LA QUINTA PATA

El peronismo y el desafío de una nueva energía

¿Radicalizarse u ocuparle el centro a Javier Milei? La oposición se revuelve en sus dilemas. Consejos externos, usos locales. Relatos desde el campo de batalla.

El auge internacional de la ultraderecha, especialmente en el caso paradigmático de Donald Trump en Estados Unidos, suscita polémica sobre cuál es el mejor modo de disputarle el poder. En Argentina, el interrogante apunta a qué agenda y qué perfil de candidatura necesita el peronismo para enfrentar a Javier Milei en 2027. ¿Fuego contra fuego u ocupación del centro?

Provocó debate esta semana una columna publicada en The New York Times por James Carville, veterano estratega demócrata y arquitecto del triunfo de Bill Clinton en 1992.

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Así, con un burro –símbolo del Partido Demócrata– enfurecido, ilustró The New York Times la columna en la que James Carville llama a combatir a Donald Trump con

Así, con un burro –símbolo del Partido Demócrata– enfurecido, ilustró The New York Times la columna en la que James Carville llama a combatir a Donald Trump con "la plataforma más populista desde la Gran Depresión".

"Tengo 81 años y sé que para muchos llevo la antorcha de una supuesta era política centrista. Sin embargo, hasta para mí está clarísimo que el Partido Demócrata debe basarse en la plataforma económica más populista desde la Gran Depresión", sorprendió.

Para Carville, "es hora de que los demócratas adopten una plataforma radical, agresiva, sin adornos, sin complejos y totalmente inconfundible de pura furia económica", toda vez que los triunfos opositores del último 4 de noviembre en un puñado de estados demuestran que Trump sólo dejará una estela de "sufrimiento económico" y que "la gente siempre dirige su ira hacia el partido que está en el poder".

Igual que en 1992, para el consultor sigue siendo "la economía, estúpido".

¿El peronismo, desorganizado y roto como está, pero oposición realmente existente a fin de cuentas, encuentra al fin una receta que lo saque de sus dilemas y abrevie su crisis?

Donald Trump y Javier Milei vs. liberals y peronismo

Letra P convocó a dos especialistas, cuyos puntos de vista presentan coincidencias y contrastes. Ambos, Mario Riorda y Juan Courel, son hombres con experiencia de campaña. Nadie gana siempre, claro, pero el primero viene de coronar con éxito la carrera de Yamandú Orsi en Uruguay y el segundo venció en 2019 al frente de la campaña del Frente de Todos.

"Tengo serias dudas de que sea posible extrapolar el caso de Estados Unidos y lo que dice Carville a la Argentina", dijo Riorda, consultor, especialista en comunicación política, profesor universitario y titular de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE).

Courel reniega de la etiqueta de "populismo" que usa Carville. "Se trata de un concepto efectista e intelectualmente cómodo", define.

Es cierto: el término "populismo" no distingue ideologías sino, más bien, formas discursivas de construcción política. ¿Qué es Trump si no un populista de derecha?

Sin embargo, más en sintonía con Carville en el fondo de la cuestión, indicó que "el eje continuidad-cambio es clave para el 30 o el 40% de los votantes en disputa, los que no pertenecen a los núcleos duros. Es por eso que el discurso polarizante funciona".

"No estamos en una época para sutilezas, todo es blanco o es negro", enfatizó Courel, quien fuera secretario de Comunicación Política de la provincia de Buenos Aires.

La fibra sensible del peronismo

Carville tocó una cuerda sensible en la Argentina: en su crisis, el peronismo se muestra desgarrado entre los allegados a CFK, desde La Cámpora hasta Juan Grabois, que proponen confrontar desde posturas de izquierda en 2027, y quienes reclaman definiciones en torno a una sensibilidad mayoritaria a la que las ideas de equilibrio fiscal y monetario son fundamentales para no volver a las andadas de la inflación. Mientras, Axel Kicillof sigue buscando la cuadratura del círculo: pelear por el liderazgo sin perder base K y ampliando hacia fuera del núcleo duro.

El avance hacia la estabilización de la economía, aunque realizado a través de un camino innecesariamente doloroso y de futuro incierto, explica en buena medida el éxito de Milei en las legislativas de octubre.

Argentina y Estados Unidos son países muy diferentes, con tradiciones políticas distintas, recursos de poder incomparables y memorias históricas divergentes. La inflación en aquel país es un tema, pero en torno a lo que pesan los precios de los alimentos y la energía en los presupuestos familiares, no sobre si es posible vivir con un IPC del 200% como el que dejó el último gobierno peronista.

Por otro lado, ¿sería posible conquistar al 30 o 40% de voto oscilante, compuesto por personas de sensibilidad radical, liberal, progresista y, sobre todo, ideológicamente indefinida desde una agenda de duro perfil de izquierda? ¿Hay sin ellas una mayoría posible?

El peronismo y el deber de la nitidez

"Que el peronismo se radicalice o no en 2027 va a depender de cómo sea el final de Milei. El Presidente todavía no tuvo tiempo de solidificar el rechazo, al revés del peronismo", evaluó Riorda.

Courel coincidió: lo ocurrido el 26-O "es una preferencia que puede cambiar dentro de dos años". Sobre todo, cabe añadir, en virtud del tendal de heridos que va dejando la extrema derecha gobernante.

La clave para los dos especialistas es que una propuesta opositora tenga nitidez. En eso no tienen diferencias.

Para Courel, "lo opositor debe ser muy claro en todo, también en las formas. En la etapa de las propuestas electorales se necesita sí o sí el alimento de la polarización, ser capaz de interpelar al núcleo duro propio".

Todo, claro, supone circunstancias. "La receta de adoptar una plataforma radical puede funcionar según quién sea el candidato. En la campaña del Frente de Todos de 2019 hubo una marcada identidad peronista, anclada en la figura de Cristina Fernández de Kirchner, pero combinada con el discurso moderado que aportaba Alberto Fernández", recordó. Así se fidelizó a la base propia y se pudo ir más allá de ella.

Estados Unidos y Argentina: juego de diferencias

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Riorda relativiza más la necesidad del contenido radical de las agendas. Tomando el ejemplo de los últimos comicios parciales estadounidenses, señaló, refutando unas cuantas narrativas pasadas de entusiasmo, que "ahí no ganó una agenda radical". En realidad "hubo cuatro perfiles".

"Uno fue el de Zohran Mamdani, un socialista democrático y radicalizado. Ganó porque logró aglutinar al ciento por ciento del arco progresista, tanto dentro del Partido Demócrata como fuera de él. Sin embargo, el caso de Nueva York es irreproducible", dijo.

Foto AP:Evan Vucci
La estrategia que llevó a Zohran Mamdani a ganar la Alcaldía de Nueva York es presentada como el antídoto infalible contra Donald Trump. Sin embargo, no hay recetas sencillas. (Foto: Evan Vucci, AP).

La estrategia que llevó a Zohran Mamdani a ganar la Alcaldía de Nueva York es presentada como el antídoto infalible contra Donald Trump. Sin embargo, no hay recetas sencillas. (Foto: Evan Vucci, AP).

"Un segundo perfil fue el del gobernador de California, Gavin Newsom", quien se exhibe como la némesis progresista de Trump, incluso igualmente agresiva.

El californiano, un presidenciable, se impuso en un referendo crucial, la llamada "Propuesta 50", destinada a permitirle a la mayoría demócrata de la legislatura estadual rediseñar los distritos electorales para favorecer al oficialismo y perjudicar a la oposición republicana. ¿Así de crudo? Sí, porque Newsom llamó a "combatir el fuego con fuego" en respuesta a la misma acción –conocida como gerrymandering– tomada por los conservadores de Texas para promover la elección de cinco republicanos más en futuros comicios a la Cámara de Representantes.

Riorda continuó: "Los otros dos perfiles fueron el de Mikie Sherrill, quien ganó la gobernación de Nueva Jersey, y el de Abigail Spanberger, quien venció en Virginia". Vale destacar que la primera es una expiloto de guerra de la Marina y la segunda, una exagente de la CIA. "Las dos hicieron campaña silenciando la llamada agenda woke".

"Los perfiles, entonces, fueron diferentes y los triunfos más importantes incluso tuvieron un sesgo de centroderecha. Sin embargo, hubo algo en común: todos fueron nítidamente opositores a Trump y pusieron el foco en la agenda económica", dijo.

Un caso internacional en el que claramente la izquierda se impuso buscando el centro fue el de Yamandú Orsi en Uruguay.

El frenteamplista "aglutinó todo el espectro progresista y basó su campaña en las ideas de moderación y el diálogo. Eso permitió que votantes desencantados con Luis Lacalle Pou volvieran al Frente Amplio porque desde allí se presentó una propuesta clara de oposición", señaló Riorda, quien trabajó en esa campaña. "Nitidez opositora no necesariamente implica radicalización", cerró.

Entonces, ¿hay que confrontar desde la izquierda o copar el centro?

El peronismo, en busca de la energía perdida

Otro animador constante de este debate internacional caliente, Giuliano da Empoli, declaró en El País que la alianza de las ultraderechas y los magnates de las grandes plataformas tecnológicas supone un severo desafío para las democracias.

"En el caso de Trump, la gran clave de su éxito es 'la acción'. Frente al inmovilismo, su milagro y el de otros depredadores políticos es hacer ver que rompen con el viejo mundo. Moverse rápido, enérgicamente. Cambiando de dirección constantemente y contradiciéndose, sí, pero siempre de manera espectacular", explica.

Para el autor de El mago del Kremlin, Los ingenieros del caos y La hora de los depredadores, "si no tenés un plan ambicioso y convincente, estás en una posición de debilidad. Su gran lección, y también la del resto de los depredadores, es que muchas de las cosas que creíamos imposibles son posibles. Así que la parte positiva (a extraer) es que nuestra ambición tiene que ser mucho mayor".

Oposición nítida y frontal, esos son deberes claros para un peronismo que, entre tantas cosas, parece haber perdido vitalidad.

La energía es la clave y pareciera que lo es por encima de una radicalización a lo Carville.

De hecho, al mirar la región se advierte, más allá del mencionado caso uruguayo, que Luiz Inácio Lula da Silva pudo con Jair Bolsonaro en 2022 –con lo justo– gracias a una clara apuesta a un progresismo de centro, que incluyó hasta al conservadurismo democrático.

Asimismo, en Chile, la comunista Jeannette Jara obtuvo en la reciente primera vuelta un resultado que la posiciona en notoria desventaja frente al pinochetista José Antonio Kast para el ballottage del 14 de diciembre. La oficialista recibe hoy reproches por haber buscado demasiado el centro y diluido así la identidad propia, ¿pero cómo se hace campaña desde una izquierda dura en un país donde el 60% del electorado se encolumnó detrás de opciones de derecha o extrema derecha?

La Argentina de 2027 será el laboratorio de un mundo nuevo.

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Juan Manuel Olmos desembarca en el Centro de Formación Judicial de la Ciudad de Buenos Aires.

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