje jurídico que, mediante órdenes judiciales o simples pedidos de inteligencia, obliga a sus empresas tecnológicas a compartir con el gobierno información que recabe en otros países. Ese marco está dado por la Patriot Act (ley Patriota), la Foreign Intelligence Surveillance Act (FISA, o ley de Vigilancia de Inteligencia Exterior) y la Cloud Act (ley de la Nube).

Los gobiernos que firman contratos con Palantir suele incluir una exigencia de confidencialidad. ¿Lo haría Argentina?

Le resultaría difícil aun si quisiera. La berretocracia que rigorea al país ni siquiera advirtió que el anuncio del gemelo digital social se hizo en un video con errores gramaticales, ortográficos y de estilo. Ignorancia natural.

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Cabe recordar que el Acuerdo de Comercio e Inversión recientemente alcanzado con Estados Unidos dedica un apartado a la "Prevención de barreras para el comercio digital". El mismo estipula que "Argentina se ha comprometido a reconocer a los Estados Unidos como una jurisdicción adecuada bajo la ley argentina para la transferencia transfronteriza de datos, incluidos los datos personales".

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Milei entrega todo de sí. Y también del país que gobierna.

Una carta de intenciones

Thiel fundó Palantir con Alex Karp, ceo de la compañía, quien publicó en 2024 junto a Nicholas W. Zamiska el libro La República Tecnológica: poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente, un best seller que constituye un escandaloso manifiesto político.

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El texto habla de la decadencia de Occidente, de la necesidad de que Estados Unidos y sus aliados reconstruyan su poder duro –de seguridad exterior e interior–, y de que lo hagan en alianza con las grandes empresas tecnológicas, que deben devolverle al país lo que la CIA invirtió en sus propios desarrollos. China y Rusia, claro, son los rivales.

Thiel –alemán de nacimiento y nacionalizado como el doctor en Filosofía Karp– hizo propio ese manifiesto al permitir que Palantir publicara un resumen de 22 puntos en su cuenta de X. Su contenido consagra la puesta de la alta tecnología al servicio del poder de los Estados Unidos, el belicismo, el sesgo militar de la IA, la necesidad de avanzar hacia una sociedad en armas, "la pertinencia de la acción militar en el extranjero", el supremacismo estadounidense, el carácter "perjudicial" de ciertas culturas, y control tecnológico de la "delincuencia violenta".

¿Entra la Argentina, un "país aliado" –por usar una expresión piadosa– en esa visión hecha a medida de la hiperpotencia? Sí. Santiago Caputo posteó hace poco sobre la "urgencia" con la que el país "necesita una doctrina de Seguridad Nacional" que consagre "nuestro alineamiento sistémico con Estados Unidos e Israel".

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El asesor, se sabe, libra una guerra interna muy dura en el entorno del Presidente, pero no precisamente por ideas como esa.

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Santiago Caputo acudió ayer al tedeum en la Catedral Metropolitana disfrazado del mafioso de ficción Tommy Shelby, de la serie Peaky Blinders. (La foto del asesor de Javier Milei fue tomada por Federico Lopez Claro).

Santiago Caputo acudió ayer al tedeum en la Catedral Metropolitana disfrazado del mafioso de ficción Tommy Shelby, de la serie Peaky Blinders. (La foto del asesor de Javier Milei fue tomada por Federico Lopez Claro).

El Capital Humano del Gran Hermano

"No se van a usar datos personales. Son datos generales y estadísticos, y anonimizados", aseguró Pettovello en X, al responder un duro cuestionamiento de Agustín Rossi, quien ya presentó un pedido de informes.

Harta de los comentarios negativos, terminó, como siempre ocurre con la extrema derecha gobernante, con descalificaciones.

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Ante esas "garantías" livianas y sin base legal, el abogado y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Pablo Serdán listó en X "algunos ejemplos concretos sobre los riesgos que habilita el gemelo digital social".

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No es inocuo que un sistema centralice todos los datos dispersos de los ciudadanos y que, con eso, anticipe conductas sociales y hasta individuales. Todo podría estar allí: datos biométricos; historiales médicos; información tributaria; historial crediticio; lugares de residencia, trabajo y movilidad urbana; opiniones vertidas en redes sociales; sesgos ideológicos, preferencias de consumo… No sería difícil que el poder le diga lo que quiere a cada uno, que ciertas rebeldías conlleven la pérdida de derechos, que la discriminación laboral se haga realidad. Y que todo eso no encuentre a nadie a quién apelaar.

Hay quien fantasea con posibles usos electorales de semejante cantidad de datops acumulados y procesados por el naciente Gran Hermano.

Una nación de cobayos

No por nada el experimento que tendría a los argentinos como cobayos comenzaría en el Ministerio de Capital Humano. A priori, los sistemas de gemelo digital podrían sumar mucho en materia de planificación del transporte y mantenimiento de infraestructura. Pero no: la extrema derecha argentina empieza por lo social.

De hecho, antes de este anuncio y de la propia llegada de Thiel al país el Gobierno ya había avanzado en la creación de una normativa anticipatoria.

El DNU 941/2025, un decreto sin necesidad ni urgencia, establece las bases de algo que, llevado a un extremo, podría suponer el nacimiento de un Estado policial.

Además de definir como secretas todas las actividades de inteligencia y de permitir a sus agentes practicar arrestos, la norma define que varios ministerios y numerosos entes estatales poseedores de datos de los ciudadanos deben compartirlos con la SIDE si esta lo requiriera.

Capital Humano emerge como el hub del esquema proyectado, a despecho de que la Corte Suprema sentenció en abril en el caso "Torres Abad, Carmen c/ EN - JGM s/ hábeas data" que varios artículos de la ley 25.326 de Protección de Datos Personales son inconstitucionales. La litigante reclamó en 2016 contra el uso de sus datos en poder de la ANSES en una campaña de difusión oficial.

Washington no premia traidores

"Mientras otros países siguen adelante, muchos ingenieros de Silicon Valley se siguen oponiendo a trabajar en proyectos de software que puedan tener aplicaciones militares ofensivas, incluido el aprendizaje automático de sistemas que hagan posible una selección más sistemática y la eliminación de enemigos en el campo de batalla", deplora Karp en su libro, con la mira puesta en China, donde los esquemas de vigilancia social masiva tienen ya larga aplicación.

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La resistencia de la empresa Anthropic, de la IA Claude, a que sus desarrollos se usen en ataques militares que prescindan totalmente de intervención humana y consideraciones morales, así como para montar esquemas amplios de control social, le valió la decisión de Trump de cancelar sus contratos con el Pentágono y de sancionarla severamente. Palantir ya está en eso y OpenIA, la empresa que desarrolló ChatGPT, entró en reemplazo de la expulsada.

La Argentina, en bandeja de oro

En este contexto, la Argentina se entrega, como si fuera un país irrelevante y ni siquiera merecedor del interés de su propia dirigencia, como laboratorio para el experimento de Thiel y Karp. Todo les parece dado para la construcción de un capitalismo tecnológico desligado de la soberanía popular y la democracia, incluso el Súper-RIGI que aguarda en las gateras para subsidiar la instalación de "sectores nuevos".

La destrucción del Estado, la sumisión a los Estados Unidos y a la Estategia de Seguridad Nacional de Trump, que pretende hacer de América Latina algo todavía más propio que un "patio trasero", son hechos que siguen por decantación a la doctrina Palantir.

Como se sabe, el acriollado Peter Thiel ya se reunió con Milei, con Santiago y Toto Caputo, con Federico Sturzenegger y con Pablo Quirno, entre otros funcionarios importantes. En ningún caso se informó de qué hablaron.

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Cuando se juntó con el Presidente, llegó acompañado –en el orden de la foto difundida por el Gobierno– por Matías Van Thienen, socio de Founders Fund; Matt Danzeisen, administrador de Thiel Capital, y Peter Thiel. El traductor oficial Walter Kerr y el canciller flanquearon a Milei.

Van Thienen es un argentino socio de uno de los fondos de capital de riesgo más importantes de Silicon Valley. Creado en 2005 por Peter Thiel y un grupo de socios, este invierte en startups tecnológicas que pergeñan proyectos que se definen como disruptivos.

Dios no juega a los dados

Las democracias, las libertades públicas y, en definitiva, el mundo tal como lo concebimos son conceptos en peligrosa mutación. Sorprende la coincidencia de que el papa León XIV innovara ayer con la presentación de su encíclica Magnifica Humanitas. La misma está dedicada, justamente a "la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial". No podría haber resultado más oportuna.

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"La inteligencia artificial debe ser desarmada", dijo él mismo a modo de resumen. El papa Robert Prevost es estadounidense y un enconado opositor a Trump y los Thiel de este mundo, y a todo lo que representan.

"Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas (…). De ese modo, la injusticia se realiza silenciosamente y la compasión, la misericordia y el perdón, no como simple apariencia, sino como gestos políticos, desaparecen del horizonte", dice en el punto 103.

Si no fuera porque fue elaborado por meses, podría decirse que se refiere directamente al caso argentino.

En tanto, en el 105, señala que "para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común, es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas".

¿Alguien velará por algo de esto en la Argentina de Milei y Thiel?

Detalle de La morte di Cesare. La obra de Vincenzo Camuccini (1798) ilustra bien la guerra desatada en la Casa Rosada de Javier Milei.
carita de hereje: milei, el anarcointervencionista

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